Soñé que olía de nuevo. Soñé que, por fin, volvía a saborear lo que comía. Soñé que tenía un gato pequeñito. Y que era feliz. Que me pasaban cosas buenas, tenía gafas de sol sonreía de verdad en la playa, con una de esas sonrisas de dentrífico de anuncio.
Soñé que tenía una chica guapa al lado, que éramos cómplices. Que la vida era bonita y rodaba.
Y desperté.
Y me dí cuenta de que la realidad puede ser de una manera u otra, pero no es tan mala como a veces pensamos.
Me acordé de los dos pacientes con cáncer que aún no sabían que lo tenían, y lo sabrían ese día en que yo despertaba.



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