lunes, 20 de octubre de 2008

Goonies never say dead! (Léase también como "Eso he dicho! Poniendo tlampas!!)



Ni sé la de veces que la he visto. Ni me acuerdo de la primera vez. Sólo sé que esa peli me marcó, y no fui el único. Quién me iba a decir a mi que iba a haber paralelismos.


Esos muelles de Goon. Ese Mickey asmático e idealista, con esa fe inquebrantable, ese Bocazas, ese Gordi, ese Data... cuánto hubiera dado por coger mi bici y salir con ellos tras Willie el Tuerto... y luego, cuando uno crece y dicen que se van acabando las ensoñaciones y los sueños, cuando uno dicen que tiene que comportarse como un adulto, vienen las semejanzas. Me echan de mis muelles de Goon, de mi casa de toda la vida, y me vuelvo asmático como Mickey. Qué cosas. Quizá algún día encuentre un tesoro... aunque no sea de joyas, me conformo.


Ya lo sabéis los demás Goonies, así se las gasta Willie el Tuerto. Es su forma de ser. Y sí, yo también le hubiera dejado su platito de joyas, no soy tan rata.


Cuando me tuve que ir de casa, pensé mucho mucho en ellos, que se lanzaron a la aventura por defender su barrio. Ojalá yo hubiera hecho algo parecido, algo más que dejar pasar las cosas. Pero era demasiado joven, o según se mire, demasiado adulto.


Y cuando me entró el asma, en un agobiante mes de mayo de primero de Medicina, con la hipoxia que ya de por sí causan los exámenes, volví a recordar a Mickey mientras como él, tiraba de inhalador.


Y entonces lo supe. Supe que siempre había sido uno de ellos, y que siempre lo sería. Que siempre estaría dispuesto a recorrer el subsuelo en pos de un sueño si hace falta, que siempre tarde o temprano se repetiría esa escena, si bien en otro contexto, de un menos asmático Mickey que le lanza un emotivo soliloquio a un tieso Willie, mientras mi hermano mayor me mira en silencio y cuando me doy cuenta y le pregunto que cuánto tiempo lleva ahí me responde "el suficiente, Mickey. El suficiente".


Y sé que siempre podré contar con un Data que refunfuña mientras repite eso de "Eso he dicho!! Poniendo tlampas!!" A lo que venga.


Y es que siempre, siempre, seré un Goonie, y en mi corazón llevo por siempre a mi casa, a mi asma, y sobre todo, a esos lluviosos muelles de Goon.

jueves, 16 de octubre de 2008

Una vez que tuve amigos

Comienzo a recordar mi juventud, o gran parte de ella, como la época en la que tuve amigos, o al menos eso creía. A día de hoy, a veces por mi culpa y a veces por la suya, apenas cuento alguno. Y es triste. Esa sensación como de estafa, algo parecida a cuando se acaba una relación y te preguntas al pasar el tiempo si de veras alguna vez existió algo. Porque cuando algo tiene lugar, cuando algo sucede, y dura cierto tiempo, y conlleva sentimientos, creo, y digo creo, que algo permanece.
Sin embargo, son bastantes los que no piensan así, y te cae la sempiterna charla sobre el pasado: que si pasado está, que fue bonito mientras duró, que la gente cambia.
Claro que cambiamos, pero no hasta el punto de prescindir de ciertas personas. No al menos yo. Quizá esto sea lo que marque la diferencia.
El caso es que un buen día vas a llamar a tus colegas de siempre para quedar y hacer lo de siempre, y o no están o es como si no estuvieran. Lo que, lógicamente, te deja solo.
Algunos tienen curro lejos de casa, otros tienen novia, otros desaparecen porque sí, y entre una cosa y otra, no tienes a nadie. Puedes hacer dos cosas: seguir solo o, como bien dijo el filósofo, buscarte otros amigos.
Lo que pasa es que yo no busco amigos. Yo me los encuentro. No me levanto y digo "a ver a quién conozco hoy, a ver qué cosas hacemos". Porque esta actitud la considero interesada, y si a mi no me gustan los interesados, no quiero ser uno de ellos.
Así que me quedo solo. Algunos te llaman por teléfono, a algunos se les nota que todavía sienten esa conexión, pero otros, en apenas unos meses, casi son desconocidos.
Y esto se empeora sin pareja, claro está.
La cosa es que en ocasiones me da la sensación de que todo el mundo va a lo suyo hasta límites insospechados, que apenas hay personas que sientan la amistad como un compromiso, como una lucha... y el cuerpo se acostumbra, como siempre a tomar posturas defensivas. Como con las niñas. Cada vez, el miedo es un poquito más grande. Cada vez pesan más las cicatrices.
Puede, por supuesto, que seas un hijo de puta que se lo merece, y eso conserva la lógica, y es comprensible, pero... ¿y si no lo eres? ¿por qué estás solo? ¿te equivocaste eligiendo? ¿eso es todo?
Entonces rodearse de una coraza resulta inevitable, volverte insensible, pensar siempre en ti mismo... un poco triste de nuevo. Que tu filosofía de vida se resuma en la frase de aquel genio incomprendido: "La gente vive y liga mucho y esas cosas... yo solo quiero aparcar".

Una ligera pasada por Urgencias...

Ese ha sido mi verano. Sin internet, sin apenas amigos y sin apenas salir de casa y del hospital. Llevaba diez años, diez, sin pisar uno. Y entré de lleno en Urgencias. Sin comentarios.
Cuando llegas a un servicio a currar, lo primero es que sepan que has llegado. Que estás ahí. Que, como Teruel, existes. No es fácil.
Mi supervisor me dio una brevísima charla y me enseñó las instalaciones, casi nuevas. Todo un mundo. Y me dejó solo, con una millonada de seres en pijama que casi ni me miraban. Todo un mal trago. Después vino la fiebre: analítica completa, sondaje, gasometría, férulas, suturas, niños pequeñísimos... por doquier. Por cientos. Han sido las horas más largas y a la vez más cortas de toda mi vida.
Poco a poco, y a base de malos ratos (no suelo pedir ayuda hasta estar desesperado), fui conociendo a la gente: a los simpáticos, a los antipáticos, a los empáticos, a los médicos de los que aprender y a los médicos de los que NO aprender. Y fue pasando el tiempo. Y claro, a base de malos ratos fui perdiendo kilos.
Por fin, a eso de septiembre, comencé a sentirme en mi sitio. Novato, sí, pero con cierto rodaje. Sabía dónde estaban las cosas, sabía qué cosas debía hacer, ciertos protocolos que todos saben y nadie te explica, a no perderme mucho en una parada. Lo típico.
Entonces, cuando parecía que la estabilidad de nuevo llegaba a mi vida, entonces... me pusieron de retén.
Y comenzó la segunda etapa de mi verano. A dar vueltas y vueltas como una peonza por toooodo el hospital. De nuevo, llegaba la tormenta.
Lo que mejor recuerdo es, con diferencia, la sensación que me acompañaba cada nuevo día: a ver qué marrón me como hoy. O a ver cuántos. Resoplaba mucho, pero más resoplé al empezar de retén. Pero eso, amigos, es otra historia.

sábado, 4 de octubre de 2008

3ª Temporada

Después de un verano intenso, realmente intenso, y a la vez sumamente insustancial, anodino y aburrido, comienza la tercera temporada. Un año más.
Había pensado durante toooodo el verano cuál sería mi primer post post-verano, y tenía varias ideas, pero una sombra oscura se cierne sobre mí: el Atleti pierde 5-1 contra el Barça.
Y es que ser colchonero no tiene explicación... siempre tuve simpatía por los perdedores, pero esto es demasiado. Nos estamos arrastrando por el campo haciendo felices -felicísimos- a los culés e incluso a los merengues, y seremos la comidilla de los informativos y diarios deportivos... una vez más.
Pero no importa: seguiremos demostrando ser la mejor afición de España, seguiremos celebrando un éxito pese a las doscientas derrotas, seguiremos animando a nuestro equipo. No tiene sentido. No le den más vueltas. Todo es producto... del corazón.
Por si alguien me echó de menos, este verano me he dedicado a trabajar... y poco más. Bueno, he perdido algunos amigos y me he sentido especialmente solo. Digo especialmente porque si bien solo solo no he estado casi nunca, no es una sensación nueva. Ni mucho menos. Pero sí que se ha acentuado.
El trabajo ha sido duro, durísimo... llegar a un hospital a currar después de diez años -diez- sin haber pisado uno hace que te sientas casi completamente fuera de lugar. Y más si caes en Urgencias.
Sin embargo, a eso de mediados de septiembre, la cosa empeoró: pasé a estar de retén, o lo que es lo mismo, a estar cada día en un sitio, a ser una especie de Sísifo condenado a repetir errores y las mismas preguntas ¿dónde está eso? ¿cómo lo hacéis aquí? ¿así no era? es que en la cuarta planta se hace de otra forma... ¿dónde registro eso? ¿a qué hora hacéis aquí...?
Y claro, la gente es más amable en unos sitios que en otros, y suelo tener facilidad para caer en los peores sitios... en fin, lo dicho, un infierno. Pero ya explicaré eso en otros posts.
Mi portátil no tiene batería, y escribo desde el de una compañera de piso que es muy amable y tela de guay, una gran futura médica, aunque creo que ella todavía no se ha dado cuenta del todo. He cambiado de piso, de compañeros de piso, y casi que de vida. Tengo contrato hasta finales de este mes. Después seré libre, y se me verá más por aquí.
He echado de menos a Elphaba, a Vitote y a Nebulina, y temo que la incipiente y creciente amistad con ellos se haya deteriorado.
Y oh, dioses, acaba de caer el sexto. Madre mía del amor hermoso.