domingo, 29 de junio de 2008

Aquellos Maravillosos Años

Bueno. Yo no sé, no creo que Vitote sea pequeñito, si es que juega al rugby. Pero yo sí que lo soy (uno setenta y algo, cinco como mucho, 60 kg de peso cuando estoy gordito). Y vale que sí, que el fútbol no es rugby, que no hay tanto requerimiento físico, sino que es más importante tocar. Medio cierto.
Desde chico mis amigos y yo -bien lo sabéis- hemos jugado al fútbol. En invierno, en la calle. Las porterías, dos piedras. Los focos, los de los portales -cuando no estaban fundidos- y por supuesto la luna.
En verano, en la playa. Sabéis que no podemos ir sin balón, que nos agobiamos ante tanto tiempo sin jugar al fútbol, sin tocar la pelota. Baño-fútbol-baño-fútbol, y así hasta que cerramos la playa.
Recuerdo las comparaciones con los profesionales, como mi amigo Francis, ese portento que podía haber jugado sin problemas en algún filial de un grande, un Redondo... todavía me alegro cuando sé que va en mi equipo... verlo jugar era una mezcla de envidia sana y satisfacción, de "véis a ése? es mi amigo Francis". Jugábamos con la albiceleste, éramos niños que no sabían lo que era que su selección ganase algo. Acumulábamos decepciones... y cada competición nos encontraba roncos de animar a España una y otra vez, de sufrir y hasta llorar por la impotencia cuando jugábamos como nunca y perdíamos como siempre.
O como su hermano Antonio, que no tiene un juego tan espectacular como su él, pero que siempre está ahí, todo pundonor y calidad, buscando su sitio. Y ya, como ha crecido, no lo busca: juega bien donde se ponga. Como delantero, tiene un magnífico juego de espaldas, se revuelve como nadie. Como defensa, antes decía que era todo un italiano. Hoy puedo decir que es un auténtico Marchena, un pedazo de Puyol, un Sergio Ramos inmejorable.
Éramos un trío que físicamente no decía nada, pero que verano tras verano reventaba -y revienta-a todos los chulitos que venían a pedirnos un partidito de tres contra tres, porterías chicas. "Echamos un partido?", "Partita, partita", "Football?", "play, play...".
Yo, siempre un paso atrás, siempre más lento, buscaba mi sitio hasta que vino Laudrup a iluminarme el camino, y Kiko, y comencé a jugar en el centro del campo, por eso sé lo duro que es, lo mal que se pasa entre líneas, con delanteros y centrocampistas que te cubren, que te agobian, que no te dejan distribuir la pelota como tú querrías, y aprendí a jugar con los espacios, a abrir hueco para los demás, aprendí a compartir, a dar pases de gol, a marcar sin marcar. A marcar con las botas de Antonio y Francis, y de Lolo, del Pepe o quien fuera.
Aprendí a quererme como futbolista antes que como persona, aprendí que aunque me creyera malo venían a taparme, me hacían faltas, me cubrían, se me echaban encima. "A ése, tú presiona a ése, que no toque la pelota...". Por algo sería.
Aprendimos a tener en cuenta el factor psicológico, algunos como Antonio viven de eso hoy día... aprendimos a hacernos los torpes en la playa para atraer incautos. Aprendimos a bajarles los humos a los que jugaban en el equipo del pueblo, a los que se creían mejores, a los que no hacían otra cosa que jugar al fútbol. Cómo disfrutábamos.
Más tarde empecé a jugar con el Lolo, mi Manolo, nuestro Ronaldo particular, con sus lesiones frecuentes y su cuentitis, con sus tobillos de mantequilla y sus contracturas y mini-roturas fibrilares. Pero rápido como ninguno en la delantera, pura potencia de uno noventa. Con un disparo amenazador como nadie pueda creer. Hay que verlo en acción. Tampoco es nada malo en la defensa. Pasan los años, y los que no nos cuidamos retrasamos posiciones. Son míticos sus disparos a los largueros que mueven las porterías, y las galopadas que nos hacen vibrar, y llorar por no tener una cámara a mano.
Y con el Pepe, nuestro Ze Carlos, nuestro hispano-portugués, más español que muchos de nosotros, que también encontró su sitio antes en el campo que en la vida. El mejor defensa. El mejor. Y el que más garra le pone al juego. El defensa más contundente y limpio que he visto en mi vida, todo colorado por el esfuerzo, cada día más sofocado y más competitivo, cada día más fumador y mejor jugador, calculando al milímetro sus intervenciones. Nunca ví a nadie meter mejor la pierna ni echarse al suelo para cortar balones sin tocar al rival. Claro que a veces lo toca, pero como se dice, este es un deporte de contacto.
O Charlie, al que poníamos a jugar de chiquitín con nosotros aunque los demás se quejaran de que era muy chico y perdía balones. Pero era nuestra apuesta de futuro, nuestra cantera. Hoy es un tipo de uno noventa y pico, y juega al fútbol tan bien como al basket. Le veo y nos veo de pequeños, y siento que le enseñamos algo, aunque sea un poquito, a amar este deporte, a jugar limpio, lo bien que sabe una victoria en la que se vapulea al contrario sin tocarlo. Y como es joven, todavía mejorará un poco más, cuando los años le den más tranquilidad para jugar al toque de la que ya tiene. A veces, cumplir años es bueno en este deporte.
Hoy, en la final, están estos chavales bajitos: Xavi, Cesc, Iniesta... ese centro del campo que es el mejor de Europa por no decir que del mundo. Contra los larguiruchos tanques alemanes. Pero es una cuestión de mentalización, es más duro si son más grandes y fuertes, pero se les puede ganar, si se confía en el juego propio y se está en racha.
Nunca, o casi nunca perdemos en la playa. Esto es un hecho. Dice el Lolo que es donde mejor juego, y no sé si es cierto o no, pero sí es donde más disfruto. En la playa me crezco, soy casi invencible, y miro a mi lado y en el centro del campo está Francis, todo un seguro, y sé que si pierdo un balón él va a luchar por cortarlo, y no parará hasta que lo haya hecho, y cuando lo recupere, o subirá al ataque y yo le haré la cobertura, o me la pasará a mí y esta vez no lo perderé, esta vez le daré el pase perfecto a Antonio o al Lolo, que están desmarcados.
Cuando recibo pienso instantáneamente en las opciones: el Lolo no está solo, quizá una pared con Antonio, Charlie tiene un buen disparo, me cubre el Pepe, no esperan que se la pase a Francis...
Y sé que ellos lo van a dar todo, aunque sea una pachanga. Y los veo sudando por ellos mismos, por mí, por el equipo, por el fútbol. Y no les voy a fallar. Tal vez vi demasiados capítulos de Oliver y Benji, pero lo daré todo hasta que no pueda más. No importan los calambres, las patadas, las tarascadas, los empujones... No pararé hasta marcar, y cuando lo haga, volveré a pensar en el mejor pase, en cubrir a ese delantero, en decirle a Francis que yo creo que ése es el mejor, que le coma la moral y le quite todos los balones, y a Antonio que suba, que abajo están Francis y el Pepe, y a Charlie que busque al Lolo y se desmarque, y al Lolo que tire a puerta en cuanto pueda...
Esto, lo sé, y mucho más, es lo que sienten los once que hoy se van a partir la cara en la final, por ellos, por nosotros, por el buen fútbol. Los que hoy al final del partido mostrarán la misma cara de cansancio que mostramos nosotros cuando después de ganar vamos al agua para refrescarnos y darnos un bañito, que nos lo hemos ganado y toca descansar.
Para estar bien para el próximo partido.

viernes, 27 de junio de 2008

Vuelve el Arquero

Cómo pasa el tiempo... Francisco Narváez Machón, "Kiko", jugador estrella del Cádiz de los heroicos y sufridos ascensos a primera, gran jugador del grande Atlético de Madrid, mago del fútbol y del juego de espaldas, crack dentro y fuera del campo, guasón como sólo puede ser un jerezano que mama en Cádiz, campeón olímpico en Barcelona 92, héroe del doblete con Milinko Pantic (otro gran crack semiolvidado, si hubiese jugado en el RM o en el Barça...).

Me cautivó en el Cádiz de mis amores y desamores y me llevó al Atleti, ése sí que es más que un club. De afición de primera a afición de primera. Y apareció el arquero.

Se llevó patadas a diestro y siniestro, tanto que a base de jugar infiltrado por poco se queda sin andar. Estuvo en el centro de parapléjicos de Toledo, y ahora es comentarista deportivo. Y tiene un sucesor: Güiza, nuestro Güiza, que ayer marcó un golazo de categoría y devolvió la celebración del arquero a donde se merece: a la historia.
Se cuenta una anécdota sobre Güiza y Kiko: un día el entrenador del equipo del barrio de Güiza, Luna, se puso malito, y le pidió a Kiko que fuera a entrenar a los chavales. Cuando llegó Narváez los puso a correr, y cuando se dio cuenta, vio a uno que se escondía entre los árboles para correr la mitad que los demás. Adivinad: Dani Güiza. Y cuando se vio descubierto, le dijo al cadista: "Monstruo, hay que tocar más el baloncito". Lo que es la vida.

El fútbol, además de un bello deporte, tiene estas cosas. A veces, como bien sabe Valdano, aparece la metáfora en el campo, ya sea como un pase de Xavi, de Fábregas, como una subida espectacular de Marchena o Puyol jugando la pelota, o como una carrera del incombustible-ex-cabra-loca Sergio Ramos... a veces la metáfora se hace guiño cómplice y semidios que resucita por unos 90 minutos a Kiko Narváez o a Fernando Redondo en las botas de Dani Güiza o de Marcos Senna.

Dios, qué me gusta este deporte cuando "sólo" es deporte.

martes, 24 de junio de 2008

El mismo amor, la misma lluvia


Siempre me ha gustado la forma de actuar de Ricardo Darín. Es cierto que repite muchos gestos y muecas, pero es un tipo que me tiene ganado. Lo descubrí en Nueve Reinas (Dios, qué buena peli), y ayer estuve haciendo una de mis "pequeñísimas" pausas en el estudio y me tragúe ésta.
La historia es bastante convencional, a saber, chico conoce chica en la Argentina de los ochenta, chico es escritor que trabaja amargado escribiendo cuentos para una revista de pacotilla, chica tiene novio artista, pero conecta con el chico... y bueno, hasta ahí puedo leer...

Es una historia sobre el amor, sobre la vida, sobre las relaciones personales y profesionales, y lo que más me gusta, es una historia que nos muestra, que nos enseña con suavidad y contundencia (sí, es posible) la evolución de las personas (la historia acaba en los noventa), a la par que los sucesos (de refilón, eso sí, pero ahí quedan, tan psicoanalíticos ellos) de la tan convulsa siempre Argentina.

Algunos personajes maduran, otros no, algunos crecen, otros empeoran, en fin, la vida misma. Todo ello adornado de un sarcasmo argentino precioso, que nos hace sonreír justo antes o después de provocarnos una mueca.

Con un trasfondo bastante trágico pero sin caer en el melodrama ni pretender ser una gran película, yo la calificaría como una bastante buena peli con enjundia, con resaca, como debe ser.

Ricardo Darín lo borda... ¿la ha visto alguien?

A mí me ha gustado... se nota mucho?



Si tengo que elegir una escena, me quedo con ésta, en la que Jorge Pellegrini por fin saca lo que lleva dentro (suele ser bastante hermético, de esos de "algún problema?" "No, todo bien").
A veces me siento un poco Jorge Pellegrini. Quizá por eso me ha enganchado, por eso he conectado, porque me veo un poco en ese personaje, aunque menos canalla, pero igual de desorientado y confuso. Menos mal que sólo es a veces.
Y me gusta el mensaje de la peli. En realidad son unos pocos, pero sobre todo el mensaje que me transmite a mí.
A veces necesito ver cosas de este tipo, historias normales de gente normal a la que le pasan cosas corrientes y molientes de la vida. ¿Acaso hay algo más espectacular que enamorarse, que el desamor, la inquina, el odio, la frustración, el deseo, el error?
Y me gusta mucho el título. Porque soy de los que piensan que en muchas ocasiones lo único que nos queda es el mismo amor y la misma lluvia.

miércoles, 18 de junio de 2008

Moonlight

Siempre me ha fascinado, y hoy se exhibía más coqueta que nunca... siempre he preferido la noche al día, la luna al sol... dicen que los mares se mueven por ella, y lo comprendo perfectamente, a mí me pasa lo mismo. Muchas noches miro hacia arriba, y ahí está tan preciosa como siempre. Cuando le da por esconderse, la echo de menos. Parece que quiera que me enamore de ella. Lo que no sabe es que me enamoré hace mucho tiempo.

Siempre me gustó mirarla, en invierno rodeada de nubes que tonteaban con ella, en verano acompañada de la música de los grillos... siempre me ha dado lo que más me gusta: tranquilidad. Y desde pequeño la miro y la admiro, y desde pequeño soy un lunático perdido. Mis mejores recuerdos son de noches eternas bañadas en noches de luna, y mis poemas no serían lo mismo sin ella... luna de locos, de borracheras (siempre fue mi guía, hasta en los mejores ciegos), de enamorados y de enamorados que pelean, luna de noches reveladoras, luna de compañia y de amigos inolvidables. La luna, mi luna, nuestra luna, siempre acompañandonos, toda la vida. Mi luna.





Se llaman David Addison (el del síndrome de?) y Maddie Hayes, y me cautivaron desde chiquitito. Ella muy pija, y él, un sinvergüenza encantador: condenados a enamorarse. Ella es una supermodelo venida a menos que pierde todo cuanto tenía: lo único que le queda es una agencia de detectives y un detective canalla, por supuesto encantador. Una serie preciosa, con una sintonía inolvidable. Para enmarcar. No estaría mal que volvieran, después de tantos años. Audiencia no le iba a faltar.




Podemos vs Debemos/Merecemos


Por aquellos tiempos, yo debía rondar los 16... era todo ilusión, y como siempre, me ponía muy nervioso con los partidos de España. Lo pasé realmente mal. Sobre todo por lo injusto de la derrota. Codazo en el área, Luis Enrique con la nariz rota y todos los españolitos con la cara partida. Daba pena España. En serio, me invadió la tristeza. Si creyera en el psicoanálisis, diría que ese partido dejó una huella vital en nuestra conciencia colectiva. Fue una especie de "esto es lo máximo a lo que podemos aspirar".
Ahora, unos 14 años después, nos enfrentaremos a Italia en cuartos de final. Y pese a mi pesimismo cuasipatológico, quiero mojarme y diré que sí, que ganaremos. Pero no porque podamos. Debemos ganar, como debimos ganar a Italia (si hubieran pitado penalty, y roja a Tassoti, es más que probable que la jugada de Baggio no se hubiera producido), y sobre todo como merecimos ganar a Italia, o a Korea (otro robo). Pero eso lo dejaré para el siguiente mundial.
Ganaremos. La vida nos lo debe.

viernes, 13 de junio de 2008

La vida te lleva por caminos raros

Fabulosa letra de Quique González... y la música a la altura...

La vida te lleva por caminos raros
por la esquina mas perdida de los mapas
por canciones que tú nunca has cantado
la vida te lleva por caminos raros.
La vida se acerca con los labios pintados
te elige siempre y se larga con otros
y así vamos siempre dando vueltas
la vida te elije con los labios pintados

Siempre hay algún bar que se llama Las Vegas
en alguna parte, en alguna parte
y siempre hay algún trozo averiado del día
que no puedes borrar pero te gustaría.

Siempre voy al bar del aeropuerto
cuando quiero ponerme triste
y siempre pido y nunca tienen
aquellas galletitas de la suerte.
Mirando las gotas estrellarse
como golondrinas en la noche
como pequeños sueños con el ala rota
como pequeños sueños con el ala rota.
Dime qué hay detrás de esas sonrisas tan tristes
un motor que no funciona o sólo corazones rotos
es mejor un cielo acostumbrado a defraudar
que fábricas de anhelos esparcidas en la noche.

Es mejor unos labios tristes que cien aviones despegando
y es mucho mejor mi vida si tú estás dentro.

Por qué no llamo a Elphaba

Nunca fui responsable en los estudios. Ni organizado. Sigo sin serlo. Creo que ya no tiene solución. Sin embargo, ahora, con esta carrera es diferente. No saco buenas notas, y eso jode. Tengo asignaturas de primero (como en la primera carrera), y eso, novedad, jode. La gente de clase suele aprobar y sacar buenas notas, y eso, no no engañemos, jode.
Pero sobre todo jode porque desde que he dejado de trabajar, me lo he currado. Por supuesto que he perdido el tiempo. Por supuesto que sigo sin saber estudiar, y por supuesto que si acabo esta carrera seguiré sin saberlo. Pero es diferente.
He perdido el tiempo en la biblioteca, distraéndome de vez en cuando, pero estando allí, con el chip de aprobar y estudiar puesto. Chip nuevo, claro.
He perdido el tiempo en casa, entre pausa y pausa entre folio y folio. Pero sin pararme a ver la tele y buceando un poquito en la red. Pero eso, hoy día, lo hacen hasta los empollones.
Me jode porque sé que he nacido para esto, me jode porque a pesar de mis malas notas, de mis escasos notables (a día de hoy, espero, me quedan cuatro años todavía), sé que sabré más cosas que la mayoría de la gente de mi promoción. Me jode porque sé que aunque las notas no cuentan mucho para el MIR, cuentan algo. Y como esta carrera me importa, me jode.
Me jode porque me quedan cinco años mínimo hasta mi primera receta, porque hace dos años que apenas tengo vida (trabajo, facultad y estudios: bueno, alguna serie ha caído, pero hay que vivir, no?;), pero sobre todo me jode porque no me vale la excusa típica de que he estado trabajando, porque hay otros compis que están igual y aprueban, y porque aunque no los hubiera tampoco me serviría, porque esta carrera me importa, y sé cómo soy, y cuando algo me importa no me vale ninguna excusa.
Lo que quiero decir es que no sé otras veces, pero esta vez es cierto como la vida misma: desde abril hasta hoy no he hecho otra cosa sino preparar los exámenes y, oh sorpresa, creo que voy a escapar peor que en los primeros parciales, en los que sólo suspendí uno.
Mi vida ha sido facultad-biblioteca-mi piso-Tarifa y vuelta a empezar. Por eso no sabes nada de mí desde hace meses. Por eso me jode lo que me está costando esta carrera: porque los resultados no llegarán hasta dentro de cinco años. Y sabes que la paciencia nunca, nunca, nunca fue una de mis virtudes.
PD: después de esto, si tengo la suerte de trabajar en verano, nos veremos poco o nada. Después soy todo tuyo... hasta diciembre.
PD2: creo que mañana no me voy a presentar a Bases Psicológicas.
PD3: sobreviviré.

jueves, 12 de junio de 2008

Reflexiones pre-suspenso

¿Alguna vez has pensado en cómo sería tenerte a ti mismo como amigo? ¿Cómo sería? ¿Serías buen amigo? ¿Estarías ahí en los malos momentos? ¿Qué te dirías en ellos? ¿Sabrías qué decirte? ¿Encontrar la palabra exacta?
A veces me gustaría salir de mi cuerpo y animarme un poco. A veces, cuando ni siquiera los amigos están cerca, es insuficiente saber que están ahí. Y sólo te tienes a ti mismo. Es por eso que tienes que tenerte aprecio. A veces eres tu única compañía. Y se pasa mal si estas mal estando a solas contigo.
Solo en las tinieblas de tus peores pensamientos es cuando mejor te conoces. ¿Te gusta lo que ves? ¿Estás satisfecho de ser aquello en lo que te has convertido? ¿Es muy diferente de lo que querías ser?
He vivido tormentas apocalípticas, he sufrido los embates de los más fuertes vientos y apenas he conocido la calma. Quizá algunos momentos breves entre algunos brazos. Todo, o casi todo lo demás ha sido tempestad. Ahí adentro.
Puede que sin causa, o con ella... ¿realmente importa? ¿Quién o qué fue mi salvavidas? O acaso escribo esto desde el fondo del mar de mi alma, desde la oscuridad tenebrosa de mi pecho. Acaso hace tiempo que naufragué y ni me he dado cuenta.
Sé lo que es vivir sin metas, conozco el sinvivir de vivir cada día como quien silba una canción aburrida, como quien espera que pase el tiempo mientras espera a alguien. He vivido con el alma en los bolsillos sin esperar nada en concreto.
He recorrido mil caminos diferentes, he arrojado al fuego de Mordor mi anillo maldito, he vivido ahí adentro mil historias en un segundo, he vomitado sentimientos y pasiones para nada... he vivido cientos de vidas adentro y ninguna fuera... y he gritado, he gritado como sólo lo saben hacer los locos y los niños, he gritado con todas mis fuerzas y lágrimas, con toda la voz que me daba el alma, hasta que enmudeció de repente una noche cualquiera, exhausta.
He sido el Robinson de mi isla solitaria sin ningún Viernes, he recorrido el Más Allá desde el Purgatorio hasta el Infierno. Y te he llamado, te he llamado a gritos, te he suplicado que vinieras a verme, que me acariciases tan sólo un segundo. Sólo obtuve silencio.
Y de nuevo, como antes tantas veces, tan sólo me tuve a mí entre mis manos.

lunes, 9 de junio de 2008

Más gasoil, es la guerra

Sí. Parece que sí, que hay crisis. Por lo menos eso piensa, además de casi todo el mundo, el gremio de los transportistas. Y el de los pescadores. Resumiendo mucho el tema, les cuesta más trabajar que quedarse en casa. Y protestan.

Sin embargo, eso me hace preguntarme hasta qué punto somos conscientes de nuestro nivel de vida. Y hasta qué punto seríamos capaces de llegar por mantenerlo. El planeta se va a pique, y nos da igual. África sufre bajo nuestra bota, y nos da igual. Menos nuestro bolsillo. Es lo único que parece nos importa.

Vivimos en un planeta tan bello... tan rico... que podríamos estar todos bien, todos a gusto... pero seguimos manteniendo en lo alto a la clase política que nos ha llevado a esto: a vivir bien... a costa de otros.

Quizá por pertenecer a la generación del desencanto, quizá porque alguien en algún momento de nuestras vidas nos robó la ilusión y los sueños, me invade a menudo la sensación de que no puedo hacer nada por evitarlo: ese es uno de mis errores.

Porque tengo mi voz, porque creo que si los buenos ciudadanos se movilizan podemos cambiar las cosas, porque aún tengo esperanza escribo esto. Porque para cambiar se necesita una primera chispa que encienda el motor del cambio.

Mi palabra es mi gasoil.

Y hoy, con el atronador sonido de los cláxones de los transportistas en huelga de fondo, quiero alzar mi voz sobre el atronador silencio: cambiemos esto, porque podemos, pero sobre todo porque debemos.

Que mi chispa se una a millones de almas, que mi sueño sea la voz de mil sueños, que nadie nos robe la esperanza... cambiemos esto.

No sé cómo o cuándo. Lo único que sé es que hay que cambiar el chip. Sembrar esperanza. Salir a la calle de otra manera. Y pensar muchísimo en nuestros votos.

Y hacer cosas por nuestra cuenta.

Vaya, con la buena intención de este post, y me ha salido el típico powerpoint vacío que llega vía forward.

lunes, 2 de junio de 2008

Fragilidad versus coraza (Azul nº 4)

Otro más... este es más cortito...

Fragilidad versus coraza (Azul nº4)

Quizá
ese defecto de fábrica
nos hace sufrir más que la media
nos hace no soportar
la carga que otros soportan
nos hace que el dolor
por cualquier tontería
como tantos lo llaman
nos supere y nos torture. Nos supure.

Quizá
muy pocos o ninguno
sepan de qué hablo:
el peso de la carga
de cada verso y sentimiento
y cicatrices
que revisten el alma y el corazón
batalla tras batalla
hasta que esos mismos
que nunca nos entienden
se sorprenden y molestan inclusive
al ver nuestras corazas.