jueves, 11 de febrero de 2010

Mi querido Pancho

Ha querido mi memoria evocar recuerdos de hará... unos cinco, seis o siete años. Los recuerdos, que vienen cuando quieren, nos sorprenden en los momentos más inesperados. Estudiando-repasando infeccioso me topé con las recomendaciones sobre el tratamiento de la TBC. Y me acordé de Pancho, un médico que conocí mientras me abría al munco enfermeril muertecito de miedo. Eran días en los que todo te impresionaba, en los que el verde de novato era más que evidente, y bueno... no los pasé del todo bien. Pero a lo que voy.
Era simpático, muy simpático. Y canalla, algo canalla (algún día escribiré por qué los canallas tenemos encanto :P). Y sonreía mucho. Constantemente. Era raro verlo serio, y aunque algo le preocupara, acababa sonriendo... y haciendo sonreir.
Era su sonrisa una sonrisa amplia, sincera, envolvente. De las acogedoras y contagiosas. Y era buena persona.
A mi, como a él, me gusta trabajar de buen rollo. Y si puede ser haciendo un poco el ganso, mejor. Bastante pena nos rodea como para además ser serios. Y así lo hacíamos. Estábamos de broma siempre que podíamos.
Las noches de guardia nos contaba mil historietas sobre sus comienzos, como aquella vez que fue a hacer un aviso y dejó el coche aparcado en cuesta-abajo... sin frenos.
Nos regaló millones de risas y sonrisas.
Como cuando desde un extremo del Centro de Salud imitaba a un famoso loco que hubo en Cádiz y gritaba "¡Fuego!"... a lo que yo, desde el otro extremo, y con la gente alrededor, respondía "¡Bombero!"
Como cada vez que pasabas a su lado rápido porque tenías prisa y te gritaba "Cogedlo ahí!!".
Como cada vez que yo o alguien tosía mucho, y él bromeaba pidiendo una placa de tórax, una baciloscopia del esputo y un cultivo...
Quién me iba a decir a mi que años más tarde le recordaría mientras estudiaba cuarto de Medicina.
Y se murió.
Y lo echo de menos.
Y desde que murió mi tío confieso que no he tenido valor para ver ninguna de sus tumbas.
Descansa en paz, y sonríe y ríe con los ángeles, mi querido Pancho.

2 comentarios:

Elphaba dijo...

Hay que ver lo presentes que siguen estando en nosotros los recuerdos de esos momentos con la gente que nos marcó. A veces más presentes que personas realmente presentes.

hamlet dijo...

Mucho. Es cierto. Y aunque a priori no lo parezca, el poder de una frase, una sonrisa, una cara, un gesto en un momento dado nos puede acompañar de por vida.
un beso carnavalero