De un tiempo a esta parte... espera. No sé dónde lei que no se empieza una frase o un texto con una preposición. Así que...
De un tiempo a esta parte escribo algo más. No sé muy bien por qué, porque (guiño a los que tienen problemas por qué-porque) todo sigue igual. La vida es una mierda, hay mucho que estudiar, no hay tiempo, odio estudiar, odio estar rodeado de gente que lo lleva bien, y super-odio a los que disfrutan estudiando y actúan como si día tras día el desayuno de la mañana fuera un prozac y una rayita.
De un tiempo a esta parte escribo más, leo más, oigo -si cabe- más música.
Creo que todo es desahogo. Qué va a ser, si no (guiño a los que tienen problema si no-sino) (quién sabe si me estarás leyendo).
Frente a un mundo que me gusta cada vez menos, las letras son un cobijo importante, la música es como ese cemento invisible que lo cohesiona todo. Las letras son otro mundo, otras vidas, el aparcamiento del presente.
Por supuesto, esta pesadilla del MIR pasará, claro.
Y el mundo seguirá sin gustarme. Pero escuchar a Chet Baker de fondo lo diluye todo un poco. O leer a Stephen King. O leer a secas, con un güiski en la mano si puede ser.
De un tiempo a esta parte todo viene siendo lo mismo, pero más cansado, más aburrido, más feo. Los colores brillan menos, la lluvia que cae finamente es bonita pero no tanto, los animales me alegran pero la alegría es más pobre, más débil, más -si cabe- fútil.
Pero mientras suena Radiohead, o mientras canto canciones de LOL todo se diluye. Cada vez que me encuentro sentado cuatro horas en la biblio me animo a que me espera un trocito de lectura esa noche, un trocito -de momento- de Stephen King.
Supongo que cosas como esta me ayudan a mantener la cordura. Quién sabe. Yo cada vez sé menos. Es lo único que -de momento- tengo claro.
Sin embargo, tampoco me gusta lo que escribo. Con los poemas me pasa de todo, algunos sí y otros no, algunos sí algunos días y no otros días, y algunos no me gustan y giro la cabeza, metafóricamente hablando o no.
Pero esta cosa de admitir la debilidad de uno, o admitir que de momento todo es una puta mierda tampoco me ayuda especialmente. Por supuesto no voy a cambiar de discurso. Sobre todo porque todo me parece una puta mierda, y si hay que estudiar unas ciento y pico hojas al día mucho más.
Y esta cosa, la debilidad, o la admisión de la propia decadencia, está muy vista.
De hecho, casi todo está muy visto. Ah, qué hastío más grande.
Me conformo, mira por dónde, con no volver a hacer alusiones al (des)amor. Aunque sea lo único que importe. Lo único que no pasa de moda. Dicen. Y sobre todo, mucho más importante, con no volver a hacerme ilusiones.
Y algún día, cada vez (aunque parece mentira) más cercano, ejercer la Medicina, diagnosticar, poner y cambiar tratamientos, dar altas, llegar a casa, acariciar al gato, ponerle la comida, ver cómo pasa de mí y encender el ordenador y la tele y que Chet lo inunde todo de melancolía.
Ducharme, cenar, dejar la habitación con la penumbra del televisor, y (por fin) (mal)vivir.


