miércoles, 21 de mayo de 2008

El peligro de simplificar

Hoy he visto algo que me ha retrotraído en el tiempo, a mis tiempos de estudiante de mi primera carrera. Cuando se decidió el motivo a lucir en las sudaderas que se iban a vender para irnos de viaje, se decidió usar la imagen de un pequeño vampiro con la leyenda "Nunca salgo sin mi DUE", y era porque claro, era un pequeñito enfermero en la mano el que le hacía las extracciones. Sin acabar de saber por qué, nunca me gusto ese dibujo, y no fue porque no estuviera bien hecho.
Hoy, diez años más tarde (soy lento, es obvio), he caído en la causa: la simplificación de una profesión tan digna y hermosa como es la enfermería hacia las simples técnicas de siempre no hace, a mi parecer, sino daño a un colectivo que está, desde siempre, falto de valoración social, por así decirlo.
Es decir, resumir las innumerables actividades que realiza un profesional en el hecho de unas cuantas técnicas que se adquieren con más o menos práctica es algo sumamente peligroso para el porvenir de esta profesión. Obviar la estandarización de los cuidados, la atención psicológica, emocional y/o social (véase atención primaria), obviar los procedimientos específicos de cada profesional en cada servicio (que nada tienen que ver entre sí, el que los trabajó lo sabe), y ayudar a acrecentar la imagen de que un enfermerito es aquel que dispensa pastillitas a tutiplén, o lleva los papeles al médico, o -y esta es la mejor- pone inyecciones a diestro y siniestro, es algo, además de irrespetuoso, sumamente perjudicial para esta profesión milenaria. Esto hace que hablar de especialidades se torne un debate leeeeento, y que su implantación física sea un proceso leeeeento y largo. Y esto hace que la prescripción enfermera sea una entelequia. Lo puedo decir no más alto pero sí más claro: a favor (dependiendo de los medicamentos que sean, y de la formación del enfermerit@, que conocemos las escuelas privadas o peor aún, algunas públicas).

Lo digo porque, diez años más tarde, he visto una camiseta del estilo de aquellas nuestras sudaderas, y con una frase que decía: "Do not disturb, nurses working". Y adivinen el simpático dibujito: un muñequito con una inyección gigantesca persigue a otro muñequito que huye de él.

Hay que joderse. Hay cosas que se toman su tiempo. Hay cosas que van para largo. Y hay cosas, me temo, que son imposibles de cambiar, porque la parte interesada es la menos interesada.

2 comentarios:

Elphaba dijo...

Cuánta razón tienes. Para muchos es difícil de dejar el concepto de pinchaculos, incluidos algunos pocos profesionales.

Rob dijo...

Como se diría por esto lares, y acudiendo al refranero y popular: "Si es que tienes más razón que un Santo". Está claro que por desgracia hay cosas que nunca cambiarán...para nuestra desgracia, claro está.

Me ha gustado mucho esa reflexión Hamlet.

Un saludete...Rober ;-)