"Defendemos el euro, maldito sea, y no a un amor, a un proyecto o a un propósito claro. A mí me interesa la vida y estamos malviviendo" (Antonio Gala)
Defiendo el amor, qué otra cosa si no,
el amor, con miserias y con glorias.
No me quedan argumentos,
que tengo cicatrices por doquier,
Dios lo sabe, y lágrimas
que sequé hace mucho por gilipolleces.
Defiendo el amor. No sé hacer otra cosa,
pero
es difícil, se siente uno solo
como una especie de alien, un apestado,
entre tanta jungla de dinero y posesiones,
posiciones, suposiciones,
oposiciones, supositorios.
Defiendo el amor. No puedo no hacerlo,
pero la gente no entiende,
no entiende,
que no hay vida sin amor,
no la hay, será otra cosa. Distinta, diferente:
otra.
El amor. El de la madre al hijo,
a la tierra. Amor a unas llaves, a una puerta,
amor a un perro, a un gato.
Amor irremediable, irreverente, limpio y sucio.
Amor al sexo, a los achuchones en camas y casapuertas,
a los abrazos y a las lenguas.
Amar a una compañera, vida mía,
es lo único que llevo esperando
todo este tiempo. Desheredado.



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