jueves, 15 de mayo de 2008

Mellon Collie

Salgo a la calle. El viento me ayuda a despertar, y el frío hace que me caigan lagrimillas de los ojos. El día es triste y desapacible, ventoso, nublado. Frío. Como mi corazón.
Espero el bus. Veo a la gente que camina peleando contra el viento. Las chicas despeinadas, los chicos pensando en sus cosas. Ninguna persona mayor. Mejor para ellos, pienso. No está la mañana para paseos.
Tico el bonobús. Eso que ningún político usa. Nadie habla. Escucho mi música, pero hoy no me anima. Afuera el mar está agitado, y el viento azota por igual las olas y la arena. La playa, fuente de toda vida y diversión en verano, dista hoy mucho de esa imagen. Hoy es un erial agreste, furioso, siseante.
Como mi alma.
En clase nada nuevo. Cojo apuntes, escucho cosas que ya sé, y otras que olvidaré en minutos. Compañeros de clase que se hablan sin hablarse, personas que pasan de puntillas por las vidas de otras personas. Sea. Hoy no cambiaré el mundo.
Biblioteca. Apuntes, libros, bolígrafos. Gente que estudia o lo intenta. Susurros. Afuera hace frío y ventea. Y poco más.
Vuelvo a coger el bus. El conductor parece ausente, distraído, como en otra parte, como en otra vida, como si todo fuera un sueño. Como mis ojos.
Tico y me siento. En frente tengo el mar, que parece gritar enfurecido. Pero en silencio. Grita como yo. Por dentro. Está tan sólo que se ha rodeado de extraños. La peor soledad, pienso, es la que te hace estar a solas contigo. O mejor dicho, la que te hace estar solo sin ti, a pesar de ti, estar contigo pero sin estarlo. Menuda papeleta. La peor soledad es aquella en la que te resultas desconocido, y estás contigo, pero no sabes quién eres. Luego estás acompañado de un extraño. Del peor de los extraños, del que sabes algo, que eres tú, y nada más. Es una soledad incómoda. Muy incómoda. Como una desazón. Como mi cabeza.
Y me ducho. La ducha hoy no me acoge, el agua no me acaricia como otras noches. La toalla resulta especialmente áspera, dura, incierta, seca… como mis sueños.
Me voy a la cama. Hoy no estudiaré nada. Mejor mañana, como hago siempre.
Quizá mañana todo cambie, quizá el día no sea tan frío. Quizá sea la última vez que piense cosas de este estilo. Hoy el día es mejor olvidarlo. Pasarlo. Borrarlo. Dormirlo, entre suaves almohadones de cotidianidad mortecina.
Hoy ha sido un día triste y melancólico, vacío. Como mi vida.

1 comentario:

Elphaba dijo...

Fíjate que yo a veces prefiero una buena toalla áspera que seque bien a una excesivamente suave y con "mieo al agua", como dice Manu.
Un besazo, exagerao, que el día no ha sido tan chungo ;-)