domingo, 3 de febrero de 2013

Aquel extraño 2 de febrero

                Fue un día
de esos que amanecen épicos
de esos de dar la talla, de no hundirse,
de dar el todo por el todo, un día
de entrega máxima.
Sin errores, sin venirse abajo.

De jugarse el futuro en cinco horas,
de resumir
siete meses
en doscientas treinta y cinco preguntas tipo test.

Y salí.
           Llamé
a casa para deciros
           que todo estaba bien, estaba todo hecho
y entonces
me enteré de que estabas ingresado, papá
y todo tembló, todo
tembló, tembló todo, papá
todo
tembló.