No de rabo, con perdón. De faltar a clase. Novillos. No los de los cuernos, con perdón. No asistir a clase. Hoy he perdido una poco interesantísima clase de organogénesis. Me remito al Langman. Ese libro.
Faltar a clase siempre tuvo un efecto ambivalente hacia mi ya ambivalente persona. Por un lado, lo negativo de faltar, ser malo, perder el hilo en clase y cosas así. Por el otro, aprovechar el momento haciendo algo interesante, con alguien interesante. O no haciendo nada, contigo mismo, que también es muy interesante.
Faltar a clase. Afuera todo un mundo, en el aula todo son bostezos. Quién me mandaría a mí meterme en universidades y demás, con lo bien que se está afuera. Haciendo cuentas, es mi octavo año como universitario. Parece mentira.
Qué tendrá de bueno, de adictivo el conocimiento, para que después de tanto tiempo una rabona sea tan sólo una anécdota.
Que, para más inri, deja poco a la escritura.
lunes, 19 de mayo de 2008
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