Comienzo a recordar mi juventud, o gran parte de ella, como la época en la que tuve amigos, o al menos eso creía. A día de hoy, a veces por mi culpa y a veces por la suya, apenas cuento alguno. Y es triste. Esa sensación como de estafa, algo parecida a cuando se acaba una relación y te preguntas al pasar el tiempo si de veras alguna vez existió algo. Porque cuando algo tiene lugar, cuando algo sucede, y dura cierto tiempo, y conlleva sentimientos, creo, y digo creo, que algo permanece.
Sin embargo, son bastantes los que no piensan así, y te cae la sempiterna charla sobre el pasado: que si pasado está, que fue bonito mientras duró, que la gente cambia.
Claro que cambiamos, pero no hasta el punto de prescindir de ciertas personas. No al menos yo. Quizá esto sea lo que marque la diferencia.
El caso es que un buen día vas a llamar a tus colegas de siempre para quedar y hacer lo de siempre, y o no están o es como si no estuvieran. Lo que, lógicamente, te deja solo.
Algunos tienen curro lejos de casa, otros tienen novia, otros desaparecen porque sí, y entre una cosa y otra, no tienes a nadie. Puedes hacer dos cosas: seguir solo o, como bien dijo el filósofo, buscarte otros amigos.
Lo que pasa es que yo no busco amigos. Yo me los encuentro. No me levanto y digo "a ver a quién conozco hoy, a ver qué cosas hacemos". Porque esta actitud la considero interesada, y si a mi no me gustan los interesados, no quiero ser uno de ellos.
Así que me quedo solo. Algunos te llaman por teléfono, a algunos se les nota que todavía sienten esa conexión, pero otros, en apenas unos meses, casi son desconocidos.
Y esto se empeora sin pareja, claro está.
La cosa es que en ocasiones me da la sensación de que todo el mundo va a lo suyo hasta límites insospechados, que apenas hay personas que sientan la amistad como un compromiso, como una lucha... y el cuerpo se acostumbra, como siempre a tomar posturas defensivas. Como con las niñas. Cada vez, el miedo es un poquito más grande. Cada vez pesan más las cicatrices.
Puede, por supuesto, que seas un hijo de puta que se lo merece, y eso conserva la lógica, y es comprensible, pero... ¿y si no lo eres? ¿por qué estás solo? ¿te equivocaste eligiendo? ¿eso es todo?
Entonces rodearse de una coraza resulta inevitable, volverte insensible, pensar siempre en ti mismo... un poco triste de nuevo. Que tu filosofía de vida se resuma en la frase de aquel genio incomprendido: "La gente vive y liga mucho y esas cosas... yo solo quiero aparcar".



4 comentarios:
Esa fase pasará, y tú pasarás de esa fase, créeme. Yo he hallado mi etapa de tranquilidad, en la que no me preocupo de eso. Es como si se te abriera la mente de pronto y tuvieras claro quién eres y quién está contigo, lo cual hace mucho más fácil seguir adelante ante cualquier decepción. A veces se lleva uno sorpresas, y no necesariamente negativas.
Sí, bueno, lo que pasa es que no es una fase. Créeme. Es el fin de un ciclo, más bien. No es una de mis visiones pesimistas de siempre. Esto es una realidad.
El problema no sule ser uno mismo, y todo lo contrario. Nos acostumbramos a un tipo de relación con la gente, y si somos de esos que tienden a formar vínculos con la gente lo pagamos a corto plazo. Pero a largo plazo acabaremos encontrando dónde encajar en todo este maldito puzzle, ya lo verás. Yo ya me he acostumbrado a que todo el mundo vaya a su rollo, por lo que he decidido crear mi propio rollo, y si los demás quieren pertenecer a mi rollo, bienvenidos. Todo es un rollo.
Por cierto, genial la frase.
A cuidarse
Totalmente de acuerdo. Me alegra ver que hay tipos más o menos como yo, al menos en este aspecto.
Un saludete ;)
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