Llámenme intolerante. Llámenme exagerado. Llámenme fascista, niñato, execrable. Incluso llámenme lo que sea. Pero no me negarán que algo de lo que sigue a continuación, si no todo, está bastante cargado de razón.
Hemos llegado, ya en este blog ha sido de sobra denunciado, a una situación en que la estupidez no es que campe a sus anchas. Es que se ha comido (si alguna vez lo hubo) todo rastro de sentido común e inteligencia.
La dictadura a la que me refiero (días de tiranías estos, ajados de esperanza, amigos) es a la de los papás y las mamás (de la lingüística otro día hablaremos, o no), la de los papás y mamás zombies que por arte de magia son poseídos por el egoismo y la estupidez más recalcitrante.
Tengo vecinos. Son padres. A ver, yo he sido niño. Niño-demonio, para ser más exactos. Sospecho que de pequeño (y aún hoy día) sufrí de TDAH. Pero hoygan, a mí mi señora -y santa- madre me educó. Lo que se traduce en que sí, en efecto era un pequeño madafaka, pero una mirada de mi madre -no hablemos ya de una orden directa, con una frase que empezara con mi nombre- bastaba para que me quedara más quieto que el ojo de Espinete y más callado que un mudo amordazado.
Y esto, queridos, no pasa. Esto se acabó no sé ni cuándo ni dónde, pero no pasa. Es historia. Kaput. Finito.
Hoy día los padres educan en la inacción. Pongo un ejemplo: la niña que vive al lado me ha vuelto a despertar, hoy sábado, a las diez de la mañana.
Me dirán que exagero, que las diez de la mañana no es una mala hora, que los niños hacen ruido porque forma parte de ser niño, que tampoco es para tanto.
Y yo les diré que estaba saliente de guardia, que había dormido tres horas y que mañana tengo guardia de 24 horas. Y que los niños tienen que jugar, claro, pero sin molestar a los demás. O al menos los padres deben intentarlo.
Pero no, estos padres no hacen nada que no sea vociferar con ella en el pasillo, animándola a hacer más ruido o a corretear más por el susodicho lugar. Con el eco correspodiente.
De lo que yo me quejo no es en sí de estos hechos, sino de lo que se deduce de ellos. De la postura de superioridad moral de los padres. De esos padres y madres que se abren paso con el carrito. De esos que te dan, y no te piden disculpas, o te dan y te animan a que te quites de en medio con una mirada porque ellos, oye, llevan un carrito.
De los que te joden la película en el cine porque llevan a ver Iron Man 3 a una criatura de 3 o 4 años que no se entera de una puta mierda y, lo que es peor, hace que tú tampoco lo hagas.Y no piden disculpas. Ni sacan al niño fuera un ratito, ni se ponen colorados. Porque son tiranos. Hijos de puta y tiranos.
Porque si cambiamos el enfoque lo entenderéis. Porque esta gente es capaz de tocar a mi puerta si algun día hago algo de ruido, con la cosita de mañana trabajo, como si sólo ellos lo hicieran, o de que mi niña está dormida, como si sólo su sueño fuera respetable.
Lo peor, ya les digo, no es que me jodan la vida a veces. Lo peor es que ni siquiera se dan cuenta.



5 comentarios:
Los hay, los hay, digo que si los hay....
Por cierto, eso de "hoyga", ¿a qué juego de palabras obedece? Porque me sorprendería en ti la falta de ortografía, pero no lo pillo.
jajaja, es una forma de hablar en la red, ironizando sobre las barbaridades que se ven en los foros y demás.
Un beso!
Uf, vale, pero yo simplemente lo veo fatal ^^U.
Ya sabes, unas comillitas siempre vienen bien...
Ya sabe, doc. Si no hay justicia para el pueblo no habrá paz para el gobierno. Y luego cuando venga la guardia civil a buscarle, se tira al monte cual Humphrey Bogart en ese peliculón cuyo nombre no recuerdo. Pero antes asesino que insomne, que ud no cocina bollos.
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