Uno es romántico muy a su pesar. Uno no se levanta una mañana y se siente romántico. No. Uno se arrepiente, lucha, se resiste, se cansa, y finalmente lo asume resignado. No hay otra manera de asumir las cosas, por cierto.
Uno es romántico y no sabe muy bien por qué. Quizá porque desde pequeño le van metiendo en la cabeza que el corazón es lo importante, que amar y ser amado es lo mejor que te puede pasar en la vida, quizás el cine y sus millones de escenas hiperglucémicas.
Uno está jodido. Uno es una mierda de tío si es romántico. Admitámoslo, el amor es un invento de la industria del cine, de El Corte Inglés y su puta madre. Es un timo, una estafa.
Y sin embargo, me dicen que existe. Me comentan.
Lógicamente me estoy refiriendo al amor de toda la vida, a amar a otra persona, al amor en pareja. Por favor, no entréis en modo Coelho con eso de "enamorado de la vida", "enamorado de mi trabajo", "enamorado del amor", ejem. Se os supone cierta inteligencia. Respect.
Uno, que tira un poco de razón y de argumentos, quiere no ser romántico. No trae sino problemas. El que lo es lo sabe.
No voy a decir que es lo más importante en la vida, porque no sé si lo es. Además, para ser justos, sólo podría decir lo que es importante en MI vida. No puedo -ni quiero- hablar de la vida de los demás. Es bastante simple.
Lo que diré es que si hay algo que me querría llevar a la tumba es una vida compartida, con sus sonrisas, sus pelos en el baño, sus discusiones, sus paseos y sus glorias y miserias. Me quiero llevar noches viendo pelis y follando, y días, y todo el rollo.
Perdonad que resuma con tan poco estilo, pero ya hay confianza y creo que se me entiende.
Y el que quiera llevarse dinero, al lío. Y el que quiera otra cosa, pues perfecto.
Es algo simplón el planteamiento, pero es lo que hay. Debería haber simplificado mis argumentos hace mucho más, lo sé. Bueno, no lo sé. Lo sospecho. Me sospecho.
Y bueno, es difícil, claro.
Y nada, eso.
Dicho esto, uno se dispone a sufrir. A ver que a la chica que le gusta lo más probable es que le guste otro. Y querrá que ese otro se comporte como es uno, querrá cambiarlo. Porque quizá triunfen los malotes, pero todo cansa y al final ellas quieren -como todo el mundo- que las quieran y traten bien.
Y uno lo sabe, sabe que al final podría haber sido el elegido, quién sabe si alguna vez en alguna cabeza ocupa algún furtivo pensamiento de una hipotética vida alternativa. Quién sabe. O quizá uno no es sino nada en la memoria frágil de fríos corazones.
Tampoco es que importe demasiado.
Y uno sufre, o sabe -y asume- que es lo que le toca. Ver la peli y que al final gane el malo. Porque en esto del amor suelen ganar los malos. Al menos de momento.
Y uno sueña, porque el romántico sueña mucho, se hace muchas pajas mentales. Podríamos decir que es una especie de pajillero del amor. Y se masturba mucho. Y claro, los sueños son caros. No, pero los despertares sí. Son francamente decepcionantes. Y las pajas siempre saben a poco.
Quizá hemos amado por encima de nuestras posibilidades. Quizá han triunfado los malos, o quizá no. Aunque yo creo que sí. Y quizá esta defensa del amor es un ataque. O no. Hagan juego. Hagan sus apuestas. Amen, pero por Dios, no me sean románticos. Amén.



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