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martes, 8 de julio de 2014

Happy in your fuckin fuckin fuckin day

Pues es mi cumple, y no me siento especialmente contento ni feliz. Joder. Son ya ¡¡37!! ME CAGO EN LA PUTA.
Pero no te confundas. No es que no soporte el paso del tiempo. Las canas. El bajón en la líbido (si es que puede bajar). La alopecia. El leve deterioro físico. El sudor que antes no aparecía sino hasta llevar unas dos horas de deporte intenso.
Nah. Porque pese a que estoy cerca de la cuarentena, me conservo aceptablemente bien. Oh Dios. ¿Es este un momento "porque yo lo valgo"? No, en serio. No tengo sobrepeso, puedo practicar deportes a pesar de mi asma, tengo empleo (al menos casi cuatro años más) y no estoy nada mal.
Lo que me jode del paso del tiempo es todo lo que nos han robado. O lo que nos hemos dejado robar.

La adolescencia que no tuvimos. El sexo interrumpido porque no había dónde, porque te fuiste fuera y yo no tenía un duro. Las parejas que no tuvimos. Las noches que no bebimos porque estábamos tiesos. La diáspora de amigos. El paro que todo lo envolvía. La decadencia de ver pasar la vida en casa de tus padres queriendo salir de casa de tus padres. Salir al extranjero y pasarlas un poco putas. La soledad que dio bocados cuando debieron ser chupetones de amantes. EL volver a casa y a todo sigue igual. Compaginar estudios de segunda (tercera, en realidad, la segunda quedó en pause) carrera y trabajo, perdiendo los mejores años que quedaban de juventud. EL pueblo que amas pero sabes que es un puto agujero negro. Ver a la gente emigrar o estropearse. Todo eso.

sábado, 3 de mayo de 2014

Checklist de daños

El principal es, creo, la desconfianza. Anoche estuve viendo la primera temporada de Black Mirror, y me vi algo reflejado en el segundo episodio. O era el tercero? Sí, era el tercero. Os recomiendo esa serie, es británica (creo), es cortita y es muy buena. Son sólo seis episodios.
La soledad también está ahí, no la pretendida y buscada, sino la soledad de querer ser querido y no encontrar nada.
Y el desapego. El desafecto. La sensación de que por mucho que busques no vas a encontrar a nadie que encaje contigo.
De sexo no voy a hablar.
La inseguridad, el dudar de casi todo, el dudar de estar a la altura. Sobre todo es un coñazo en una profesión donde se supone que no se duda (mentira).
Y uno de los mayores, ahora que lo pienso, es la falta de iniciativa. Me encanta hacer cosas, pero me cuesta la misma vida y no sé por qué. A veces pienso que esto no es sino una depre encubierta. Otras veces pienso que necesito una sacudida vital. Otras veces pienso que son las dos cosas a la vez.

Soy un mar de daños. Algunos me los han hecho, algunos me los he hecho. No busco culpables. Quiero soluciones. Como he leído en algún blog, quiero que me cuiden, quiero que me quieran. Que me laman las heridas. Que ya está bien de peregrinajes en soledad por mis adentros.

Hoy he ido a la playa con una amiga. Estaba muy bien en biquini. Se va a Madrid a currar. Me he preguntado si era otro tren perdido. A veces tengo la sensación de que soy un chico que no hace sino ir a la estación a ver salir trenes. Me pregunto en qué momento me inocularon tantísimo miedo a enamorarme.

Después he jugado al fútbol, con algo de miedo porque ando regular del asma. Vuelvo a estar mal controlado. He fumado mucho en las guardias de puerta y no he estado corriendo. Me he cansado bastante, pero he disfrutado. He marcado dos goles y he corrido mucho, he sido feliz por una hora. Feliz con pitos. Ahora estoy en casa de mis padres recién duchado y cenado, y escribo. Me apetece dormir. Pero querría que alguna chica guapa me cogiera de la mano un rato y me besara.

El último ítem del checkist: me jode mucho ver tanta gente buena sola y tanto hijodeputa acompañado.

miércoles, 19 de marzo de 2014

FAQs

Por qué esta rutina trabajo-casa-trabajo?
Por qué trabajar por las noches a siete euros la hora?
Por qué cualquiera puede amenazarme mientras curro?
Por qué cualquiera puede faltarme al respeto?
Por qué un bombero de retén es un héroe que descansa y un sanitario de guardia es un vago que no hace nada?
Por qué no siento valorado mi trabajo?
Por qué la gente no asume que para saber Medicina debes ser médico?
Por qué tengo ganas de trabajar fuera?
Por qué me siento extraño en cualquier parte?
Por qué tanto desencanto?
Por qué mi vida sentimental no existe?
Por qué siento que la vida se me escurre entre las manos?

Es esto un poema? O qué mierda es esta?
Y por qué lo dejo por escrito?
Hasta qué punto necesitamos contar nuestras miserias?
Es la soledad, o egocentrismo?


sábado, 8 de marzo de 2014

Flash!!!!

Acabo de pensar, antes de irme a barbacoar y emborracharme... dentro de poco tendré 40!!! O M F G!!!!

No me asusta cumplir años, ni estropearme, ni morirme. Me asusta la cantidad de tiempo perdido. La cantidad de tiempo no disfrutado. La cantidad de tiempo sufrido.

Habrá que intentar que los años venideros no sean así de mierders.

En todo caso, la opción de hoy es emborracharse.  

Pd: dentro de poco es tres años y medio casi... no seas exagerado, Hamlet.

viernes, 28 de febrero de 2014

So, I´m fucked

Mira, me rindo. Seguiré escribiendo, que ya mañana me cagaré en mi puta vida. Estaba pensando que una de las razones de seguir solo, lo sé, tema recurrente y que huele a bolita de alcanfor, es que busco demasiado. 
Claro, porque es que quiero a una chica guapa y bastante follable, pero no demasiado, porque suelen ser gilipollas. O modelos. Y una modelo que no tiene novio o follamigo es algo sospechoso. Seguramente esté fatal de la cabeza.
Qué cruel, Hamlet, por Dios, qué cosas dices.

Pero piénsalo. Una tía guapa soltera? En serio? Porque quiere. Y por qué quiere? O porque la han tratado de puta pena (classic) o bien porque algo le falla. Al margen de que sea una bestia parda que lo único que quiera sea follar sin compromiso alguno, ni siquiera follamigo.

Así que recapitulando, guapa y follable, pero lo que es peor, inteligente. Porque, queridos todos, las erecciones más duras las producen las conversaciones inteligentes con tías atractivas. Y si eres tía y ningún tío te ha dicho esto, has elegido mal casi siempre.

Utilizo el vocablo terrible. Sí. Atractivo. Esa cualidad misteriosa que hace que cuando preguntas a una tia que por qué está con ese chulo que la ignora, ese que pasa de ella, ese que le ha puesto los cuernos o ese que prefiere el fútbol a quedar con ella la respuesta sea un lacónico "es muy atractivo". Que es una expresión prima hermana del "tiene algo". Y aquí, como en Brasil, vale-tudo.

Guapa, follable, inteligente. Y claro, que no sea creída. Lo cual es, prácticamente, una entelequia. Porque si desde jovencilla ha sido mona y lista, la lista de tíos que habrá tenido detrás podría darnos para llegar hasta Saturno y volver... unas 20 veces.

Me diréis que no. Que exagero. Hombre, siempre hay excepciones. Pero las cifras son las cifras. ¿Que son mis cifras? Pues contad vosotros, yo os espero en este blog.

So, guapa, follable, inteligente, que no sea creída... y compatible. Esto ya es la polla en adobo. Que sea compatible conmigo es... imposible xD.
Más o menos (porque ni yo lo tengo claro) es que me soporte y que me quiera entender. No necesito -creo- ni que lo haga. Me basta con que lo intente. Que le guste el arte, el cine, la música, que... bah, mejor escribo un poema sobre eso.

Igual me entra hasta sueño. Que mañana tengo GUARDIAAAAAAAAAAARGGH
 


miércoles, 26 de febrero de 2014

So depressed... really?

Hay cosas que me gustan sin motivo alguno. Quiero decir, como el título, ¿a qué viene eso de titular en inglés? Yo que sé, me gusta. También me gusta escribir con música de fondo. Y me gusta más youtube que spotify, no sé por qué, si escribo y no veo el video. Por cierto... ¿queda alguien que diga videoclip? Añado, soundcloud me hace sentir viejo.

Pero no todo son bajonas. Quiero hacer cosillas, quiero pillar una (otra) guitarra, una electroacústica, por el tema de vecinos y ruido y tal. En menor medida por lo mal que toco. Algún día os contaré (o no) lo del disco que grab(é)amos en el 2000. Joder, hace ya catorce años. Qué vértigo, que el mundo pare, que diría Ismael (guay) Serrano.

No, no voy a hablar de guaismo. Para eso se puede tirar de hemeroteca.

Pues lo dicho, guitarra, gato. No sé, cosas. Seguir corriendo, seguir fumando sólo en las guardias (no, no voy a hablar de guardias)

vale, un inciso, creo que tengo un nuevo superpoder: agradaabuelas. Soy agradaabuelas nivel 50. Esto, claro, tiene una utilidad lamentablemente nula. Tierna, maybe. Pero nula. Ineficaz. Caca. Puta mierda, vamos.

No, no voy  a hablar de que la mayoría de tías preferís tipos duros aunque se preconice lo contrario.

Preconizar. Bonita palabra. Se está perdiendo.

Ayer vino una chica de 19 con dolor abdominal. No seáis guarros. No hice nada ni tiré trastos. Simplemente fui como siempre. Terriblemente simpático. Me gusta hacer sonreir o reir a gente que está puteada. En ese sentido soy un poco Jack el de Perdidos, con el puto I can fix it en la cabeza.
El caso es que venía con unas amigas y al final creo que por una cosa u otra (la chica no acababa de sentirse bien) me acabaron viendo las cuatro. Creo que me pasaron revista, la verdad. Agradéibol.

Cuando me ponga más en forma también quiero empezar a hacer senderismo con los colegas. Drogas no, alcohol tampoco, desfase tampoco, pero les mola hacer rutas. Its something.
Quizá, sólo quizá, me apunte al gimnasio más adelante. Pero como le dije a un paciente, de unos 24, con ansiedad, por tener una rutina... naaaah, por ponerme buenorro para ligar y eso. Se rió. Me alegró que se riera.

Cuando son alrededor de las dos o tres de la mañana el ritmo en Urgencias baja, y puedes hablar con los pacientes, coger algo de confianza, ver cómo se abren y te cuentan que tal médico no les gusta o que han transgredido el régimen terapéutico. Ayer, por la noche, lo pasé bien trabajando. Me rei con el chico ansioso con pasado tóxico, con la chica del dolor abdominal que me cogió la mano mientras le cogían la vía y conseguí que durante la llantina de cría que le entró riera al meterme con su pueblo.
Una abuela me dijo que si se podía agarrar a mí y yo le dije que claro, que por una que se ofrecía tenía que aprovechar.
Un vagabundo alcohólico que se cayó en la calle me contó que lo recogieron dos chicas. Le pregunté que si eran guapas. Se rio y dijo que sí. Y me encantó que se riera.
Ayer tranquilicé a dos hombres con dolor torácico. Por suerte, no fue infarto. Se fueron tranquilos y sonrientes.
Pedí disculpas una y otra vez por los retrasos, aunque no es culpa mía si estamos saturados. Sólo somos cuatro médicos trabajando a la vez. Pero entiendo que el que espera desespera.
Bromeé lo que pude con mi coerre, con los securatas, con enfermería.

Ayer trabajé y obtuve una buena colección de sonrisas. Fue un buen día. 

También hubo chungazos, claro.

Me entró un señor en fallo respiratorio franco, a las 4 menos 5.
Sí, cinco minutos antes de acabar mi turno. Putada.

Pero son cosas que pasan. Pues que le pasen a otro. Rotemos.

Y eso, tengo ganas de versionar mis canciones favoritas. Tengo que entrenar el paso de tener ganas a hacer cosas. Me enquisto tela ahí. Normal, mi familia es muy de inacciones. Cuesta superar lo que has mamado. Malpensados.

Sigo teniendo ganas de irme a África o algún sitio así cuando sea un poco más erre mayor. Sigo sin pareja, así que por ahí bien. Intentaré engañar a mi madre, que me soltó un "tú te vas a África y yo me muero" hace unos años. Equisdé.

Y poco más. No todo es oscuridad. No soy batman. Últimamente estaba un poco lúgubre, no quiero preocuparos. Pero vamos, que el blog es negro por algo. Tampoco os voy a descubrir América.

Cuidaos. Haced cosas, pero sobre todo, sobre todo, contadlas.



lunes, 24 de febrero de 2014

Mañana tengo otra semana por delante

y dos guardias. Hace tiempo que estoy pensando que no estoy contento con mi vida. Y es curioso, porque tengo empleo (al menos cuatro años y 3 meses más), tengo algo de dinerillo, tengo para mis caprichos, el asma me está respetando (al menos a doble dosis de symbicort) y las rodillas también, de momento.
Hoy le he pedido a mi padre un tranxilium. No suelo drogarme. No al menos con drogas legales. Últimamente la ansiedad me está ganando terreno. Me voy a correr, trato de no pensar demasiado, sólo fumo en las guardias de puerta.
Me pregunto si lo que me hace falta es un polvo. Ya sabéis, para desdramatizar tanta mala guardia y vida vacía.
Hoy le he pedido a mi padre un tranxilium, y me ha jodido que me pregunte que si va todo bien en el trabajo. Le agradezco su preocupación. Pero en mi escala de valores el trabajo, si bien es claramente vocacional, es lo último.
Lo que no va bien es todo lo demás, papá. Eso he ido a decirle, y las palabras se me han atragantado en la garganta.

Las guardias de puerta ya están más o menos controladas, me quedan 3 meses para ser R2 (quizá sea ansiedad anticipatoria del síndrome del busca), pero esta sensación de descontento con la vida me está pudiendo. Otras veces tuve que tirar de medicamentos una temporada y la cosa fue bien, el elemento estresante exógeno se fue diluyendo con el tiempo, como debe ser. Esta vez parece que no hay causa aparente. Desconcierta.

(Otra cosa es cómo ha sido mi vida hasta ahora, y cómo han sido mis circunstancias, que claro, marcan, y que no os voy a contar, curiosos).

El otro día en Primaria me quedé frío. Llegó una chica de mi quinta más o menos, unos 38 o así. La habían dejado el 14 de febrero, después de 10 años (yo pensé mira, por lo menos no te han dejado por teléfono, chata, y has disfrutado de 10 años de relación, o por lo menos no te han corneado). El caso es que quería YA, eso era un lunes 17, ansiolíticos y antidepresivos.

Yo pensé que era una pose un poco maricona, desde el respeto, pero bueno, cada cual maneja sus problemas y ansiedades a su modo y tal. Pero lo que pensé, sobre todo, es en la de veces que hablé con alguien con esa sensación de agobio, de no poder llenar el pecho de aire, de sentirte mal. Cuántos meses hasta decidir tomarme algo porque la verdad es que estaba mal. Y pensé en lo que se cuida la gente y lo que aguanto yo y me dije basta.

Y pensé en que la mayoría de gente que conozco ha viajado. Ha estado en París, en Londres, en Roma. Y yo he estado o currando, o ahorrando, o pasándolo regular, y sobre todo solo.

Y no, encontrar a alguien no es la solución a mis males, pero joder, quizá sea un buen parche.

Pero lo que quiero decir no es eso, sino más bien lo contrario. Yo no busco a alguien como solución a una soledad más o menos dura (estar solito tiene sus ventajas). Yo lo que quiero es no estar mal. Yo lo que quiero es empezar a vivir. Puestos a salvar vidas, creo que tengo derecho a encarrilar la mía. Ya lo dice mi futuro tatuaje: "Medice cura te ipsum".

domingo, 23 de febrero de 2014

Rescue

Me acabo de dar cuenta de que, como romántico gilipollas, llevo mucho tiempo, toda la vida, esperando que me rescaten, esperando refugiarme en una sonrisa y en una conversación inteligente-picante con happy ending. Pero la vida no es así. Al menos no la mía.
Podría dedicarme a leer libros de autoayuda y convencerme de que no, de que no es que mi vida hace tiempo que es un poco mierder, sino que son mis pensamientos los que me hacen pensar eso. Pero no, amigos, una polla para los pensamientos, aquí se escribe de hechos, y se escribe con las tripas.

 Podría deciros que me planto, que paso de esperar un rescate y tal, pero me conozco, y aunque soy un desesperanzado, no acabo de perder la esperanza. En las pelis queda superbonito, pero en la vida real es muy rollo.

Lo que sí puedo deciros es que se me han acabado las bengalas.

martes, 21 de enero de 2014

Cuando la soledad muerde

Vivir solo tiene, como casi todo en la vida, cosas buenas y cosas malas. Después de nueve años de compartir piso (repartidos, no consecutivos, gracias a Dios), a uno le apetece. Ver lo que quieres en la tele, no mosquearte por el típico que se ducha el triple que tú (hablamos de tiempo y por ende, de butano), no aguantar a nadie, que nadie tenga que aguantarte, comer tu comida sin que nadie te pida nada de lo que te queda poco o te gusta mucho (véase cocacola, no lo puedo evitar), y un interminable etcétera.
Pero claro, todo ying tiene su yang, y a vece la soledad da bocados. Hoy, por ejemplo, me ha dado uno sin avisar, como le gusta a la vida hacer las cosas. Me he puesto malito. Estaba en pijama viendo la tele y bicheando con el portátil, y de repente, ¡zasca!, me ha dado una tiritona. Uno, que algo entiende de esto, ata cabos y ve que el malestar tontorrón de ayer (que me hizo enroscarme y taparme como un esquimal en plena era glacial) más esta tiritona equivale a gripazo diluído -espero- por la vacuna antigripal.
Y muerde la soledad. Porque te ves eso, solo. Sin termómetro, débil, vulnerable. Como siempre en el fondo (no me refiero al termómetro), pero todo más obvio. Más evidente.
Y uno agradecería tener alguien al lado, aunque fuera para decirle que estás malo, que vaya tela, que a ver cómo curro mañana y que a ver qué coño pasa con la guardia.
Y uno se ve escribiendo en un blog.

Tiene gracia. El médico de familia con el que estoy rotando me dijo el otro día que me merecía una buena chica. En realidad tiene truco. Le había hecho un resumen de mi vida y, la verdad, sonaba a una vida interesante. Monótonona, sacrificada, algo gris y falta de brillo, pero ciertamente algo intensa y algo vivida. Y claro, como soy como soy y como de vez en cuando -no es cuestión de ser falsamente modesto- tengo frases geniales, le solté "te das cuenta de que con la vida tan interesante que he llevado me merezco una épica historia de amor?" :P
Hoy me ha dicho que tenía mala cara. Arrastraba algo de mal cuerpo desde ayer, pero el paracetamol de las siete me alivió bastante. Sí, ése del que la gente se queja cuando se lo recetas... pero ¿qué es lo que quieren? ¿Esteroides, joder? En fin, que me dijo que tenía mala cara. Que necesitaba a alguien que me diera mimos. Yo sonreí. Una broma más. Pero ahora lo rumio y pienso que hace más de once años que nadie me mima. Ya va tocando, leches.

Me he cascado un gramillo de paracetamol, y cruzo los dedos para pasar buena noche y, sobre todo, poder currar mañana. No quiero faltar a la guardia, casi siempre cuesta encontrar a alguien que te supla y bastante carga de trabajo hay para dos erreunos como para que uno falte. Intentaré ir por todos los medios.

Supongo que lo hablo contigo porque si lo hago solo puede parecer raro. En realidad no, suelo hacerlo bastante y no sueno a loco. No me sueno a loco. Claro que eso es un poco propio de un loco :P

A veces los bocados vienen así, sin esperarlo. Te ves en la cama tiritando y no se trata de que quieras a alguien calentándote ni nada de eso, sino que te ves vulnerable y poca cosa. Y el bocado... bueno, ha habido otros antes, y habrá más, qué duda cabe. De eso trata la vida.

Podría llamar a casa y desahogarme. En parte me hace sentirme triste, yo aquí quejándome cuando a unos cien kilómetros hay gente que me quiere sin reservas. Hay gente que está sola de verdad. Y me acuerdo de cuando el señor Ale me tildó de "hiperconcienciado". Demonios. No creo que lo sea. Pero sí que debería dejar de darle tantas vueltas a las cosas.
No les llamaré. Para qué preocuparles. Dejarles con el cuerpo como yo, cortado. Mi madre sería capaz de encajarse aquí. Sé de lo que hablo. Ella no viaja nunca, está hecha a no moverse ni a disfrutar en general. No ha tenido una vida fácil, precisamente. Y ahora a mí no me toca decirle que estoy malito. Me toca decirle que estoy bien, que todo va bien, que no paso frío y que como bastante. Mentiras podridas casi todas. Pero estas mentiras -creo- pueden pasar. Son de buen rollo. De las pocas de buen rollo.

Eso sí, eso de ser buena persona o intentarlo es, en ocasiones, una puta mierda.

martes, 31 de diciembre de 2013

Malditas pelis románticas

Vamos a ver. Repasemos. Son las cuatro y cuarto de la mañana, día 31 de diciembre. Estoy de vacaciones y cada vez, como es normal en mí, me acuesto más tarde. Hay cosas que no cambian. 
Me preguntaba qué peli podía ver (a veces, sólo a veces, te cansa la Xbox) y, oh intrépido, me puse una comedia romántica. Podía haber sido peor. En principio iba a ser Love Actually.
Resulta curioso, a veces he hablado con Elphaba sobre esto, o con el Sr Ale. También con algunos amigos de la infancia que no tienen blog. En cualquier caso, hablo con ellos sobre la presión social de tener pareja al llegar a cierta edad etc etc.
Es una verdad a medias, desde luego. Como casi todo. Es presión si te presiona, valga la fácil redundancia. Si no te afecta no se puede calificar de presión. Sí, empezamos la fiesta de obviedades.
Lo que resulta más curioso aún es lo que deja entrever, a saber, la cantidad de gente que te dice más o menos abiertamente lo que tienes que hacer con tu vida.
Supongo que en parte es por la forma de ser de uno, que deja hablar y escucha a los demás. Pero a veces es tal la carga que es que me hace hasta gracia. Uno podría estar viviendo en una teleserie de guiones repetidos hasta la extenuación.
A menudo los "consejos" vienen acompañados de la coletilla-prefijo "lo que tienes que hacer es..." y aquí poned cualquier cosa. Irte al extranjero, folletear por doquier, enamorarte, dejarte domar por una tia, odiar a las suegras, follarte un pollo asado. Vale, lo del pollo no. Pero tiempo al tiempo.
En serio. Imagina que estás tranquilamente en un bar, o en una boda, o en un bautizo, o en la playa. Imagina que estás tranquilo, joder. Siempre aparece alguien que te quiere "aconsejar". Porque tu vida no es perfecta. No. A tu vida le falta algo. Y no siempre es el amor. Puede ser un coche nuevo. Hacer deporte. Dejar de fumar. Ir al gimnasio. Masturbarte con apio. Vale, lo del apio no. Pero tiempo al tiempo.
Y ahora imagina, si eres de los míos, cuántas veces le has dicho a alguien "lo que tienes que hacer es...". ¿Pocas? Ajá.
Quizá un día esto se resuelva si salimos todos con pancartas con algo así como

NO ME TOQUES LOS COJONES. DÉJAME VIVIR COMO ME SALGA DE LA POLLA.
Sí. Algo sutil. Para no herir susceptibilidades. También puede usarse el término  COÑO.
O quizá tengamos que salir todos a la calle follándonos un pollo asado o masturbándonos con apio. Quién sabe.
Pero yo venía a hablar de mi libro, como dijo Umbral. Hablábamos de pelis románticas. Vamos. Ya sabéis lo que pienso de esas pelis. Creo que está por ahí escrito... un momento, ¿cuántos sois? Molaría que fuéseis muchos, pero creo que sois unos pocos elegidos. Hey, más caché para vosotros, joder. Pero un momento... ¿qué hay de lo mío? Siempre salís ganando, madafakas.
Y bueno. Al final he visto Crazy, Stupid, Love. Me ha gustado mucho. Qué coño, me ha encantado. Ryan Gossling es un jefe. Hay que admitirlo. La peli es lo que es, pero tiene algunas escenas, giros y diálogos bastante buenos. Me sorprende que no tuviera el bombo de Love Actually, mucho más pastelosa e hiperglucemiante, pero bueno, así es la ilógica del amor.
Me ha gustado por eso, porque a veces tira de tópicos y a veces los machaca. Y porque los personajes cambian, o no. Me ha gustado porque los niños no son carajotes, no en esa peli. Y yo que sé. A veces uno quiere cerrar los ojos y pensar  que eso de que te llegue alguien atractivo con buena conversa y quiera follarte mola. O que el amor existe. Porque eso dicen. 
Claro que todo es un poco sí pero no. Porque admitámoslo, con eso de ser original y currarse las entradas hay mucho ganado. Claro, si el físico acompaña un poco. 
Pero ¿qué hay de esos poetas malditos, envueltos en una nube de misterio y rehacios a enamorarse, o a tener algo?
Ni idea. Es cosa de otro post. O pollos o apios. Vete tú a saber.
 
 

lunes, 30 de septiembre de 2013

Tristezas

No sé si esto es un poema o prosa poética o artrosis poética. El caso es que llevo unos días, unos meses, unos años con cierta tristeza subclínica, de fondo, latente. Y a veces se reactiva. Yo que sé. No sé si es por ver a mis padres cada vez más mayores, o por no tener pareja (ni visos de), o por la pérdida progresiva e inexorable (y casi inevitable) de contacto con los amigos, o la sensación de hacerse mayor uno, o la alergia, el asma y la anosmia (vaya trinidad) o todo junto. O su puta madre en adobo.
Qué sé yo.
No creo que importe demasiado la causa. El caso es lo que hay.
Quizá sea también el no tener a demasiada gente con la que hablar en el día a día. No hablar de cómo sube el pan y la luz y cómo se congelan los sueldos y los sueños. No. Hablar como se puede hablar con Elphaba, o el Sr Ale, o mis colegas de Tarifa con los que se pueden tener conversaciones digamos "profundas" (no creo que lo sean, pero lo son si las comparamos con las conversas chorras de a diario).
Quizá sea la decadencia de cuanto nos rodea, la crisis de valores, de amores, la escasez de sonrisas, la demonización de los (en)soñadores.

Por otra parte, no puedo evitar sentirme culpable, porque una tristeza así, muy del primer mundo, no deja de ser una puta mierda. No hay motivo realmente. Pero ay amigo, ¿qué hago si a pesar de eso la tristeza persiste?

Podréis decirme "pues haz algo", como si yo no hiciera nada por evitar estar triste. Quizá sea cierto. Pero lo que siento es que estoy cansado de hacer cosas. Y de que no se note. Porque si estar triste es malo, o molesto, o jodido, tratar de que no se note lo es más. Y agota.

Y un día echas cuentas. De todo tipo. Cuentas de, por ejemplo, la tira de cosas que has hecho sin querer hacerlas, o sin ganas, por ti o por los demás. Y sopesas con las veces que has hecho lo que has querido, sin problemas, sin luchas, sin pelearlo. Y claro, sacas conclusiones.

Y ya está, tampoco pasa nada por estar algo triste. Haré como siempre, dejar que pase el tiempo, no darle demasiada importancia, trabajar, procurar no darle bola a estos pensamientos. Podrían parecer errores cognitivos, pero no creo que lo sean. Es una tristeza, por decirlo así, exógena.

Cosas.

Stay tuned for more happy days.

sábado, 13 de julio de 2013

I don´t need you anymore

Suele suceder que si uno está soltero de una manera u otra es percibido por la sociedad o la familia como incompleto. Como que uno, pobrecito, en realidad no está en el mundo. Pero después de unos diez años completamente solo en estos menesteres, y después de buscar el amor (ohlalá) por aquí y por allá (iba a poner por activa y por pasiva, pero como que no), oye, pues tampoco era tan necesario. 
Sí, tener pareja es lo más. Si te va bien, claro. Algunos dirán que incluso sin que te vaya especialmente bien los buenos momentos hacen que valga la pena y blablablá. Bueno, pues será así. La verdad es que no me importa mucho. Vamos, nada.
Personalmente, y puede que sea deformación médica, comparo riesgos y beneficios, y la verdad es que hasta ahora el cociente ha resultado harto desfavorable. Y no hay más.
Lo demás, esa desesperación que se intuye en algunas chicas a partir de ciertas edades, el babeo continuo de los chicos a partir de otras ciertas, el buscar a toda costa, el forzar situaciones, en definitiva el rollo Ted Mosby a mí cada vez me va menos.
Es cierto. Aún no tengo a mi gato o gata. Pero queda menos. Y ese rollo de la media naranja o la naranja entera si tiene que venir, que venga, y si no viene, pues estupendo también.
Lo que te quiero decir, querido amor, es que no te necesito más. Y espero que no suene a resentimiento. No lo es. Es tranquilidad.
Vamos, dicho de otra forma, los tiempos de comerse la cabeza ya pasaron.

martes, 22 de enero de 2013

Esfuerzos

En las películas queda bonito. Me refiero a las películas americanas, claro. En las españolas salen tetas. Cierto, no en todas. En otras salen culos, y en otras los nacionales son el terror. En casi todas los republicanos buenos y guapos, pero ¿a quién le importa? 
En América todo es distinto, tienen multitud de frases motivadoras y películas que cantan glorias a los esfuerzos de jóvenes y mayores, deportistas, maestros o policías, soldados, amas de casa o putas de casino.
Da igual.
Sin embargo, en España, no hay películas así, no se ve al joven o mayor protagonista pasándolas putas en la universidad, en el curro de camarero, o en las dos cosas. 
No.
Aquí el joven folla, eso sí. Folla, tontea, se independiza o no, folla, trabaja o es parado pero folla. Casi siempre folla.
La banda sonora en USA es épica y una loa al esfuerzo, al sacrificio. Aquí es una copla que redunda en el fornicio. Y qué malos son allí, por Dios, tan conservadores y con tantas multinacionales.
Como sabéis, los Bardem, esa saga tan guay y tan de izquierdas, viven en Cuba y visten con harapos. Oh, wait.
Iba a hablar del esfuerzo y me está saliendo un post de cine. ¿O no?
En cualquier caso, es muy cansino. No estoy escribiendo esto para que me comentéis animando, de verdad. De hecho, no quiero que lo hagáis. Estoy un poco hasta la polla de todo: de las frases motivadoras del MIR, de los simulacros hijos de puta del MIR, de los ánimos entre compañeros. Sí, hoy amanece otro día duro.
Tampoco escribo esto para que quien me lea vea el esfuerzo que hay tras una carrera como Medicina, no dudo que también lo hay cada mañana tras la barra de un bar, o a los mandos de un tren, o qué sé yo. Detrás de cada despertador a las siete de la mañana hay esfuerzo, inadvertido casi siempre.
Ni siquiera lo escribo para que veáis que la mayoría de los médicos lo son por vocación, porque no hay -y no lo hay- sueldo que justifique siete años estudiando mientras la mayoría de universitarios coetáneos se tocan las bolas. Ni siquiera para que veáis que el esfuerzo actual se perpetúa, puesto que tenemos -debemos- seguir formándonos en el futuro, en una sociedad cada vez -aunque no lo parezca- más y más científica y con nuevos conocimientos y descubrimientos casi a diario.
Ni para que comprendáis lo injusto de que tras todo este esfuerzo te lleguen listos tirando de wikipedia y google.
No.
Escribo esto porque me canso. Mucho. De muchas cosas. Me quejo, normalmente por escrito, y sigo adelante. No hay más. 
Y en España lo que veo es envidia, sexo y poca cultura de esfuerzo. Como en el cine español, que dicen que nadie quiere ver porque somos tontitos que preferimos cine americano.
Mirad, yo qué sé. Yo sólo ser que estoy cansado, harto, deseoso de que llegue el día dos de febrero y mandar los apuntes al carajo.
No sé si el post es de cine, crítica social o denuncia o nada. A veces pasan cosas así en la vida. Como quien no quiere enamorarse y va y se enamora y al final le dan por el orto.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Defensa (ridícula) del amor

Uno es romántico muy a su pesar. Uno no se levanta una mañana y se siente romántico. No. Uno se arrepiente, lucha, se resiste, se cansa, y finalmente lo asume resignado. No hay otra manera de asumir las cosas, por cierto.
Uno es romántico y no sabe muy bien por qué. Quizá porque desde pequeño le van metiendo en la cabeza que el corazón es lo importante, que amar y ser amado es lo mejor que te puede pasar en la vida, quizás el cine y sus millones de escenas hiperglucémicas.
Uno está jodido. Uno es una mierda de tío si es romántico. Admitámoslo, el amor es un invento de la industria del cine, de El Corte Inglés y su puta madre. Es un timo, una estafa.
Y sin embargo, me dicen que existe. Me comentan.
Lógicamente me estoy refiriendo al amor de toda la vida, a amar a otra persona, al amor en pareja. Por favor, no entréis en modo Coelho con eso de "enamorado de la vida", "enamorado de mi trabajo", "enamorado del amor", ejem. Se os supone cierta inteligencia. Respect.
Uno, que tira un poco de razón y de argumentos, quiere no ser romántico. No trae sino problemas. El que lo es lo sabe.
No voy a decir que es lo más importante en la vida, porque no sé si lo es. Además, para ser justos, sólo podría decir lo que es importante en MI vida. No puedo -ni quiero- hablar de la vida de los demás. Es bastante simple.

Lo que diré es que si hay algo que me querría llevar a la tumba es una vida compartida, con sus sonrisas, sus pelos en el baño, sus discusiones, sus paseos y sus glorias y miserias. Me quiero llevar noches viendo pelis y follando, y días, y todo el rollo.
Perdonad que resuma con tan poco estilo, pero ya hay confianza y creo que se me entiende.
Y el que quiera llevarse dinero, al lío. Y el que quiera otra cosa, pues perfecto.

Es algo simplón el planteamiento, pero es lo que hay. Debería haber simplificado mis argumentos hace mucho más, lo sé. Bueno, no lo sé. Lo sospecho. Me sospecho.
Y bueno, es difícil, claro.
Y nada, eso.

Dicho esto, uno se dispone a sufrir. A ver que a la chica que le gusta lo más probable es que le guste otro. Y querrá que ese otro se comporte como es uno, querrá cambiarlo. Porque quizá triunfen los malotes, pero todo cansa y al final ellas quieren -como todo el mundo- que las quieran y traten bien.
Y uno lo sabe, sabe que al final podría haber sido el elegido, quién sabe si alguna vez en alguna cabeza ocupa algún furtivo pensamiento de una hipotética vida alternativa. Quién sabe. O quizá uno no es sino nada en la memoria frágil de fríos corazones.

Tampoco es que importe demasiado.

Y uno sufre, o sabe -y asume- que es lo que le toca. Ver la peli y que al final gane el malo. Porque en esto del amor suelen ganar los malos. Al menos de momento.
Y uno sueña, porque el romántico sueña mucho, se hace muchas pajas mentales. Podríamos decir que es una especie de pajillero del amor. Y se masturba mucho. Y claro, los sueños son caros. No, pero los despertares sí. Son francamente decepcionantes. Y las pajas siempre saben a poco.

Quizá hemos amado por encima de nuestras posibilidades. Quizá han triunfado los malos, o quizá no. Aunque yo creo que sí. Y quizá esta defensa del amor es un ataque. O no. Hagan juego. Hagan sus apuestas. Amen, pero por Dios, no me sean románticos. Amén.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Modo difícil

Si lo escoges, el modo difícil de la vida digo, el de verdad, será jodido. Jodido de cojones.
Es, por ejemplo, animar a la gente cuando tú estás mal. No esperar a cambio que hagan lo propio. Y que no lo hagan. Y decepcionarte las primeras veces. Hasta aquí todo bien. Lo difícil es saber eso, y seguir siendo el mismo.
No es cuestión de vocaciones, o intereses, o creencias, que las hay -o no- y son respetables. Es cuestión de ser así, a secas.
Es cuestión de apreciar a la gente, de valorar las cosas, de sentir las cosas y a las personas.
Es jodido. De cojones.
Porque, sabiendo cómo está montado el tinglado, sabes que muy poquita gente estará a tu altura.
Y tú no se lo pides. No se trata de eso.
Se trata de que te gustaría encontrarte más a menudo a gente que se porte contigo como tú te portas con la mayoría.
Es, por ejemplo, no mentir nunca. O tratarlo. No como principio, sino como forma de ser. Gilipollas, puede. Abocada al fracaso, sin duda. Y que llueva, porque te va a llover.
Por supuesto a veces hay que mentir, obviamente. Todos lo hacemos. Pero también sabemos que hay mentiras prescindibles, que están teñidas de la suave derrota -o el triunfo- de facilitar las cosas, suavizar los golpes, minimizar las consecuencias.
Es, por ejemplo, querer mucho, mucho, a la gente. Y sentir que nunca vas a ser igual de correspondido. No me refiero a absolutamente todo el mundo, claro. No se trata de eso.
Se trata de tener la sensación de que derrochas sentimientos, si es que eso fuera posible. Incluso la certeza. Y bueno, uno es como es.
Se trata de darle el último yogur al que se comió el último yogur la última vez. Ése que no recuerda que se comió el último yogur y que te lo recordará sin dudarlo si eres tú el que lo hace. Se trata de ser consciente de que es una gilipollez discutir por un yogur pero qué cojones, no es el yogur. No se trata de eso.
Se trata de los detalles, de ser detallista en una sociedad que cada vez más simplifica lo complejo extirpando minuciosamente los detalles. La sonrisa, el afecto, la cercanía. Todo al carajo.
Es, por ejemplo, morderte la lengua por no corregir demasiado a la gente cuando habla. Es saber más, no por ser mejor o peor o más o menos (o)culto, sino por lo que sea. Es saber que esa persona a la que no estás corrigiendo te va a corregir a las primeras de cambio. Es aguantar argumentos megachuflas en las conversaciones con cara estoica. Es darte cuenta de que no vale la pena argumentar nada con esa persona y aún así tratar de hacerlo.

Lo sé. Todo esto no difiere mucho de ser gilipollas. Y en eso estoy, no lo tengo muy claro. Pero por ahora no se trata de eso.

martes, 6 de noviembre de 2012

Haciendo tiempo

De un tiempo a esta parte... espera. No sé dónde lei que no se empieza una frase o un texto con una preposición. Así que...
De un tiempo a esta parte escribo algo más. No sé muy bien por qué, porque (guiño a los que tienen problemas por qué-porque) todo sigue igual. La vida es una mierda, hay mucho que estudiar, no hay tiempo, odio estudiar, odio estar rodeado de gente que lo lleva bien, y super-odio a los que disfrutan estudiando y actúan como si día tras día el desayuno de la mañana fuera un prozac y una rayita.
De un tiempo a esta parte escribo más, leo más, oigo -si cabe- más música.
Creo que todo es desahogo. Qué va a ser, si no (guiño a los que tienen problema si no-sino) (quién sabe si me estarás leyendo).
Frente a un mundo que me gusta cada vez menos, las letras son un cobijo importante, la música es como ese cemento invisible que lo cohesiona todo. Las letras son otro mundo, otras vidas, el aparcamiento del presente.
Por supuesto, esta pesadilla del MIR pasará, claro.
Y el mundo seguirá sin gustarme. Pero escuchar a Chet Baker de fondo lo diluye todo un poco. O leer a Stephen King. O leer a secas, con un güiski en la mano si puede ser. 
De un tiempo a esta parte todo viene siendo lo mismo, pero más cansado, más aburrido, más feo. Los colores brillan menos, la lluvia que cae finamente es bonita pero no tanto, los animales me alegran pero la alegría es más pobre, más débil, más -si cabe- fútil.
Pero mientras suena Radiohead, o mientras canto canciones de LOL todo se diluye. Cada vez que me encuentro sentado cuatro horas en la biblio me animo a que me espera un trocito de lectura esa noche, un trocito -de momento- de Stephen King.

Supongo que cosas como esta me ayudan a mantener la cordura. Quién sabe. Yo cada vez sé menos. Es lo único que -de momento- tengo claro.

Sin embargo, tampoco me gusta lo que escribo. Con los poemas me pasa de todo, algunos sí y otros no, algunos sí algunos días y no otros días, y algunos no me gustan y giro la cabeza, metafóricamente hablando o no.

Pero esta cosa de admitir la debilidad de uno, o admitir que de momento todo es una puta mierda tampoco me ayuda especialmente. Por supuesto no voy a cambiar de discurso. Sobre todo porque todo me parece una puta mierda, y si hay que estudiar unas ciento y pico hojas al día mucho más.
Y esta cosa, la debilidad, o la admisión de la propia decadencia, está muy vista.
De hecho, casi todo está muy visto. Ah, qué hastío más grande.

Me conformo, mira por dónde, con no volver a hacer alusiones al (des)amor. Aunque sea lo único que importe. Lo único que no pasa de moda. Dicen. Y sobre todo, mucho más importante, con no volver a hacerme ilusiones.
Y algún día, cada vez (aunque parece mentira) más cercano, ejercer la Medicina, diagnosticar, poner y cambiar tratamientos, dar altas, llegar a casa, acariciar al gato, ponerle la comida, ver cómo pasa de mí y encender el ordenador y la tele y que Chet lo inunde todo de melancolía.
Ducharme, cenar, dejar la habitación con la penumbra del televisor, y (por fin) (mal)vivir.

lunes, 5 de noviembre de 2012

Cosas. Stuff. Cosas.

No sé quién eres realmente. No importa si me lees con asiduidad o eres nuevo por aquí. Ni si estás de paso o piensas quedarte. Ni siquiera importa que esto no te importe una puta mierda, que por otra parte, sería lo más normal. Al menos en mi escala de valores de don´t-give-a-shit.
A lo que voy.
Si eres joven, o tienes la suerte de tener cierta edad pero la juventud de querer aprender cosas, te contaré una historia que a lo mejor te interesa o no, claro.
Verás.
Ante todo, como casi siempre, una pregunta: ¿cuál es tu miedo? ¿A qué temes más? ¿De qué no eres capaz?
Tienes razón. No es una pregunta, es una serie de preguntas apareadas. Bueno, en la vida real casi siempre es así también, no te quejes tanto.
Si aún sigues por aquí te contaré una historia corta.
Una vez había un chico que tenía una gran, gran colección de miedos. Le gustaba -o más bien no podía evitar- pensar, pensarlo todo, casi todo. Pensaba en sus miedos, en los porqués de sus miedos, en su nacimiento o lugar de procedencia, en si tenían sentido o no.
Ignoraba, el pobre, que eso casi nunca importa.
Perdía el tiempo, porque los miedos siempre seguían con él. A veces incluso se hipertrofiaban, crecian y anidaban en recovecos calentitos de su alma. Se enquistaban, se enredaban y crecían y crecían sus raíces. Él no lo sabía -aunque seguía pensando, tanto que un día descubrió que siempre tenía el ceño fruncido de tanto pensar-.
Uno de esos miedos le costó caro, pero él no se dio cuenta, seguía pensando en por qué tenía que tener ese miedo, en lo injusto, en lo inoportuno que era.
Sólo manejó correctamente uno de ellos en concreto. El de hablar con extraños.
Más que miedo, pensaba, era impresión, era vergüenza. Sí, eso, vergüenza. Timidez. Siempre hay personas más extrovertidas y personas más introvertidas. Es ley de vida, se decía.
Y claro, era cierto.
Lo que pasa, y pasó, es que tuvo que hacerse algo mayor y trabajar. No le hubiera venido mal ser informático, o vigilante de seguridad de esos que trabajan por las noches, o farero incluso. Pero, por desgracia, o por suerte, tuvo que trabajar con personas.
Lo cual implicaba comunicarse, o lo que es peor, y lo era, relacionarse.
Sin embargo, a costa de tener que hacerlo -porque eso sí, no quería resultar desagradable a nadie, una cosa era ser tímido y otra bien distinta era ser un bicho raro o un saborío- se fue acostumbrando a hablar. Hablaba con sus compañeros de trabajo, hablaba con los clientes, hablaba cuando le iba bien, hablaba cuando le iba mal. 
Y tanto habló que uno de sus miedos mutó y se transformó -quería creer- en uno de sus superpoderes.
A pesar de ser tímido, y de pasarlo algo mal al principio, nunca volvió a temer hablar con extraños. Incluso aprendió a no hablar, a disfrutar del silencio, a dejar que hablara la otra persona. Conoció a gente muy interesante, o poco, o nada, pero descubrió que precisamente eso, hablar, era una de las cosas que más le gustaban en la vida.

Te cuento este rollo porque me he acordado de esa historia hoy, cuando fui a clase solo y volví solo de clase, y me di cuenta de que eso, ir solo por ahí, era una de las cosas que yo temía. No es que me cagara de miedo y llorara y todo eso, pero ya sabes, me daba cosa, mal rollito. Siempre que podía lo evitaba.
Y como el chico de la historia, fíjate, me encuentro disfrutando. De esos momentos de soledad y música -siempre, siempre con mi Ipod-. Y pienso que quizás para algunas personas dominar sus miedos gire en torno a no adelantarse a los acontecimientos, a dejar que pasen, a no pensar tanto, a dejarse llevar y ver qué pasa, a relativizar su importancia, a no guardarlos en la cabeza.
Porque algunos miedos que dejamos demasiado tiempo en la cabeza y alimentamos atribuyéndoles una importancia que sólo nosotros vemos, algunos miedos, como te digo, metastizan en el corazón y se hacen parte de ti y éso, querido lector, éso es una historia bastante más complicada, oscura y triste.
Y por suerte, no forma parte de este relato.

lunes, 22 de octubre de 2012

Vamos a jugar

Vamos a jugar a que soy / somos como vosotros
a que no me duele nada,
a que esta soledad
que da bocados y me / nos muerde el alma
no me afecta,
a que no tengo palabras,
a que soy mediocre, no listo ni tonto
sino mediocre
de esos que no se plantean nada de su vida
ni de sentimientos.

Vamos a jugar a que no ansiamos
a que no esperamos llamadas ni atardeceres,
a que no coleccionamos sonrisas
ni claro
decepciones.

Juguemos a la puta mierda de vida que lleváis
juguemos a morir y poner cara de sorpresa,
a perder
momentos increíbles sin darnos cuenta apenas
juguemos a que tenemos enquistados los tequieros.
juguemos a cómo ha podido pasarme esto
juguemos a que nada es previsible,
a quiero beber y no pensar en nada.

Vamos a jugar a perder la vida y el tiempo
a no priorizar, a
dilapidar sentimientos y emociones.

Vamos a jugar a que estamos vivos todos,
con esa cara de zombie que se te ha puesto últimamente, darling
en estos últimos (ponga aquí su edad) años.

Vamos a jugar a que somos todos iguales,
a que nada pesa, a que nada pasa,
a que exageramos, a que
tengo cicatrices como aquellos que cuentan batallitas,
ignoremos que las cicatrices de verdad callan la boca,
te amordazan y nadie lo sabe nunca,
las masticamos lentamente y
de repente, son cosa de nosotros
o peor aún de esos
que nos miran desde el espejo.

Es verdad, no somos iguales.
Vas a tener que jugar con otro, si acaso
el último asno que conozcas,
la última putita de turno
o por ejemplo
tu puta madre en adobo con tus muertos.

martes, 14 de febrero de 2012

Panta Rei

Después de tantos años sin oler uno llega a acostumbrarse. Bueno, tras ser diagnosticado -y tratado, en ello me hallo- de poliposis nasal, la cosa cambia. Quizá parte de la oscudidad se vaya. Una parte se la lleva mi futuro como médico, y otra mi olfato recuperado. Faltan cosas, desde luego, pero los cambios rápidos nunca me gustaron. Prefiero las transiciones.
Todo fluye. Nada permanece. Y sin embargo, soy y no soy el mismo. Creo que es hora de dejar atrás tanta penumbra, y abrir los ojos a la vida y a la luz.
Perder un sentido es una puta mierda. Y tengo que darme la razón, cuando las cosas comienzan a salir bien es más fácil, bastante, ser positivo.
Poco más que contaros, me encuentro bien, quiero volver a correr después de carnavales -el asma anda bastante bien controlado- y sobre todo me encuentro mejor. Más optimista, más positivo, un poco más maduro, algo más crío. Cometiendo errores, sí, pero aprendiendo de ellos más rápido. No me quejo. Voy a intentar dejar de hacerlo. Cuidaos mucho.

lunes, 23 de enero de 2012

Va por ti, chico

A veces, cuando escucho alguna canción, supongo que como nos pasa a todos, me transporto a una época exacta de mi vida. Y escuchando esta tarde-noche a Beck en Beautiful Way me he retrotraído, esa expresión, a una época en la que era un chaval que apenas tenía sueños además de enamorarse, que apenas se dignaba a aspirar a hacer otras cosas, a salir de espirales. Un chaval que quería hacer cosas, inquietísimo, al que le gustaba la pintura, la música, la fotografía, la filosofía, el arte, las letras, escribir, leer, la astronomía... y que apenas tenía acceso a nada de ello. Con una leve sospecha de "y por qué no voy a a ser genial?" y con la losa de creerse mediocre o poca cosa... víctima de un inmovilismo que lo condenaba a no hacer nunca nada. O dicho de otra forma, siempre hacía lo mismo.
Es duro tener al enemigo cerca. Demasiado cerca. O no saber quién es el enemigo. O sospecharlo. O temerlo. Y saberlo a la vez. En fin.
Ese chico que era un enfermero que saludaba a todos sus pacientes. Que hacía los avisos a domicilio a pie (con su discman y su mochila), en invierno acabando como una sopa y en verano sudando como un cerdo. Ese chico buena gente pese a tener una angustiosa sensación de locus de control externo sobre su vida. Ese que cedía una hora y media más o menos cada turno para asegurarse de que una sonda era permeable (a veces el pipí no sale ipso facto pese a estar en vejiga, sobre todo en algunos vejetes), para hacer curas a horas que venían mejor a familiares-cuidadores, o para hacer el gilipollas, para intentar tener contento a todo el mundo. Ese chaval que no sabía aún que las sonrisas cotizan a la baja, y que muy poca gente valora al que las derrocha noche y día.
Ese chaval que era, carajo, un buen chaval, un tio buena gente. Aquel chico tímido que salía feo en todas las fotos. Un tio que ahora contemplo y ante el que tengo que decir: cojones, eres complicado de cojones, pero eres un buen tipo. O al menos intentaste serlo siempre.

Así que te voy a dar las gracias, y voy a hacer públicamente lo que nunca he hecho, decirte que vales mucho, que te quiero, que no gruñas tanto, que sigas amando tan intensamente y no dejes nunca que te cambien, que sigas haciendo como haces, cogiendo lo bueno de los buenos y aprendiendo qué no hacer de los malotes. Que sigas sin callarte, que no te calles una, que seas espontáneo, que desarmes a todo el mundo con tus cosas, que sigas siendo ocurrente y polémico... bueno, intenta ser menos polémico. Y no estés tan enfadado. Aunque tengas esa sensación de timado de la vida (xD). Estás viendo que de vez en cuando los sueños se cumplen. Vas a ser médico. Vas a hacer lo que querías: no vas a cuidar, vas a curar, te vas a ganar la vida ayudando a los demás, y sin pisar cabezas. Sigue así, tio, no dejes que te cambien. No lo han conseguido en 34 añazos. Que no lo consigan en otros 34 al menos. Mantente con vida. Disfruta, disfruta sin pensar en nada ni en nadie, dedícate a ti mismo aunque te enamores como un perro. O gato... no, tú eres muy perro. Hay cosas que no pueden cambiarse. Sé buena persona. Intenta follar más. Sigue abrazando tantísimo. Sigue siendo el mismo. Cada vez te acercas más al tio que te propusiste ser. Lento, pero seguro. Sigue inexorable, sigue. No dejes que te cansen. Aguanta, que no todo son obstáculos. Descansa y sigue con la lucha. Y por qué no, quizá cambies el mundo. Por lo menos la parcelita que te ha tocado.

Y no te enfades tanto con la vida. Ya hiciste las paces, pero tienes que limar asperezas. Los dos sabemos que si te hubieran dejado habrías escogido el modo "difícil" pese a saber que lo más inteligente era escoger el de "fácil". No preguntes por qué. No llego a tanto. Te quiero. Intentaré cuidarte mejor.