sábado, 27 de octubre de 2012

El timo dentro del timo

La estafa. No el órgano. Somos una generación (me voy a presentar como portavoz, así por la cara, de mi generación, como pasa todo en este país) timada. Pero no sólo timada. Timada dos veces. Me explico.
El primero de los timazos es de sobra conocido. Cuántos cafés, cuántas tertulias, cuántas cervecitas ha supuesto y animado. Claro, quién no ha hablado nunca del timazo de "estudia y tendrás un futuro".
Dejando a un lado que el futuro per sé -qué me gusta un latinajo, qué bonito queda, oiga, por no hablar de la cursiva- no se puede poseer, no tanto porque sea intangible como por que por definición no ha ocurrido y no va a ocurrir, puesto que dejaría de ser futuro y sería presente, permitidme que me ría:
ja
ja
ja.

Todo está en los libros, menos el dinero.
Claro, cómo iban a saber nuestros padres, emigrantes furtivos de la clase baja y recién instaurados en una incómoda clase media -otro tema apasionante, el timo de la generación precedente- que el estudio no iba sino a suponer más que un remedio una enfermedad en sí, fuente de frustraciones y demás mierdas.
Porque claro, el que triunfó (entendiéndose como triunfo el que la mayoría de la gente entiende, esto es, suceso, posesiones, dinerillo, tren de vida) fue precisamente el que no estudió y se lanzó al trabajo, al oficio, a la construcción, a la fontanería... a lo que fuera menos a los libros.
Tuvimos que lidiar con las bromas de cargar con libros e ir a patita mientras los curritos (ojo, con su dinero bien currado, líbrenme Dios, Marx y el Capital) nos lanzaban miradas de superioridad desde el A3. Tuvimos que bajar la cabeza cuando nuestras madres nos contaban que el hijo de fulanito tenía una casa y seis años menos, un perro, un coche y nosotros apenas teníamos internet (yo ni siquiera eso, mi caso es otro caso, una epopeya casi). Tuvimos que empezar a soñar con un trabajo, el que fuera, mal remunerado casi siempre, y dando gracias. Tuvimos que aprender algo más, a posponer, cosa que los otros (guiño a Lost gratuito) nunca hicieron, porque -hicieron bien- vivieron lo que a nosotros nos fue negado, que es lo único que de momento podemos vivir: el presente.
Nelson, todo un visionario
 Pero el destino, cruel, inabarcable, irónico, insondable y demás tal y tal nos tenía preparada otra sorpresa: el timo dentro del timo.
 
Y es que no contentos con, por ejemplo, perder una década de mal curro en mal curro, emigrar, ser timados -de nuevo- con los másteres -no del universo, los otros, los caros e inservibles-, el mileurismo, la precariedad, etcétera... tenemos que pagar el pato.
 
Hemos vivido por encima de nuestras posiblidades, dicen. No sé los demás, pero yo no. Mi generación lo dudo, al menos los que estudiamos. Nosotros no nos hemos hipotecado, porque no teníamos ni para vivir, cómo íbamos a soñar con una casa. Nosotros no nos compramos un A3, ni un Golf, ni un León. Nosotros no hemos pedido hipotecas imposibles, no hemos amueblado nada, no nos hemos ido de restaurantes caros. Nosotros sólo hemos apostado a caballo perdedor.
No sólo eso, hemos tenido que sufrir innumerables programas de pseudotertulias en los que se nos tildaba de acomodados, de no querer abandonar la comodidad del hogar. No dudo que hubiera casos, pero no es a ellos a los que me refiero. Me refiero a los que queríamos irnos porque sabíamos que nuestros padres ya nos habían dado más que suficiente, porque queríamos ganarnos la vida, porque tocaba y porque necesitábamos comenzar a vivir.
 
Sin embargo, ahora que la crisis -que para nosotros siempre existió, o casi siempre- abarca a todo tipo de gente, TODOS tenemos que pagar el pato. Porque la gente se ha hipotecado por encima de sus posibilidades, los bancos y los políticos han robado por encima de sus posibilidades, los canis han vivido por encima de sus posibilidades.
 
Nadie se acuerda de los que siempre hemos vivido por debajo de nuestras aptitudes, por debajo de nuestra formación, por debajo de nuestras posibilidades.
Sólo a la hora de recortar sueldos, congelar extras, contratar -más si cabe- precariamente.
 
Obviamente, no descubro América. Sólo espero que si hay que esforzarse por los demás entiendan que si algunos pasamos del tema o gruñimos un poco es con toda la razón del mundo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Vamos a jugar

Vamos a jugar a que soy / somos como vosotros
a que no me duele nada,
a que esta soledad
que da bocados y me / nos muerde el alma
no me afecta,
a que no tengo palabras,
a que soy mediocre, no listo ni tonto
sino mediocre
de esos que no se plantean nada de su vida
ni de sentimientos.

Vamos a jugar a que no ansiamos
a que no esperamos llamadas ni atardeceres,
a que no coleccionamos sonrisas
ni claro
decepciones.

Juguemos a la puta mierda de vida que lleváis
juguemos a morir y poner cara de sorpresa,
a perder
momentos increíbles sin darnos cuenta apenas
juguemos a que tenemos enquistados los tequieros.
juguemos a cómo ha podido pasarme esto
juguemos a que nada es previsible,
a quiero beber y no pensar en nada.

Vamos a jugar a perder la vida y el tiempo
a no priorizar, a
dilapidar sentimientos y emociones.

Vamos a jugar a que estamos vivos todos,
con esa cara de zombie que se te ha puesto últimamente, darling
en estos últimos (ponga aquí su edad) años.

Vamos a jugar a que somos todos iguales,
a que nada pesa, a que nada pasa,
a que exageramos, a que
tengo cicatrices como aquellos que cuentan batallitas,
ignoremos que las cicatrices de verdad callan la boca,
te amordazan y nadie lo sabe nunca,
las masticamos lentamente y
de repente, son cosa de nosotros
o peor aún de esos
que nos miran desde el espejo.

Es verdad, no somos iguales.
Vas a tener que jugar con otro, si acaso
el último asno que conozcas,
la última putita de turno
o por ejemplo
tu puta madre en adobo con tus muertos.