Podría escribir sobre quinto. Escribir, por ejemplo, nos llueven los exámenes durante todo el año, no aprendemos casi nada y no paramos de estudiar. Que querría tener una vida. Podría escribir cosas como esas.
Pero me temo que el blog empiece a ser aburrido. Monótono. Claro que por otra parte es normal que así sea, estudiar Medicina es lo que tiene. Ojo, que escribo Medicina con mayúscula, aunque cada vez me tira más escribirla con minúscula. Porque queridos amigos, la universidad suele ser un engaño. Por supuesto, sólo puedo hablar por lo que conozco, esto es, la de Cádiz y la UNED. Y bueno, se estudia, algo (algo) se aprende, y poco más.
Conozco aunténticos cenutrios con título universitario. Y se creen que saben muchas cosas y que son hasta importantes.
Casi dos carreras y media me avalan, y la verdad, esto apesta. Incultura, aprendizajes de memorieta, compadreo y enchufes, amiguismo, y lo que es peor: inquietud cero. Este es a mi modo de ver el universitario de hoy.
Puede que penséis que estoy siendo injusto, quizá así sea. Quizá no.
Bah, don´t make me talk, picha.
Cuando era pequeño tenía el ideal de la Universidad con mayúsculas, ese sitio cuasi sacrosanto donde el conocimiento (y la inquietud, la sed de conocimiento) rebosaba por cada esquina, por cada poro.
Como decimos por aquí, un mojón pa mi.
Así que si algún estirado premediquillo o mediquillo me está leyendo o me lee o le comentan algo de este post, que se mire seriamente sus adentros y haga examen de conciencia. Porque nadie nace sabiendo, y nadie trepa en este país si no pisa alguna cabeza.
Less wolves, caperucita.



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