viernes, 25 de junio de 2010

Insomnio

Cuenta las horas
las mira y disecciona y examina
en el reloj despertador desvencijado.
Suspira.
Cada vez que necesita dormir
le falta el sueño.
Cada vez que no debe dormir
viene y le vence.

Piensa cosas como ésta
mientras cae otro minuto.

El sueño es como aquella puta que tanto
nos gustaba y perseguíamos
mientras nos ignoraba y vuelve
avejentada y mustia, solícita, sola, desesperada
al cabo de los años.

martes, 15 de junio de 2010

El Mundial, por supuesto

Que a estas alturas se disputa un Mundial de fútbol todo el mundo lo sabe. Que despierta pasiones está fuera de toda duda. Pero en estos tiempos de gafapastismo está poniéndose de moda demonizar al deporte rey. Fáciles son las citas pseudointelectuales: que si pan y circo, que si el nuevo opio del pueblo. Desde el respeto hoy intentaré dejar claro que intelecto y fútbol pueden ir bastante unidos.

Hace mucho, mucho, que juego al fútbol. No hablo, por tanto de esos sujetos gorditos que hablan y hablan como si fueran entrenadores y no tocan un balón en su puta vida (oye, que también tienen derecho, pero no me refiero a ellos; por cierto, me recuerdan a muchos periolistos deportivos que hablan mucho y saben más bien poco). He disfrutado como nadie jugando al fútbol, y lo digo sin ningún tipo de complejo. He sido realmente feliz, he experimentado esa sensación que pocas veces se ha dignado a visitarme.
Como asmático la cosa ha cambiado un poco, pero lejos de amargarme (admito que al principio me dejé hacer) cada vez que juego disfruto cada minuto, cada pase, cada regate y cada chut como si fueran los últimos, y entiendo de verdad por qué muchos jugadores lloran cuando dejan de ser profesionales.

Quiero dejar claro que este deporte es mágico: que sí, que se mueven cifras amorales, criticables por supuesto, que muchos jugadores lo único que hacen es correr un poco y patear un balón, pero a veces el fútbol trasciende lo deportivo y se vuelve arte. Lo sabe quien ha visto jugar a Klinsman, Van Basten, Butragueño, Futre, Laudrup, Romario, Zidane, Iniesta, Xavi... a veces este deporte se vuelve magia.
No, no es el caso del atletismo, donde el más potente o el más resistente gana. Ni es el tenis, donde para bien o para mal estás solo. Es un deporte en el que puede ganar el más malo, cuestión de suerte o de estrategia. Porque aunque a veces no lo parece si eres listo aquí tienes mucha ventaja. Da igual si eres bajito o lento, da igual si no eres un atleta y eres flaco, el fútbol pone a todo el mundo en su sitio.

Y cada cuatro años es la fiesta del fútbol, donde países desconocidos entre sí disputan partidos insufribles o mágicos, maravillosos o desastrosos. En el Mundial pasa de todo, desde el codazo de Tasotti (porco porco porco) al maravilloso Mundial de Roger Milla con sus cuarenta y tantos tacos, o aquel otro donde un desconocido Totó Schillaci pasó a la gloria. Mundiales de Caniggia y Maradona, de Klinsman y Matheus, de robos clamorosos como el de España-Korea... cada cuatro años.

miércoles, 2 de junio de 2010

Soy libre

No le debo nada a nadie, salvo a sí mismo. Y hace tiempo que comencé a aprender a perdonarme. No tengo nada que demostrar a nadie, ni siquiera a mi. Cuando pienso en que estoy en esta aventura porque así lo quise, doy gracias a Dios y al destino por haber reaccionado, por haber dado el paso, por seguir aquí.
Hace tiempo que aprendí a perdonarme, a reconocer el momento en el que exigirme, en el que darlo todo, en el que rendirme y en el que arrepentirme, sin sentirme ni culpable ni frustrado. Hace tiempo, no sé cuánto, que soy libre. Y sabe realmente bien.

Hace tiempo que me liberé de cientos de cadenas que me habían tenido esclavizado, desde el qué diran hasta el cómo voy a hacer eso. Desde el es ridículo hasta el hay gente mirando. Desde el ya no tengo edad para eso hasta el iros todos a tomar por culo. Hace tiempo que me voy conociendo como soy, sin condicionantes sociales, tan sólo con los familiares y porque he decidido que así sea. Hace tiempo que vengo notando que quizá llegue a ser el adulto que me propuse ser. Con sueños y ambiciones, con un par de ideas claras sobre la justicia, la igualdad, los derechos y los deberes, la riqueza y la pobreza, la nobleza y la honradez.


Soy tan sólo yo, nada más y nada menos. No temo la imagen que el espejo me devuelve. Y eso tal y como están las cosas, es una bendición. Y por ello doy gracias.


Hace tiempo, no sé cuánto, que soy libre. Y sabe realmente bien.