Bueno. Yo no sé, no creo que Vitote sea pequeñito, si es que juega al rugby. Pero yo sí que lo soy (uno setenta y algo, cinco como mucho, 60 kg de peso cuando estoy gordito). Y vale que sí, que el fútbol no es rugby, que no hay tanto requerimiento físico, sino que es más importante tocar. Medio cierto.
Desde chico mis amigos y yo -bien lo sabéis- hemos jugado al fútbol. En invierno, en la calle. Las porterías, dos piedras. Los focos, los de los portales -cuando no estaban fundidos- y por supuesto la luna.
En verano, en la playa. Sabéis que no podemos ir sin balón, que nos agobiamos ante tanto tiempo sin jugar al fútbol, sin tocar la pelota. Baño-fútbol-baño-fútbol, y así hasta que cerramos la playa.
Recuerdo las comparaciones con los profesionales, como mi amigo Francis, ese portento que podía haber jugado sin problemas en algún filial de un grande, un Redondo... todavía me alegro cuando sé que va en mi equipo... verlo jugar era una mezcla de envidia sana y satisfacción, de "véis a ése? es mi amigo Francis". Jugábamos con la albiceleste, éramos niños que no sabían lo que era que su selección ganase algo. Acumulábamos decepciones... y cada competición nos encontraba roncos de animar a España una y otra vez, de sufrir y hasta llorar por la impotencia cuando jugábamos como nunca y perdíamos como siempre.
O como su hermano Antonio, que no tiene un juego tan espectacular como su él, pero que siempre está ahí, todo pundonor y calidad, buscando su sitio. Y ya, como ha crecido, no lo busca: juega bien donde se ponga. Como delantero, tiene un magnífico juego de espaldas, se revuelve como nadie. Como defensa, antes decía que era todo un italiano. Hoy puedo decir que es un auténtico Marchena, un pedazo de Puyol, un Sergio Ramos inmejorable.
Éramos un trío que físicamente no decía nada, pero que verano tras verano reventaba -y revienta-a todos los chulitos que venían a pedirnos un partidito de tres contra tres, porterías chicas. "Echamos un partido?", "Partita, partita", "Football?", "play, play...".
Yo, siempre un paso atrás, siempre más lento, buscaba mi sitio hasta que vino Laudrup a iluminarme el camino, y Kiko, y comencé a jugar en el centro del campo, por eso sé lo duro que es, lo mal que se pasa entre líneas, con delanteros y centrocampistas que te cubren, que te agobian, que no te dejan distribuir la pelota como tú querrías, y aprendí a jugar con los espacios, a abrir hueco para los demás, aprendí a compartir, a dar pases de gol, a marcar sin marcar. A marcar con las botas de Antonio y Francis, y de Lolo, del Pepe o quien fuera.
Aprendí a quererme como futbolista antes que como persona, aprendí que aunque me creyera malo venían a taparme, me hacían faltas, me cubrían, se me echaban encima. "A ése, tú presiona a ése, que no toque la pelota...". Por algo sería.
Aprendimos a tener en cuenta el factor psicológico, algunos como Antonio viven de eso hoy día... aprendimos a hacernos los torpes en la playa para atraer incautos. Aprendimos a bajarles los humos a los que jugaban en el equipo del pueblo, a los que se creían mejores, a los que no hacían otra cosa que jugar al fútbol. Cómo disfrutábamos.
Más tarde empecé a jugar con el Lolo, mi Manolo, nuestro Ronaldo particular, con sus lesiones frecuentes y su cuentitis, con sus tobillos de mantequilla y sus contracturas y mini-roturas fibrilares. Pero rápido como ninguno en la delantera, pura potencia de uno noventa. Con un disparo amenazador como nadie pueda creer. Hay que verlo en acción. Tampoco es nada malo en la defensa. Pasan los años, y los que no nos cuidamos retrasamos posiciones. Son míticos sus disparos a los largueros que mueven las porterías, y las galopadas que nos hacen vibrar, y llorar por no tener una cámara a mano.
Y con el Pepe, nuestro Ze Carlos, nuestro hispano-portugués, más español que muchos de nosotros, que también encontró su sitio antes en el campo que en la vida. El mejor defensa. El mejor. Y el que más garra le pone al juego. El defensa más contundente y limpio que he visto en mi vida, todo colorado por el esfuerzo, cada día más sofocado y más competitivo, cada día más fumador y mejor jugador, calculando al milímetro sus intervenciones. Nunca ví a nadie meter mejor la pierna ni echarse al suelo para cortar balones sin tocar al rival. Claro que a veces lo toca, pero como se dice, este es un deporte de contacto.
O Charlie, al que poníamos a jugar de chiquitín con nosotros aunque los demás se quejaran de que era muy chico y perdía balones. Pero era nuestra apuesta de futuro, nuestra cantera. Hoy es un tipo de uno noventa y pico, y juega al fútbol tan bien como al basket. Le veo y nos veo de pequeños, y siento que le enseñamos algo, aunque sea un poquito, a amar este deporte, a jugar limpio, lo bien que sabe una victoria en la que se vapulea al contrario sin tocarlo. Y como es joven, todavía mejorará un poco más, cuando los años le den más tranquilidad para jugar al toque de la que ya tiene. A veces, cumplir años es bueno en este deporte.
Hoy, en la final, están estos chavales bajitos: Xavi, Cesc, Iniesta... ese centro del campo que es el mejor de Europa por no decir que del mundo. Contra los larguiruchos tanques alemanes. Pero es una cuestión de mentalización, es más duro si son más grandes y fuertes, pero se les puede ganar, si se confía en el juego propio y se está en racha.
Nunca, o casi nunca perdemos en la playa. Esto es un hecho. Dice el Lolo que es donde mejor juego, y no sé si es cierto o no, pero sí es donde más disfruto. En la playa me crezco, soy casi invencible, y miro a mi lado y en el centro del campo está Francis, todo un seguro, y sé que si pierdo un balón él va a luchar por cortarlo, y no parará hasta que lo haya hecho, y cuando lo recupere, o subirá al ataque y yo le haré la cobertura, o me la pasará a mí y esta vez no lo perderé, esta vez le daré el pase perfecto a Antonio o al Lolo, que están desmarcados.
Cuando recibo pienso instantáneamente en las opciones: el Lolo no está solo, quizá una pared con Antonio, Charlie tiene un buen disparo, me cubre el Pepe, no esperan que se la pase a Francis...
Y sé que ellos lo van a dar todo, aunque sea una pachanga. Y los veo sudando por ellos mismos, por mí, por el equipo, por el fútbol. Y no les voy a fallar. Tal vez vi demasiados capítulos de Oliver y Benji, pero lo daré todo hasta que no pueda más. No importan los calambres, las patadas, las tarascadas, los empujones... No pararé hasta marcar, y cuando lo haga, volveré a pensar en el mejor pase, en cubrir a ese delantero, en decirle a Francis que yo creo que ése es el mejor, que le coma la moral y le quite todos los balones, y a Antonio que suba, que abajo están Francis y el Pepe, y a Charlie que busque al Lolo y se desmarque, y al Lolo que tire a puerta en cuanto pueda...
Esto, lo sé, y mucho más, es lo que sienten los once que hoy se van a partir la cara en la final, por ellos, por nosotros, por el buen fútbol. Los que hoy al final del partido mostrarán la misma cara de cansancio que mostramos nosotros cuando después de ganar vamos al agua para refrescarnos y darnos un bañito, que nos lo hemos ganado y toca descansar.
Para estar bien para el próximo partido.



5 comentarios:
También soy un loco bajito, mido lo mismo que tú, juego de talonador y los talonadores no somos grandes, somos pequeñitos pero peligrosos, nunca subestimes a un talonador con mala leche jeje. También he tenido mis tardes gloriosas con dos piedras en el pueblo soñando con marcar, yo siempre he jugado de tapón o en la banda, las ponía bastante bien por la derecha y por la izquierda caía al medio a buscar puerta. Pero de tapón sacaba la mala leche y me hacía el dueño a base de palos jeje.
A cuidarse
Ah si soy quien canta la canción, la he escrito esta mañana.
A cuidarse
Es la segunda vez que escribo esto, maldito internet...
Igual ya es tarde, o es que nunca me llamó el balón, o que nací para otra cosa, o que de portero y gracias (que en portería chica se queda en "gracias"), pero nunca he disfrutado en un partido (bueno, alguna vez que otra cuando lo paraba todo...), nunca me he divertido compitiendo con el balón en juego.
Siempre he envidiado los años que Hamlet pasó junto a sus colegas, que también son los míos ahora (es que llegué tarde), sin embargo leo esas bonitas líneas escritas por mi amigo y no deseo estar allí, junto a ellos, pujando por un balón. Trauma infantil, supongo. Otro más para el cajón.
No es que no disfrute estando junto a ellos, es que no es mi sitio. Odio ser el eslabón débil.
Hamlet, prometo entrar más en tu blog, procura hacer tú lo mismo.
Cuanto se echan de menos esas tardes de futbol, esa playa y el balón. Y cuando por fin nos hicimos "profesionales" y cambiamos las piedras por el poli aunque... siempre estaba la playa. Pobres guiris... es lo que más echo de menos de mi infancia.
P.D. Prof. Tarifus, aunque creas que no viviste la pasión por el futbol si que lo hiciste... a pequeña escala en la tienda del Pepe...
Yo...soy más bajita que tú xD
Un besazo!!
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