Pasan los basureros
y el camión deja sombras chinescas y
mi salón en penumbra,
como las luces de neón de las pelis,
o las sirenas de la poli,
pero todo menos glamuroso
y algo más monótono y decadente.
La vida aburrida es
tan necesaria como un golpe de remo.
Lo bueno de hacerse mayor uno
es que se va equilibrando la balanza
de años/decepciones
y la tranquilidad, queridos,
es la nueva cocaína. La nueva cocaína.
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