martes, 15 de junio de 2010

El Mundial, por supuesto

Que a estas alturas se disputa un Mundial de fútbol todo el mundo lo sabe. Que despierta pasiones está fuera de toda duda. Pero en estos tiempos de gafapastismo está poniéndose de moda demonizar al deporte rey. Fáciles son las citas pseudointelectuales: que si pan y circo, que si el nuevo opio del pueblo. Desde el respeto hoy intentaré dejar claro que intelecto y fútbol pueden ir bastante unidos.

Hace mucho, mucho, que juego al fútbol. No hablo, por tanto de esos sujetos gorditos que hablan y hablan como si fueran entrenadores y no tocan un balón en su puta vida (oye, que también tienen derecho, pero no me refiero a ellos; por cierto, me recuerdan a muchos periolistos deportivos que hablan mucho y saben más bien poco). He disfrutado como nadie jugando al fútbol, y lo digo sin ningún tipo de complejo. He sido realmente feliz, he experimentado esa sensación que pocas veces se ha dignado a visitarme.
Como asmático la cosa ha cambiado un poco, pero lejos de amargarme (admito que al principio me dejé hacer) cada vez que juego disfruto cada minuto, cada pase, cada regate y cada chut como si fueran los últimos, y entiendo de verdad por qué muchos jugadores lloran cuando dejan de ser profesionales.

Quiero dejar claro que este deporte es mágico: que sí, que se mueven cifras amorales, criticables por supuesto, que muchos jugadores lo único que hacen es correr un poco y patear un balón, pero a veces el fútbol trasciende lo deportivo y se vuelve arte. Lo sabe quien ha visto jugar a Klinsman, Van Basten, Butragueño, Futre, Laudrup, Romario, Zidane, Iniesta, Xavi... a veces este deporte se vuelve magia.
No, no es el caso del atletismo, donde el más potente o el más resistente gana. Ni es el tenis, donde para bien o para mal estás solo. Es un deporte en el que puede ganar el más malo, cuestión de suerte o de estrategia. Porque aunque a veces no lo parece si eres listo aquí tienes mucha ventaja. Da igual si eres bajito o lento, da igual si no eres un atleta y eres flaco, el fútbol pone a todo el mundo en su sitio.

Y cada cuatro años es la fiesta del fútbol, donde países desconocidos entre sí disputan partidos insufribles o mágicos, maravillosos o desastrosos. En el Mundial pasa de todo, desde el codazo de Tasotti (porco porco porco) al maravilloso Mundial de Roger Milla con sus cuarenta y tantos tacos, o aquel otro donde un desconocido Totó Schillaci pasó a la gloria. Mundiales de Caniggia y Maradona, de Klinsman y Matheus, de robos clamorosos como el de España-Korea... cada cuatro años.

2 comentarios:

Elphaba dijo...

No creo que sea justo que digas que otros deportes no tienen ciertas cosas que atribuyes al fútbol. POr ejemplo, en los demás deportes no siempre quedan todos en las mismas posiciones que yo sepa, y en el fútbol están arriba los mismos demasiadas veces. Creo que en ese sentido todos los deportes son iguales.
Y he visto momentos épicos y emotivos en casi todos los deportes que he visto, que no son pocos (incluidos muchos momentos de mis años "Carranzeros").

Únicamente es que el fútbol es el que más te gusta, pero no tiene nada que no tengan otros muchos deportes en igual medida o incluso más, excepto la repercusión social, y no es en todas partes.

Y en lo que estoy totalmente de acuerdo es en que no tiene nada que ver el deporte del fútbol con el circo que se tiene montado a veces alrededor. Yo al menos intento no mezclarlo, porque el deporte me ha parecido siempre que puede ser precioso, y yo he vivido eso muchas veces aunque lleve años un tanto (muy) pasota, pero mucho de lo que le rodea suele hastiarme cantidad.

hamlet dijo...

Elph, mira, para jugar al fútbol no hace falta sino una pelota, que bien puede ser de trapo. Las porterías pueden ser dos piedras. yo he jugado así, en la calle, entre coches. No hace falta más. No pasa lo mismo con el tenis (cancha, red, raquetas), el baloncesto (canastas, los altos tienen mucha más ventaja), el pádel (o sea), los bolos, el fútbol americano o el rugby (tienes que ser un fuertote sí o sí), los deportes de conducción (papá y mamá me compraron el kart, o sea), atletismo (puedes correr y saltar por tu cuenta, pero sin instalaciones tú dirás), el hockey o la natación, etc, etc, etc. Es el deporte más humilde. Por eso es también el más grande. Por eso y porque alguien que corra menos, que sea menos fuerte, que sea incluso cojo (véase Garrincha) puede ganarte. Yo eso no lo suelo ver en otros deportes, la verdad. Están arriba te refieres a las ligas de fútbol, y sí, pero el Mundial es otra cosa. Siempre hay sorpresas, como la de Camerún de Roger Milla, como Nigeria, como la Bulgaria de Stoichkov o la Rumanía de Gica Hagi... es otra cosa.
Salen futbolistas de las favelas brasileiras, Maradona salió de la pobreza, Samuel Etoo de su Camerún natal, Casillas de un simple barrio, al igual que Zidane. No veo eso en otros deportes. Y por eso y mucho más digo lo que digo. Y lo mantengo.
Un beso!