una lucha implacable contra lo que sea
tu jefa, el desempleo, el desengaño
la falta o la ausencia de corazones
la estupidez, la intransigencia, los atracos
a la banca o a las almas, los rincones
rotos por completo por patadas
en la boca de los ciudadanos respetables
polvo serán, más polvo enajenado.
La vida no deja de ser una ironía,
una pelea constante, un atolondrado
revolcón de problemas y de fiestas
lágrimas, injusticias y caretas, pactos
al unísono con el diablo y con la iglesia.
Y darse cuenta es sólo el principio
del fin del precipicio, por supuesto
hay que lanzarse al vacío e intentar
salir de esta batalla de rutina.
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