Ambos con cicatrices, como debe ser, pese a nuestra (más la suya que la mía) juventud. Más profundas las suyas, más calladas y mucho mejor llevadas. Tanto que aprender de una persona con tan poco tiempo en común, con tan poco contacto, intermitente, fugaz, efímero.
Corría el año 2006 cuando se pasaba por mi piso para ver a su amigo Brr y a un servidor. Pizzas, pelis, charlas, muchas charlas. Alguna vez durmió en casa, en mi cuarto, mi extraño cuarto de casa vieja en Cádiz con dos camas.
Noches de charlas interminables, de un loco premédico con un loco de esos que saben hasta latín, a pesar de no tener una carrera con la que muchos tontos se creen algo.
El Sr Ale nunca, y cuando digo nunca es nunca, hizo alarde de saber cosas. Lector empedernido, políglota por su cuenta y riesgo, parla portugués por motivos amorosos y alemán porque lleva un alemán metido dentro.
Con un hermanillo enfermo al que cuidó y mimó desde siempre, quemado, cansado, luchador. Luchador desde que lo conocí. Inteligente, culto, callado, reservado a veces y siempre confidente. Siempre dispuesto a escuchar y a ser escuchado. A veces, como tiene que ser, coincidíamos y a veces no. Siempre dialogante. Un señor.
Compartir, bella palabra esa. Compartir. Desde desahogos hasta partidas de Warhammer. Qué año más bonito el 2006.
Cuando no se sabía muy bien qué haría un tipo tan dotado como el Sr Ale con su vida, se alistó (palabra que ya casi no se usa) en el Ejército (en la Armada, como debe ser en un gaditano, qué carajo). Y su vida conoció la marcialidad, la rigidez, el honor, y algún que otro mando hijo de puta. Es inevitable. Y viajó, y claro, seguió creciendo.
Y desde Ferrol, desde la otra punta de España, se alegra sinceramente de que haya acabado la carrera. Me felicita por teléfono y me escribe desde su blog. Y puedo casi verlo, sincero, franco, con una alegría más poderosa que la mía, orgulloso. Grande. Y brinda con Franciskaner, como tiene que ser.
Y desde su tierra natal que es la mía, desde la otra punta, yo me emociono y juego con las palabras la mitad de bien de lo que lo hace él y le devuelvo el brindis. Dice que soy una lección para todos, sin saber quizá que él es mucho mejor lección que yo. Hombre que se ha buscado y creado a sí mismo donde los haya, que pelea contra el infortunio desde pequeño, que superó la ausencia de su hermanillo y hasta un accidente de tráfico (jodido Benalup) que le dejó sin coche y del que salió por suerte sólo con collarín. Qué tío el Sr Ale. Qué señor. "Tengo un amigo médico", me dijo orgulloso. Yo tengo un amigo marino, escritor, políglota, culto. Yo tengo más que él. Pero calla o lo ignora. Porque las grandes personas son así de humildes.
Salud. Qué bonito fue aquel 2006.
Gracias, Sr Ale. Es un honor ser su amigo.



2 comentarios:
La vida te brinda amigos-tesoro de esos cuando y donde menos lo esperas. De forma casual surgen relaciones improbables a primera vista, con muy poco tiempo de rodaje pero con un nivel de conexión abrumador. Personas-amigos-tesoros que pasan a ser tanto o más valiosos en tu vida que gente que lleva en ella muchos más años pero que han pasado sin demasiada pena ni gloria. La amistad no se mide en tiempo, no, aunque con suerte, las buenas amistades durarán mucho,espero que siempre como la tuya y la mía.
Esas personas que no saben lo valiosas que son, son (sois) las mejores.
No se puede expresar mejor.
Yo creo que la tuya y la mía, después de ¡¡17 años!!, durará bastante :P
Y claro, tú entras en el sois.
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