martes, 6 de mayo de 2008

Sancho, con la Iglesia hemos topado

Sostiene el arzobispo Emérito de Pamplona que la muerte de Jesús fue digna, aunque murió sin cuidados paliativos (sic). Anima a los hombres a encontrar la dignidad con la que afrontar la muerte (sic). Desde el profundo respeto que me produce la Iglesia Católica, admito que me quedo sin palabras ante estas declaraciones tan funestas e impresentables. Identificar sufrimiento con dignidad, aunque sea de pasada, creer que lo que glorifica a los mártires es el sufrimiento (cuando es en realidad el sacrificio y la capacidad de perdonar, que va de la mano del amor, a mi entender. NOTA: si eres teólogo, por favor, no me repliques… sé que podéis demostrar que una rana es pecaminosa o que un pecado puede ser una tortilla) y darle una importancia capital a la hora de la muerte para evitar los cuidados paliativos (o la eutanasia) es enfermizo, intolerante y sobre todo cruel. Si yo pudiese estar en el Gólgota y tuviese una jeringuilla con mórfico me daría tortas y me comería a la chusma judía vociferante y a todas las legiones del César por darle un poco de alivio a Jesús.
Lo que tiene que hacer el señor obispo es morir como él elija o como crea que Dios ha elegido que muera. Tanto da. Pero que tenga dos dedos de frente y no influya a personas creyentes que piensan que todo lo que sale de la boca de un obispo va, nunca mejor dicho, a misa. La sola idea de que pueda haber gente que haya hecho caso a esta gilipollez y haya muerto entre crujir de dientes y suspiros me da náuseas.
Si nos produce desagrado ver sufrir a un animal, qué no nos va a producir ver a una persona que se muere entre dolores. A todo el que ha visto irse a un ser querido sabe que lo último que se desea es que sufra. Que duerma, que descanse, que no sufra. Que pasen los estertores, que sea como un sueño, que se quede dormido, que no sufra, por Dios, que no sufra. Que sea una despedida, un hasta luego, un telonazo como diría Gala. Pero que no sufra.
Si de verdad la Iglesia fuera Iglesia, le metería un puro a individuos como este. Aunque quizá me equivoco y haya pedido disculpas, o se haya retractado. Todos cometemos errores. Hasta los buenos como el arzobispo.
Si no es así, si sigue pensando esa barbaridad, pues bueno, que le den. Si la Iglesia fuera Iglesia de verdad, se preocuparía tan solo de procurar que el amor al prójimo fuera la pandemia del siglo XXI, en lugar de buscar enfrentamiento y dar órdenes o mandamientos más o menos camuflados, más o menos velados. Lleva siglos interviniendo en los destinos de los hombres, y parece que ha olvidado que son sus almas lo que importa, no sus cuerpos. Y que no importen teológicamente hablando no conlleva el que no importen. Ese desprecio de lo físico, ese ninguneo de las sensaciones, de los sentimientos, la ha llevado, en parte, a donde está.
Depende de los que mantienen en su puesto a individuos como este obispo que tenga otro rumbo o que continúe por esta senda tan diferente al cristianismo. A menudo las peores palabras vienen de individuos despreciables camuflados con ciertos ropajes y/o ciertas voces más o menos almibaradas y aflautadas.
http://www.elpais.com/articulo/sociedad/arzobispo/Pamplona/defiende/dignidad/muerte/Cristo/tuvo/cuidados/paliativos/elpepusoc/20080321elpepusoc_3/Tes

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