Vamos a ver. Repasemos. Son las cuatro y cuarto de la mañana, día 31 de diciembre. Estoy de vacaciones y cada vez, como es normal en mí, me acuesto más tarde. Hay cosas que no cambian.
Me preguntaba qué peli podía ver (a veces, sólo a veces, te cansa la Xbox) y, oh intrépido, me puse una comedia romántica. Podía haber sido peor. En principio iba a ser Love Actually.
Resulta curioso, a veces he hablado con Elphaba sobre esto, o con el Sr Ale. También con algunos amigos de la infancia que no tienen blog. En cualquier caso, hablo con ellos sobre la presión social de tener pareja al llegar a cierta edad etc etc.
Es una verdad a medias, desde luego. Como casi todo. Es presión si te presiona, valga la fácil redundancia. Si no te afecta no se puede calificar de presión. Sí, empezamos la fiesta de obviedades.
Lo que resulta más curioso aún es lo que deja entrever, a saber, la cantidad de gente que te dice más o menos abiertamente lo que tienes que hacer con tu vida.
Supongo que en parte es por la forma de ser de uno, que deja hablar y escucha a los demás. Pero a veces es tal la carga que es que me hace hasta gracia. Uno podría estar viviendo en una teleserie de guiones repetidos hasta la extenuación.
A menudo los "consejos" vienen acompañados de la coletilla-prefijo "lo que tienes que hacer es..." y aquí poned cualquier cosa. Irte al extranjero, folletear por doquier, enamorarte, dejarte domar por una tia, odiar a las suegras, follarte un pollo asado. Vale, lo del pollo no. Pero tiempo al tiempo.
En serio. Imagina que estás tranquilamente en un bar, o en una boda, o en un bautizo, o en la playa. Imagina que estás tranquilo, joder. Siempre aparece alguien que te quiere "aconsejar". Porque tu vida no es perfecta. No. A tu vida le falta algo. Y no siempre es el amor. Puede ser un coche nuevo. Hacer deporte. Dejar de fumar. Ir al gimnasio. Masturbarte con apio. Vale, lo del apio no. Pero tiempo al tiempo.
Y ahora imagina, si eres de los míos, cuántas veces le has dicho a alguien "lo que tienes que hacer es...". ¿Pocas? Ajá.
Quizá un día esto se resuelva si salimos todos con pancartas con algo así como
NO ME TOQUES LOS COJONES. DÉJAME VIVIR COMO ME SALGA DE LA POLLA.
Sí. Algo sutil. Para no herir susceptibilidades. También puede usarse el término COÑO.
O quizá tengamos que salir todos a la calle follándonos un pollo asado o masturbándonos con apio. Quién sabe.
Pero yo venía a hablar de mi libro, como dijo Umbral. Hablábamos de pelis románticas. Vamos. Ya sabéis lo que pienso de esas pelis. Creo que está por ahí escrito... un momento, ¿cuántos sois? Molaría que fuéseis muchos, pero creo que sois unos pocos elegidos. Hey, más caché para vosotros, joder. Pero un momento... ¿qué hay de lo mío? Siempre salís ganando, madafakas.
Y bueno. Al final he visto Crazy, Stupid, Love. Me ha gustado mucho. Qué coño, me ha encantado. Ryan Gossling es un jefe. Hay que admitirlo. La peli es lo que es, pero tiene algunas escenas, giros y diálogos bastante buenos. Me sorprende que no tuviera el bombo de Love Actually, mucho más pastelosa e hiperglucemiante, pero bueno, así es la ilógica del amor.
Me ha gustado por eso, porque a veces tira de tópicos y a veces los machaca. Y porque los personajes cambian, o no. Me ha gustado porque los niños no son carajotes, no en esa peli. Y yo que sé. A veces uno quiere cerrar los ojos y pensar que eso de que te llegue alguien atractivo con buena conversa y quiera follarte mola. O que el amor existe. Porque eso dicen.
Claro que todo es un poco sí pero no. Porque admitámoslo, con eso de ser original y currarse las entradas hay mucho ganado. Claro, si el físico acompaña un poco.
Pero ¿qué hay de esos poetas malditos, envueltos en una nube de misterio y rehacios a enamorarse, o a tener algo?
Ni idea. Es cosa de otro post. O pollos o apios. Vete tú a saber.



