Os voy a contar una pequeña historia aburrida. Pequeña, porque es corta y es la mía, y aburrida porque lo digo yo, que para eso es la mía.
Supongo que algo nos conocemos, lo cual es nada. Si te parece todo esto un pozo de conmiseración y llanto quizá tengas razón. Realmente no sé qué es este blog. Es un desahogo, es un espacio para la creación, es muchas cosas, y ninguna. Últimamente estoy algo gallego.
Alguna vez me han dicho que me quejo bastante, así que debe ser cierto. La sensación de timado de la vida nunca me ha abandonado. Os voy a dar unos cuantos motivos. Que igual os parecen una puta mierda pero, oye, son míos.
A la edad que tengo, la mayoría de gente de mi edad tiene, no necesariamente, niños, casa, trabajo estable. Lo que se dice una vida.
¿Quiero yo eso? No lo sé. ¿Debería quejarme, si no lo sé? Ni lo sé ni me importa. Los debería cada vez me importan menos.
La cuestión es, al menos como yo lo veo, que debería tener derecho a esa opción.
La mayoría de gente de mi edad se ha enamorado, desenamorado, trabajado y conseguido meter a sus padres en una hipoteca de cojones. O en algún punto del proyecto casa-muebles-children.
Han perdido o no sus trabajos, pero siguen con la casa, o con los níños o con los muebles o con algo.
Y yo me perdí en algún punto del camino, atrapando mariposas con las manos, siguiendo sueños, sentado en un sofá de frustraciones.
Lo he superado, he movido ficha, me he puesto a currar y pagarme los estudios, dejarme una pasta. Tengo un coche de segunda mano que se llama Corso y es la caña.
Pero ese vacío. Ese vacío nunca ha dejado de acompañarme.
En principio pensé que era por mi romanticismo, por querer enamorarme a toda costa, no sentirme solo. Pero no nos engañemos, después de nueve años solo es lo que mejor ser hacer. No enamorarme, sino estar solo.
No es tan malo. Pero esa sensación de vacío continuaba,
¿El trabajo estable? Oye, puede ser. ¿La casa? ¿A quién no le gustaría?
Aunque no es eso. Es mi derecho a tener una vida, a que fluya, a no sentir que dejé diez años en alguna parte. Dónde los habré puesto, oye.
A querer algo y que no me cueste seis años y más de un millón de las antiguas pesetas.
Algo de dificultad está bien, le da vidilla, pero creo que no estaría de más algo sobre ruedas, y no, no es un coche nuevo. Ni una bici. Tampoco un monopatín.
Y bueno, en estos nueve años, sólo me ha llegado a gustar una chica, una que no llegué a conocer. Claro que ¿quién cojones conoce a alguien?
Y todo es difícil, y cansa. Y ves a la gente dar saltos sobre grietas que tú no puedes saltar por alguna extraña razón. Y se quejan, y tienen vidas cargadas de monotonía, sin valorar el hecho de llegar a casa y sentarse a ver la tele con esa persona, a discutir con ella, a disfrutar de la monotonía que lo invade todo.
Me he acostumbrado a ser un observador de la vida, un watcher, un observer de Fringe.
Es cierto que dentro de poco -espero- tendré ese trabajo por el que tanto he peleado, esa casa con dos gatos -el gato y yo-, y lo otro vendrá o no vendrá.
Pero joder. Joder. Joder. La vida pasa rápido y siempre me he dado cuenta. No me gusta insistir, pero querría que todo fluyera un poco, la verdad.
Y claro, claro que sé que nadie atiende ese ni ningún otro tipo de petición.
sábado, 29 de septiembre de 2012
sábado, 22 de septiembre de 2012
Pero ¿cómo es el Dr Hamlet?
Hacía tiempo que tenía pensado dejar por escrito lo que considero que debo ser como médico. Y como no lo sé, os cuento otra cosa.
Os voy a contar quiénes son los "responsables" de que me vea metido en este mundillo.
Y ellos son...
Sí, el primero fue Doggie Howser. O dicho de otro modo, Neil Patrick Harris. Ahí empezó a picarme el gusanillo. ¿Qué tendría yo, 12 años o así? Sobre todo me gustó una parte del opening en la que salen sus tenis rodeados de zapatos negros. No me vengáis con que no sabéis qué son tenis. Zapatillas deportivas, vaya.
Pues eso. Me gustó mucho la escena, y ahora la veo con otros ojos, y como metáfora es... impagable.
La cosa se quedó parada el entrar en la edad del pavo, me diluje como persona (algo más que de costumbre) y quedó esa pasión algo latente. La resolución del video viene a ser tan pobre como mi vida sentimental. Cosas que pasan.
Además de las cosas, pasó el tiempo y en estas, me encontré, otra vez la puta tele, con Urgencias. Claro. Claro que sí.
John Carter. Todo alma, guapete, simpático, empático. Cómo no querer ser como él. Sí, definitivamente con Carter el gusanillo se hizo tenia saginata o tenia solium.
Sin embargo, había cosas de Carter que no me acaban de gustar, o mejor dicho, había cosas de otros personajes que me gustaban y que también me inspiraban (qué palabra, qué acción, inspirarse, qué ínfulas).
Lo del Dr. Ross era ese lado canalla que tanto me (nos, supongo, no me hagáis hablar del tema) atrae. Me gustaba porque a pesar de ser un desastre (Carter no dejaba de ser un niño bien) si se la tenía que jugar por un paciente se la jugaba. Y si tenía que saltarse las normas, se las saltaba. Y por Dios, no me vengáis con la Medicina defensiva. Dejadme soñar un poco y veré qué puedo hacer para buscarle los fallos al sistema. Siempre hay alguna fisurilla.En definitiva era un tío que de puertas para afuera (del Hospital, me refiero) era un caos, pero con el pijama y/o bata la cosa era distinta.
Lo he puesto en faena porque me molan las quirúrgicas, qué pasa. Lo cual, a estas alturas de la película que se llama MIR, es una quimera y una locura a partes iguales.
Con el paso del tiempo, sin embargo, me di cuenta de que dentro de mí, además de vivir un pequeño americano, un pequeño poeta y un pequeño médico (además de un enfermero) vivía también un pequeño payaso, así que venía a ser un poco...
más o menos.
Quizá penséis que son todos muy monos e ideales. Bueno, para eso estoy yo aquí. Para bajar el nivel un poquito y dejarlo en gente normal.
Pero con el tiempo, inevitablemente, todo se agría un poco. Y siempre, quien me conoce lo sabe, fui también un poco cabrón, mordaz, sarcástico y cínico. Así que hubo quien vio en mí a un pequeño...
Lo de la tirita en la boca me vendría de puta madre de vez en cuando.
Y no sé. Supongo que no he llegado a ser ninguno de ellos, ni a parecerme, ni a tener algo de cada uno. O puede que sí.
Lo que sí es cierto es que he tratado de aprender en todo momento, y me he fijado bien en los buenos profesionales que he conocido -y en los malos, que de todos se aprende-.
Y ellos son, en gran medida, los que me han hecho ser mejor enfermero, mejor médico, y sobre todo, mejor persona.
Así que muchas, muchas gracias a Quique, a Diego, a JR, a Pancho, a Pedro, entre los médicos.
Y a Pepe, Ramón, Raúl, de primaria. A Marisa, a Javi de Urgencias, a Javi de la UCI, a Diego, a Paco, a Carmen.
Por no hablar de auxiliares, las buenas auxiliares de las que también he aprendido un huevo. A veces, dos.
Y a otros tantos -he rotado tanto como ellos saben que se puede rotar- que conozco muchas caras y pocos nombres.
Desde aquí agradecerles sus explicaciones, su paciencia con este eterno novato, sus enseñanzas. Pero sobre todo, sobre todo, los buenos ratos. De todo tipo, maravillosos todos.
Ellos, más que nada, y yo,en menor medida, me han hecho llegar hasta aquí.
Gracias y un beso.
Abrazo fuerte teletubbie.
sábado, 15 de septiembre de 2012
Es hora de dejarse querer
sabes? Me he cansado
de ser el enemigo más buscado de mí mismo
y lo que necesito
no es que me escuches o me quieras
es quererme yo, y a partir de eso
reconocer
que toda necesidad nace de la carencia
y es eso, el saberlo y afrontarlo
lo que me hace estar sereno.
Ya basta. De buscar cosas que no llegan.
De desear, ansiar, de soñar, fantasear,
de trazar espirales de mentira en el aire del ensueño.
Aterrizo. Tarde como siempre, con
cierto aire de gran diva, siempre tarde.
Y puedo decirte aunque no me creas
que he bajado y bajado y recorrido
miles de abismos sin moverme de mi casa.
Y bueno, nada,
reconozco que todo eran exageraciones,
pero
el dolor es el mismo, honey,
el dolor es el mismo.
Y las cicatrices.
Y ya basta. De querer que reconozcan
que merezco ser querido/amado/loquesea
Me tengo a mí, y por primera vez,
tengo de sobra.
de ser el enemigo más buscado de mí mismo
y lo que necesito
no es que me escuches o me quieras
es quererme yo, y a partir de eso
reconocer
que toda necesidad nace de la carencia
y es eso, el saberlo y afrontarlo
lo que me hace estar sereno.
Ya basta. De buscar cosas que no llegan.
De desear, ansiar, de soñar, fantasear,
de trazar espirales de mentira en el aire del ensueño.
Aterrizo. Tarde como siempre, con
cierto aire de gran diva, siempre tarde.
Y puedo decirte aunque no me creas
que he bajado y bajado y recorrido
miles de abismos sin moverme de mi casa.
Y bueno, nada,
reconozco que todo eran exageraciones,
pero
el dolor es el mismo, honey,
el dolor es el mismo.
Y las cicatrices.
Y ya basta. De querer que reconozcan
que merezco ser querido/amado/loquesea
Me tengo a mí, y por primera vez,
tengo de sobra.
jueves, 13 de septiembre de 2012
Condicionales (im)perfectos
Podría haber sido
tu amante, tu amigo, tu compañero
haberte
llevado el desayuno a la cama
despertarte con sorpresas
hecho miles de bromas
haberte hecho rabiar y maldecir
gritar imprecaciones
susurrar que siguiera, que no parara
cogerte de la mano
y llevarnos a cenar
hacer que pagaras tú y aún así rieras
(no iba a ser así siempre).
Podríamos haber tenido
el cielo entre las manos
miles de discusiones estúpidas
reconciliaciones de sexo y besuqueos
cama de libros, música y tabaco
mesa de historias, café y copa
botellines a miles entre los dos.
Podríamos haber sido
un equipo, qué digo, un equipazo
a lomos de ironía y chistes malos,
luchas de bromas malas,
disputas de mentira
una pareja
un sueño
que se difumina
y pronto será tan sólo una sonrisa
un qué dices, cómo pude pensar en...
y dejaremos de ser
condicionales (im)perfectos.
tu amante, tu amigo, tu compañero
haberte
llevado el desayuno a la cama
despertarte con sorpresas
hecho miles de bromas
haberte hecho rabiar y maldecir
gritar imprecaciones
susurrar que siguiera, que no parara
cogerte de la mano
y llevarnos a cenar
hacer que pagaras tú y aún así rieras
(no iba a ser así siempre).
Podríamos haber tenido
el cielo entre las manos
miles de discusiones estúpidas
reconciliaciones de sexo y besuqueos
cama de libros, música y tabaco
mesa de historias, café y copa
botellines a miles entre los dos.
Podríamos haber sido
un equipo, qué digo, un equipazo
a lomos de ironía y chistes malos,
luchas de bromas malas,
disputas de mentira
una pareja
un sueño
que se difumina
y pronto será tan sólo una sonrisa
un qué dices, cómo pude pensar en...
y dejaremos de ser
condicionales (im)perfectos.
domingo, 9 de septiembre de 2012
Es de noche
casi las cuatro
los jóvenes veven, biben
algunos poetas tantean versos
con ese toque leve de impostura
ese vestido que algunos compramos
-siempre de saldo, claro-
esa impostura, digo
heredada o innata, de serie, who knows,
del que se cree poeta o se sabe
o se sospecha o quizá/ may be
sospecha que no lo es ni lo será nunca
que uno es un intruso, un actor, una fachada
que el verso que escribe es ficticio
o quién sabe si facticio.
y son casi las cuatro,
la vida pasa y algunos tecleamos
pensando o pasando la vida o las vidas
o las bebidas
pensando el próximo verso o el penúltimo.
Me decía un amigo
que lo peor no es la derrota, sino
acostumbrarse.
Me decía, mientras tiraba la penúltima colilla
-le encantaba ponerse meditabundo
con la pose etérea de galán desengañado-
"lo peor es siempre acostumbrarse,
no sacar las garras, darse por vencido"
qué razón, cuánta verdad, y sin embargo
deja que te añada
que he aprendido que a veces la derrota es algo dulce
y existe algo peor que acostumbrarse
a ella: no atreverse.
Y digo esto
con la tranquilidad de quien perdió lo que esperaba
y tendrá que buscar otra cosa o conformarse
y así es siempre la vida.
Te lo digo sinceramente, desde mi calma
serena y cálida o fría y tranquila, según se mire
de noche a las cuatro de la mañana.
los jóvenes veven, biben
algunos poetas tantean versos
con ese toque leve de impostura
ese vestido que algunos compramos
-siempre de saldo, claro-
esa impostura, digo
heredada o innata, de serie, who knows,
del que se cree poeta o se sabe
o se sospecha o quizá/ may be
sospecha que no lo es ni lo será nunca
que uno es un intruso, un actor, una fachada
que el verso que escribe es ficticio
o quién sabe si facticio.
y son casi las cuatro,
la vida pasa y algunos tecleamos
pensando o pasando la vida o las vidas
o las bebidas
pensando el próximo verso o el penúltimo.
Me decía un amigo
que lo peor no es la derrota, sino
acostumbrarse.
Me decía, mientras tiraba la penúltima colilla
-le encantaba ponerse meditabundo
con la pose etérea de galán desengañado-
"lo peor es siempre acostumbrarse,
no sacar las garras, darse por vencido"
qué razón, cuánta verdad, y sin embargo
deja que te añada
que he aprendido que a veces la derrota es algo dulce
y existe algo peor que acostumbrarse
a ella: no atreverse.
Y digo esto
con la tranquilidad de quien perdió lo que esperaba
y tendrá que buscar otra cosa o conformarse
y así es siempre la vida.
Te lo digo sinceramente, desde mi calma
serena y cálida o fría y tranquila, según se mire
de noche a las cuatro de la mañana.
jueves, 6 de septiembre de 2012
Marchitarse
Se supone que me he estudiado tema y medio (dejémoslo en jajaja). Pero estaba pensando en otras cosas.
Tengo una planta. Es una mierda de planta, es una planta que dejaron los anteriores inquilinos o el propietario (sinceramente, no sé qué es peor). Total, floreció. La riego casi a diario, poquita agua, mucho cariño, modo maricona y floreció. Qué metáfora.
Y pensé, alegre como siempre, que algún día esas flores que han nacido se marchitarán (modo poeta cutre maricona), y fíjate, lo que es la mente, me acordé de mi pueblo.
Es un pueblo pueblo, prototípicamente pueblo, poca población, algo cazurra. Un pueblo.
Y la gente se marchita.
No es lo mismo estropearse que marchitarse.
Se estropea quien tiene mala suerte en la vida y se mete en la droga, quien tiene un accidente chungo, quien es corneado por la vida o la pareja (a veces ambos y simultáneamente, todo un logro de la ruina), etc.
Marchitarse es no tener opciones, pudrirse, dejarse llevar por el tiempo y ajarse.
Me diréis que siempre hay salidas.
Por supuesto, las hay.
La cosa es ¿cuántas?
Y la otra cosa es ¿dónde?
Y me da por pensar si no será cosa de que es un pueblo andaluz.
Si en comunidades del norte, que tanto se quejan de que somos un lastre y de que les odiamos, y de que pagan muchos peajes e impuestos, pasa algo de esto.
Si allí la gente se estropea o se marchita.
Si hay oportunidades o no las hay.
Si hay que recorrer unos 200 km para tener alguna oportunidad (la que sea, laboral, deportiva, incluso de ocio).
Si allí hay algún Hamlet como yo, desencantado y demás, que conoce más de uno y dos y tres casos de personas con talento, inteligentes, válidas y sensibles que por una u otra circunstancia dejaron los estudios para trabajar y ahora son flores marchitas.
Son grandes, pero podían haber sido mucho más grandes.
Gente sin títulos pero con inquietudes, tipos que leen, que opinan sobre política y que tienen un sentido del humor, una ironía y una inteligencia que muchos que coleccionamos títulos quisiéramos para nosotros.
Me diréis tal vez que eso pasa en todos lados. Que tenemos los gobernantes que nos merecemos.
Y yo digo que puede que sí, puede que no.
Pero si creyera en la estadística me llamaría poderosamente la atención la cantidad de deportistas, científicos, artistas, etc que tiene el norte siendo como es, más pequeño que Andalucía.
¿Será por el dinero?
¿Trabajan más allí? ¿Es eso todo?
Aquí no odiamos a nadie, por cierto. Yo trato de quedarme con lo mejor de cada pueblo.
Tontos hay en todas partes, o puede que más por aquí, no lo sé.
La pregunta es ¿por qué?
Tengo una planta. Es una mierda de planta, es una planta que dejaron los anteriores inquilinos o el propietario (sinceramente, no sé qué es peor). Total, floreció. La riego casi a diario, poquita agua, mucho cariño, modo maricona y floreció. Qué metáfora.
Y pensé, alegre como siempre, que algún día esas flores que han nacido se marchitarán (modo poeta cutre maricona), y fíjate, lo que es la mente, me acordé de mi pueblo.
Es un pueblo pueblo, prototípicamente pueblo, poca población, algo cazurra. Un pueblo.
Y la gente se marchita.
No es lo mismo estropearse que marchitarse.
Se estropea quien tiene mala suerte en la vida y se mete en la droga, quien tiene un accidente chungo, quien es corneado por la vida o la pareja (a veces ambos y simultáneamente, todo un logro de la ruina), etc.
Marchitarse es no tener opciones, pudrirse, dejarse llevar por el tiempo y ajarse.
Me diréis que siempre hay salidas.
Por supuesto, las hay.
La cosa es ¿cuántas?
Y la otra cosa es ¿dónde?
Y me da por pensar si no será cosa de que es un pueblo andaluz.
Si en comunidades del norte, que tanto se quejan de que somos un lastre y de que les odiamos, y de que pagan muchos peajes e impuestos, pasa algo de esto.
Si allí la gente se estropea o se marchita.
Si hay oportunidades o no las hay.
Si hay que recorrer unos 200 km para tener alguna oportunidad (la que sea, laboral, deportiva, incluso de ocio).
Si allí hay algún Hamlet como yo, desencantado y demás, que conoce más de uno y dos y tres casos de personas con talento, inteligentes, válidas y sensibles que por una u otra circunstancia dejaron los estudios para trabajar y ahora son flores marchitas.
Son grandes, pero podían haber sido mucho más grandes.
Gente sin títulos pero con inquietudes, tipos que leen, que opinan sobre política y que tienen un sentido del humor, una ironía y una inteligencia que muchos que coleccionamos títulos quisiéramos para nosotros.
Me diréis tal vez que eso pasa en todos lados. Que tenemos los gobernantes que nos merecemos.
Y yo digo que puede que sí, puede que no.
Pero si creyera en la estadística me llamaría poderosamente la atención la cantidad de deportistas, científicos, artistas, etc que tiene el norte siendo como es, más pequeño que Andalucía.
¿Será por el dinero?
¿Trabajan más allí? ¿Es eso todo?
Aquí no odiamos a nadie, por cierto. Yo trato de quedarme con lo mejor de cada pueblo.
Tontos hay en todas partes, o puede que más por aquí, no lo sé.
La pregunta es ¿por qué?
Sacar fuerzas de flaqueza es...
levantarte una hora y media más tarde de lo estipulado (por ti mismo; por cierto, me recuerda estipulado a estúpido, qué cosas) lleno de sueño, con cierto dolor de cabeza (esa cargazón, esa molestia que no acaba en dolor, esa incomodidad, pesadez, que notas pero no puedes explicar con exactitud) y muchísimo cansancio (ese cansancio que te hace pensar que si estuvieras en un hospital currando pillarías a un enfermero y le dirías "anda, porfa, sácame un tubito a ver si tengo anemia, que me caigo por los rincones"), pero te das cuenta de que probablemente ese cansancio no es sino mental, es un truco de tu cabeza para retrasar el estudio.
Porque eso es lo que toca hoy. Y mañana.
Todos odiamos estudiar por aquí? Naaaah, seguro que no. Yo sí. Intensamente.
Pues eso es sacar fuerzas de flaqueza. Me voy a poner, no sé con qué fuerzas ni de dónde, pero ahí va el autómata.
Recuerda, todo es un estado mental y blablabla.
Ánimo.
sábado, 1 de septiembre de 2012
¿Qué tiene que pasarle a un MIRando para
ponerse a escribir en un blog que lleva dos meses o más abandonado? Pues una combinación de cosas. Suele ser así casi siempre en la vida.
Os cuento, si es que estáis por ahí todavía.
En parte, estar hasta la polla del MIR, algo normal llevando dos meses estudiando. El ritmo en Oviedo es infernal, la gente es infernal, no porque sean mala gente, sino porque todo Dios estudia muchísimo. Esta gente no tiene vida y lo lleva bien. No hay problemas de dinero, no hay agobios, todo es una burbuja pseudopija o directamente pija.
Como veis, no es mi sitio. No me preguntéis cuál es mi sitio, porque no tengo ni la más remota idea. Ni puta idea, vamos.
En parte, tener febrícula, tiritona y cefalea. Haber caído malo, vaya. Dar la mañana por perdida, y por perdidas las 60 págs que me tengo que calzar. Y hoy es un día de esos de estudiar poco, que toca Radio y sólo son dos días.
EN parte, reflexionar sobre todo lo que me estoy perdiendo, sobre lo que cuesta un sueño que dura ya seis para siete años de esfuerzo, de perder tiempo, energía y dinero.
Y siempre esa sensación de don´t belong.
Pero sobre todo, tú, que me rondas la cabeza, tú, que no paras de rondarme la cabeza.
Tengo treinta y cinco años y cicatrices, muchas cicatrices, y esto empieza a ser realmente lamentable. No es que me preocupe hacer el ridículo, muchas veces la vida no es sino eso, lo que me preocupa es que todo se desdibuja, todo pierde importancia, todo es cuesta arriba. Como ha sido siempre, pero joder, es que me canso. Me canso mucho.
No estáis aquí para oir lamentos, supongo, estáis ahí para leerme o no, pero en cualquier caso permitidme un poco de egoismo.
Por contaros mis tripas en un día de bajón.
Por deciros que preparar el MIR es una puta mierda.
Pero sobre todo por engañarme constantemente y ser consciente de ello, por permitirme soñar con un nosotros que nunca dejará de ser un yo soñando.
Por querer, injusta, egoista, patética, infantilmente que aparques tu vida, que me sigas, que me quieras. Que no tengas nada con nadie.
Y me siento solo, ridículo, muy ridículo, pequeño.
Y no sé, dejarlo por escrito, es absurdo. Mis días malos, los malos de verdad, no los escribo. Es bastante triste leer al pasar el tiempo tristezas y bajonas. Pero comérselo, la alternativa, tampoco es una buena opción.
Me diréis, ¿qué quieres? ¿qué puedo hacer para ayudarte?
Lo cierto es que nada. Ni vosotros ni yo.
Pero me niego, no quiero recurrir al remedio de siempre. Al tiempo, que todo lo diluye, que todo lo difumina, me niego a olvidar estas bajonas.
Pero sobre todo me niego a olvidarte.
Yo, por ti, viviré en aeropuertos si hace falta.
Llevo 35 años, lo juro, esperando. Esperando a alguien que se podría parecer a a ti.
Y claro, puede que me equivoque. De hecho lo hago siempre.
Y claro, esto no es sino una declaración por escrito, un salto al vacío absurdo, porque creo que sabes de sobre lo que hay y lo que siento, y aunque más directo, es repetir lo mismo una y otra vez.
Y puede que te dé apuro, o te enfade, o nada, o te rías. Yo que sé.
Quién conoce a quién. Nadie.
Y nada, esto es lo que hay, un día (más) perdido, un sueño que no llega dentro de otro sueño que no llega.
Y miro a alrededor y veo gente que tiene desde hace mucho lo poco que yo deseo desde siempre. Y sé que es una chorrada, que hay muchas personas que están mal de verdad, pero hoy quiero ser egoista y gritar que esto es un rollo.
Que esto es una mierda, estudiar, no tenerte, haberte perdido sin tenerte nunca.
Os cuento, si es que estáis por ahí todavía.
En parte, estar hasta la polla del MIR, algo normal llevando dos meses estudiando. El ritmo en Oviedo es infernal, la gente es infernal, no porque sean mala gente, sino porque todo Dios estudia muchísimo. Esta gente no tiene vida y lo lleva bien. No hay problemas de dinero, no hay agobios, todo es una burbuja pseudopija o directamente pija.
Como veis, no es mi sitio. No me preguntéis cuál es mi sitio, porque no tengo ni la más remota idea. Ni puta idea, vamos.
En parte, tener febrícula, tiritona y cefalea. Haber caído malo, vaya. Dar la mañana por perdida, y por perdidas las 60 págs que me tengo que calzar. Y hoy es un día de esos de estudiar poco, que toca Radio y sólo son dos días.
EN parte, reflexionar sobre todo lo que me estoy perdiendo, sobre lo que cuesta un sueño que dura ya seis para siete años de esfuerzo, de perder tiempo, energía y dinero.
Y siempre esa sensación de don´t belong.
Pero sobre todo, tú, que me rondas la cabeza, tú, que no paras de rondarme la cabeza.
Tengo treinta y cinco años y cicatrices, muchas cicatrices, y esto empieza a ser realmente lamentable. No es que me preocupe hacer el ridículo, muchas veces la vida no es sino eso, lo que me preocupa es que todo se desdibuja, todo pierde importancia, todo es cuesta arriba. Como ha sido siempre, pero joder, es que me canso. Me canso mucho.
No estáis aquí para oir lamentos, supongo, estáis ahí para leerme o no, pero en cualquier caso permitidme un poco de egoismo.
Por contaros mis tripas en un día de bajón.
Por deciros que preparar el MIR es una puta mierda.
Pero sobre todo por engañarme constantemente y ser consciente de ello, por permitirme soñar con un nosotros que nunca dejará de ser un yo soñando.
Por querer, injusta, egoista, patética, infantilmente que aparques tu vida, que me sigas, que me quieras. Que no tengas nada con nadie.
Y me siento solo, ridículo, muy ridículo, pequeño.
Y no sé, dejarlo por escrito, es absurdo. Mis días malos, los malos de verdad, no los escribo. Es bastante triste leer al pasar el tiempo tristezas y bajonas. Pero comérselo, la alternativa, tampoco es una buena opción.
Me diréis, ¿qué quieres? ¿qué puedo hacer para ayudarte?
Lo cierto es que nada. Ni vosotros ni yo.
Pero me niego, no quiero recurrir al remedio de siempre. Al tiempo, que todo lo diluye, que todo lo difumina, me niego a olvidar estas bajonas.
Pero sobre todo me niego a olvidarte.
Yo, por ti, viviré en aeropuertos si hace falta.
Llevo 35 años, lo juro, esperando. Esperando a alguien que se podría parecer a a ti.
Y claro, puede que me equivoque. De hecho lo hago siempre.
Y claro, esto no es sino una declaración por escrito, un salto al vacío absurdo, porque creo que sabes de sobre lo que hay y lo que siento, y aunque más directo, es repetir lo mismo una y otra vez.
Y puede que te dé apuro, o te enfade, o nada, o te rías. Yo que sé.
Quién conoce a quién. Nadie.
Y nada, esto es lo que hay, un día (más) perdido, un sueño que no llega dentro de otro sueño que no llega.
Y miro a alrededor y veo gente que tiene desde hace mucho lo poco que yo deseo desde siempre. Y sé que es una chorrada, que hay muchas personas que están mal de verdad, pero hoy quiero ser egoista y gritar que esto es un rollo.
Que esto es una mierda, estudiar, no tenerte, haberte perdido sin tenerte nunca.
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