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martes, 8 de julio de 2014

Happy in your fuckin fuckin fuckin day

Pues es mi cumple, y no me siento especialmente contento ni feliz. Joder. Son ya ¡¡37!! ME CAGO EN LA PUTA.
Pero no te confundas. No es que no soporte el paso del tiempo. Las canas. El bajón en la líbido (si es que puede bajar). La alopecia. El leve deterioro físico. El sudor que antes no aparecía sino hasta llevar unas dos horas de deporte intenso.
Nah. Porque pese a que estoy cerca de la cuarentena, me conservo aceptablemente bien. Oh Dios. ¿Es este un momento "porque yo lo valgo"? No, en serio. No tengo sobrepeso, puedo practicar deportes a pesar de mi asma, tengo empleo (al menos casi cuatro años más) y no estoy nada mal.
Lo que me jode del paso del tiempo es todo lo que nos han robado. O lo que nos hemos dejado robar.

La adolescencia que no tuvimos. El sexo interrumpido porque no había dónde, porque te fuiste fuera y yo no tenía un duro. Las parejas que no tuvimos. Las noches que no bebimos porque estábamos tiesos. La diáspora de amigos. El paro que todo lo envolvía. La decadencia de ver pasar la vida en casa de tus padres queriendo salir de casa de tus padres. Salir al extranjero y pasarlas un poco putas. La soledad que dio bocados cuando debieron ser chupetones de amantes. EL volver a casa y a todo sigue igual. Compaginar estudios de segunda (tercera, en realidad, la segunda quedó en pause) carrera y trabajo, perdiendo los mejores años que quedaban de juventud. EL pueblo que amas pero sabes que es un puto agujero negro. Ver a la gente emigrar o estropearse. Todo eso.

sábado, 3 de mayo de 2014

Checklist de daños

El principal es, creo, la desconfianza. Anoche estuve viendo la primera temporada de Black Mirror, y me vi algo reflejado en el segundo episodio. O era el tercero? Sí, era el tercero. Os recomiendo esa serie, es británica (creo), es cortita y es muy buena. Son sólo seis episodios.
La soledad también está ahí, no la pretendida y buscada, sino la soledad de querer ser querido y no encontrar nada.
Y el desapego. El desafecto. La sensación de que por mucho que busques no vas a encontrar a nadie que encaje contigo.
De sexo no voy a hablar.
La inseguridad, el dudar de casi todo, el dudar de estar a la altura. Sobre todo es un coñazo en una profesión donde se supone que no se duda (mentira).
Y uno de los mayores, ahora que lo pienso, es la falta de iniciativa. Me encanta hacer cosas, pero me cuesta la misma vida y no sé por qué. A veces pienso que esto no es sino una depre encubierta. Otras veces pienso que necesito una sacudida vital. Otras veces pienso que son las dos cosas a la vez.

Soy un mar de daños. Algunos me los han hecho, algunos me los he hecho. No busco culpables. Quiero soluciones. Como he leído en algún blog, quiero que me cuiden, quiero que me quieran. Que me laman las heridas. Que ya está bien de peregrinajes en soledad por mis adentros.

Hoy he ido a la playa con una amiga. Estaba muy bien en biquini. Se va a Madrid a currar. Me he preguntado si era otro tren perdido. A veces tengo la sensación de que soy un chico que no hace sino ir a la estación a ver salir trenes. Me pregunto en qué momento me inocularon tantísimo miedo a enamorarme.

Después he jugado al fútbol, con algo de miedo porque ando regular del asma. Vuelvo a estar mal controlado. He fumado mucho en las guardias de puerta y no he estado corriendo. Me he cansado bastante, pero he disfrutado. He marcado dos goles y he corrido mucho, he sido feliz por una hora. Feliz con pitos. Ahora estoy en casa de mis padres recién duchado y cenado, y escribo. Me apetece dormir. Pero querría que alguna chica guapa me cogiera de la mano un rato y me besara.

El último ítem del checkist: me jode mucho ver tanta gente buena sola y tanto hijodeputa acompañado.

lunes, 28 de abril de 2014

Preguardia es mal

Uf. Qué pocas ganas. Qué círculo vicioso más vicioso. A veces tengo la sensación de que me he equivocado. No sé si de especialidad o de profesión. A mí las dos me gustan. Pero las guardias las llevo fatal. Esto es como todo, depende (muchísimo) de tu personalidad. Y en eso estamos. Si la guardia va a venir mala (como suele suceder), ¿por qué preocuparse? Y si viene buena, pues lo mismo.
Pero esto es la teoría. La práctica es otra cosa. Depende de muchos factores. Los adjuntos, los compañeros, enfermería...un buen equipo transforma una mala guardia en una buena. Y viceversa. Al final resulta que acabas suplicándole al destino que estén unos o que no estén otros.
Igual es lo de siempre, pero tengo la sensación de que tengo mala suerte para estas cosas.

En cualquier caso, siempre hago lo mismo y reconozco que es un poco infantil, pero trato de dormirme lo más tarde posible para que el día de mañana llegue lo más tarde posible :P

En fin, que tengáis el buen día que yo no voy a tener.

miércoles, 19 de marzo de 2014

FAQs

Por qué esta rutina trabajo-casa-trabajo?
Por qué trabajar por las noches a siete euros la hora?
Por qué cualquiera puede amenazarme mientras curro?
Por qué cualquiera puede faltarme al respeto?
Por qué un bombero de retén es un héroe que descansa y un sanitario de guardia es un vago que no hace nada?
Por qué no siento valorado mi trabajo?
Por qué la gente no asume que para saber Medicina debes ser médico?
Por qué tengo ganas de trabajar fuera?
Por qué me siento extraño en cualquier parte?
Por qué tanto desencanto?
Por qué mi vida sentimental no existe?
Por qué siento que la vida se me escurre entre las manos?

Es esto un poema? O qué mierda es esta?
Y por qué lo dejo por escrito?
Hasta qué punto necesitamos contar nuestras miserias?
Es la soledad, o egocentrismo?


domingo, 16 de marzo de 2014

Suddenly

El domingo iba bien. Uno de esos domingos aburridos de la muerte, con los amigos desaparecidos y sin plan, para variar. Bicheando en internet, jugando a un total war, leyendo algo. Escuchando música.
De repente me he acordado de la última guardia, la del jueves pasado. La peor hasta ahora. En la que ingresé a seis o siete personas, me peleé con los psiquiatras, llamé al oftalmólogo localizado por un desprendimiento de retina, me peleé con los hematólogos, y tuve que dejar caer a una señora amabilísima y a su hija que había que seguir estudiando la masita que le habíamos visto en el páncreas. Previa pelea con el radiólogo para que le hiciera la eco de urgencia, claro. Volví a llamar a los psiquiatras para que ingresaran a un esquizofrénico descontroladillo, y me peleé con el administrativo que me metía prisas con un abuelo que llevaba allí desde la mañana y al que finalmente dejé en observación.

Esto no viene a cuento de nada. Viene a cuento de que nos llevamos los pacientes a casa bastante a menudo. Me pregunto cuándo la vida va a decir algo del tipo de "vamos a recompensar a este chico, no va a llevarse sólo malos ratos".

Y tal.

sábado, 8 de marzo de 2014

Flash!!!!

Acabo de pensar, antes de irme a barbacoar y emborracharme... dentro de poco tendré 40!!! O M F G!!!!

No me asusta cumplir años, ni estropearme, ni morirme. Me asusta la cantidad de tiempo perdido. La cantidad de tiempo no disfrutado. La cantidad de tiempo sufrido.

Habrá que intentar que los años venideros no sean así de mierders.

En todo caso, la opción de hoy es emborracharse.  

Pd: dentro de poco es tres años y medio casi... no seas exagerado, Hamlet.

sábado, 1 de marzo de 2014

Timing

Hora de llegada a casa de mis padres: 11:00 h
Hora de explosión: 18:50 h

Teniendo en cuenta que a las doce se fueron a un bautizo y que yo he comido fuera y he vuelto a las 18:20 no está nada mal.

lunes, 24 de febrero de 2014

Mañana tengo otra semana por delante

y dos guardias. Hace tiempo que estoy pensando que no estoy contento con mi vida. Y es curioso, porque tengo empleo (al menos cuatro años y 3 meses más), tengo algo de dinerillo, tengo para mis caprichos, el asma me está respetando (al menos a doble dosis de symbicort) y las rodillas también, de momento.
Hoy le he pedido a mi padre un tranxilium. No suelo drogarme. No al menos con drogas legales. Últimamente la ansiedad me está ganando terreno. Me voy a correr, trato de no pensar demasiado, sólo fumo en las guardias de puerta.
Me pregunto si lo que me hace falta es un polvo. Ya sabéis, para desdramatizar tanta mala guardia y vida vacía.
Hoy le he pedido a mi padre un tranxilium, y me ha jodido que me pregunte que si va todo bien en el trabajo. Le agradezco su preocupación. Pero en mi escala de valores el trabajo, si bien es claramente vocacional, es lo último.
Lo que no va bien es todo lo demás, papá. Eso he ido a decirle, y las palabras se me han atragantado en la garganta.

Las guardias de puerta ya están más o menos controladas, me quedan 3 meses para ser R2 (quizá sea ansiedad anticipatoria del síndrome del busca), pero esta sensación de descontento con la vida me está pudiendo. Otras veces tuve que tirar de medicamentos una temporada y la cosa fue bien, el elemento estresante exógeno se fue diluyendo con el tiempo, como debe ser. Esta vez parece que no hay causa aparente. Desconcierta.

(Otra cosa es cómo ha sido mi vida hasta ahora, y cómo han sido mis circunstancias, que claro, marcan, y que no os voy a contar, curiosos).

El otro día en Primaria me quedé frío. Llegó una chica de mi quinta más o menos, unos 38 o así. La habían dejado el 14 de febrero, después de 10 años (yo pensé mira, por lo menos no te han dejado por teléfono, chata, y has disfrutado de 10 años de relación, o por lo menos no te han corneado). El caso es que quería YA, eso era un lunes 17, ansiolíticos y antidepresivos.

Yo pensé que era una pose un poco maricona, desde el respeto, pero bueno, cada cual maneja sus problemas y ansiedades a su modo y tal. Pero lo que pensé, sobre todo, es en la de veces que hablé con alguien con esa sensación de agobio, de no poder llenar el pecho de aire, de sentirte mal. Cuántos meses hasta decidir tomarme algo porque la verdad es que estaba mal. Y pensé en lo que se cuida la gente y lo que aguanto yo y me dije basta.

Y pensé en que la mayoría de gente que conozco ha viajado. Ha estado en París, en Londres, en Roma. Y yo he estado o currando, o ahorrando, o pasándolo regular, y sobre todo solo.

Y no, encontrar a alguien no es la solución a mis males, pero joder, quizá sea un buen parche.

Pero lo que quiero decir no es eso, sino más bien lo contrario. Yo no busco a alguien como solución a una soledad más o menos dura (estar solito tiene sus ventajas). Yo lo que quiero es no estar mal. Yo lo que quiero es empezar a vivir. Puestos a salvar vidas, creo que tengo derecho a encarrilar la mía. Ya lo dice mi futuro tatuaje: "Medice cura te ipsum".

domingo, 23 de febrero de 2014

Rescue

Me acabo de dar cuenta de que, como romántico gilipollas, llevo mucho tiempo, toda la vida, esperando que me rescaten, esperando refugiarme en una sonrisa y en una conversación inteligente-picante con happy ending. Pero la vida no es así. Al menos no la mía.
Podría dedicarme a leer libros de autoayuda y convencerme de que no, de que no es que mi vida hace tiempo que es un poco mierder, sino que son mis pensamientos los que me hacen pensar eso. Pero no, amigos, una polla para los pensamientos, aquí se escribe de hechos, y se escribe con las tripas.

 Podría deciros que me planto, que paso de esperar un rescate y tal, pero me conozco, y aunque soy un desesperanzado, no acabo de perder la esperanza. En las pelis queda superbonito, pero en la vida real es muy rollo.

Lo que sí puedo deciros es que se me han acabado las bengalas.

miércoles, 8 de enero de 2014

Downtown

No tengo ganas de salir.
No me apetece quedar.
Soy carne de sofá y peliculita,
pero en bucle y sin que esto tenga visos de remedio.

No quiero hablar en especial,
no quiero hacer esfuerzos,
y todo resulta
ser
uno.

No quiero dar ni oir explicaciones,
no quiero no querer nada.

Me apetece
irme de cervezas y de charlas
con gente interesante, sonreir
de nuevo por dentro como hace
años que no hago.
Llueve en los corazones y hace frío
no hay novedad en eso, pero
quizá sea que me hago viejo
el peso de los años, esas cosas,
o
tal vez
simplemente estoy harto de todo.
Tengo ganas de hacer
un petate y largarme
lejos, bien lejos
de mí mismo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Tristezas

No sé si esto es un poema o prosa poética o artrosis poética. El caso es que llevo unos días, unos meses, unos años con cierta tristeza subclínica, de fondo, latente. Y a veces se reactiva. Yo que sé. No sé si es por ver a mis padres cada vez más mayores, o por no tener pareja (ni visos de), o por la pérdida progresiva e inexorable (y casi inevitable) de contacto con los amigos, o la sensación de hacerse mayor uno, o la alergia, el asma y la anosmia (vaya trinidad) o todo junto. O su puta madre en adobo.
Qué sé yo.
No creo que importe demasiado la causa. El caso es lo que hay.
Quizá sea también el no tener a demasiada gente con la que hablar en el día a día. No hablar de cómo sube el pan y la luz y cómo se congelan los sueldos y los sueños. No. Hablar como se puede hablar con Elphaba, o el Sr Ale, o mis colegas de Tarifa con los que se pueden tener conversaciones digamos "profundas" (no creo que lo sean, pero lo son si las comparamos con las conversas chorras de a diario).
Quizá sea la decadencia de cuanto nos rodea, la crisis de valores, de amores, la escasez de sonrisas, la demonización de los (en)soñadores.

Por otra parte, no puedo evitar sentirme culpable, porque una tristeza así, muy del primer mundo, no deja de ser una puta mierda. No hay motivo realmente. Pero ay amigo, ¿qué hago si a pesar de eso la tristeza persiste?

Podréis decirme "pues haz algo", como si yo no hiciera nada por evitar estar triste. Quizá sea cierto. Pero lo que siento es que estoy cansado de hacer cosas. Y de que no se note. Porque si estar triste es malo, o molesto, o jodido, tratar de que no se note lo es más. Y agota.

Y un día echas cuentas. De todo tipo. Cuentas de, por ejemplo, la tira de cosas que has hecho sin querer hacerlas, o sin ganas, por ti o por los demás. Y sopesas con las veces que has hecho lo que has querido, sin problemas, sin luchas, sin pelearlo. Y claro, sacas conclusiones.

Y ya está, tampoco pasa nada por estar algo triste. Haré como siempre, dejar que pase el tiempo, no darle demasiada importancia, trabajar, procurar no darle bola a estos pensamientos. Podrían parecer errores cognitivos, pero no creo que lo sean. Es una tristeza, por decirlo así, exógena.

Cosas.

Stay tuned for more happy days.

martes, 23 de julio de 2013

Querido futuro R1

Qué pocas ganas de hacer la cena, tirar la basura, ordenar la casa, limpiar la casa, fregar, y todo ese monótono etcétera que me/nos carcome. ¿De qué me sirve la genialidad si tengo que hacer las tareas domésticas? Nadie sabe lo que trabaja una madre... hasta que se convierte en una.
No, no he tenido hijos. Es una metáfora. Supongo que la habías pillado.
Qué pocas ganas de una guardia de puerta mañana. Que si el caos, que si los hiperdemandantes, que si los adjuntos quisquillosos, que si los tutores-fantasma... CONSEJO: en puerta, como en la vida, recúbrete.
Yo aconsejo el recubrimiento diario, para la lucha diaria, el día a día puro y duro, con TEFLÓN. Los que me conocéis ya habréis oído la teoría más de una vez. Que todo te resbale.
En el caso específico y algo más duro de una guardia de puerta de Urgencias, recomiendo añadir a la capa de TEFLÓN una buena capa de MESUDALAPOLLACHAVALES. No falla.

Esta es la actitud, pero no te confundas, joven erreblasto. No es que no te importe el paciente. De hecho, junto a ti, es lo único importante. Todo lo demás debe, repito, DEBE estar por debajo de vosotros. Y eso quiere decir que si se te atrasa el trabajo, hazlo lo mejor que puedas, y si aún así se atrasa, que se atrase, no estamos haciendo bollos. Si los celadores no acuden, paciencia o -una solución rápida pero poco útil para el medio-largo plazo, haz su trabajo. Si enfermería te discute un tratamiento, duda lo imprescindible. Puede que te equivoques, o puede que ellos se equivoquen. Y no me digas que no distingues entre un DUE enrollado que sabe lo que dice y uno resabiado que no tiene mucha idea. Pregunta a tu tutor. Si es un tutor-fantasma, búscalo lo justo, y acude a otros adjuntos como el que no quiere la cosa... "es que como ya he buscado tres veces al tutor y no aparece... se me amontona el trabajo".

BE WATER, MY FRIEND. Pero no en la taza del water. Todos hemos pasado por esto, o lo estamos haciendo, hay muchísimos erres mayores dispuestos a echarte una mano, y el buen personal compensa de sobra al personal hdp (de todas las categorías laborales, por si había dudas).

Nos deseo mucha suerte.

sábado, 20 de abril de 2013

El día de la erección

El día de la erección. El día de la elección es, con toda claridad, el de la erección. Del ego, claro. Malpensados.
Este día, muy americano, se caracteriza por ser -dicen- uno de los más importantes de tu vida. Luego resultará que, como todo, selectividad, primer polvo, noche de bodas, etc, no era para tanto.
Las academias entevistan a los primeros, los ganadores de este pastiche, este teatro del absurdo de elegir especialidad que es el MIR. Digo yo que si de veras les interesaran los alumnos deberían entrevistar no ya a los primeros, sino también -nótese el también, susceptibles- a todos los demás. A los dosmiles, tresmiles, cuatromiles, cincomiles. Cada uno tiene una historia y cada uno tiene algo que decir, bueno o malo, sobre esta aventura.
Pero no, plas, plas, el éxito es para los primeros, algo en parte lógico, y las vocaciones se masturban al ritmo de plástica, derma, cardio... bonitas, pero que huelen un poco a ejercicio privado y lucro. Oiga, que el lucro mola.
Y tanto, caballero.
No digo que siempre sea así. Tengo algún amigo dermatólogo, y lo sé.
Pero no me negarán que eso de "he escogido plástica porque me gustan las quirúrgicas y me parece muy amplia..." como que no cuela. Mire usted, usted y yo sabemos que puede elegir lo que le salga de la punta de la polla, y no hay comparación entre una cirugía como por ejemplo la general y plástica. Ni horas, ni esfuerzos, ni compensación.
"Pues mira, he cogido plástica para aprender en lo público y pasarme a lo privado y poner dos tetas a tres mil pavos la ubre".
Not bad.

Estoy algo así como en la zona media, en la zona medio-baja de la zona media. Y en este business conozco a gente entre los mil, dos mil y supongo que tres mil primeros. También a gente de la zona algo más baja que yo, gente que elegirá entre repetir o cambiar de planes.
Y es una putada, porque los conozco, no mucho pero sí lo suficiente, y podrían hacer cualquier especialidad.
"Como los que no conoces, capullo"
Pudiera ser que sí.

Sostienen los entendidos que la prueba, el filtro, debe hacerse. Supongo que los triunfadores, los primeros, o los que no lo son tanto pero pueden elegir lo que quieren, estarán de acuerdo.

I disagree
Why, picha mía?

Pues porque después de siete meses, siete, estudiando, no tengo sensación alguna de saber Medicina. Tengo sensación de haber desaprendido. Esto, sumado a lo que siempre me cuentan de que "te vas a enterar con las primeras guardias de puerta" me dice que este desaprendizaje es algo habitual.

Y HOYGA QUÉ PROPONE, EH DESTROYER? BUFÉ LIBRE DE ESPECIALIDADES?

Mire, no estaría mal. Pero como esto no es Jauja, no, pues ¿por qué no podría ser el MIR algo más real, más útil? ¿Por qué premiar al loro que memoriza la prevalencia de la esquizofrenia (1%, i guess) y no al que distingue un caso clínico más o menos claro u oscuro? 

MOTHER OF THE LAMB

Si la peña ya se pone cardíaca con las preguntas de casos clínicos, que no suelen llegar a la cuarentena...

HOMBRE POR FAVOR, YO ESTUDIO LO QUE HAGA FALTA, PARA PENSAR YA ESTÁN LAS INGENIERÍAS

Y sí, claro que debe haber memoria y estudio, pero un médico que no razone o que prefiera una lista de síntomas a hablar con el paciente y mirarlo y tocarlo y descifrar que le pasa... mire usted, tendrá muy buen expediente y un pedazo de mir, pero a mí que me atienda el segundo.

martes, 22 de enero de 2013

Esfuerzos

En las películas queda bonito. Me refiero a las películas americanas, claro. En las españolas salen tetas. Cierto, no en todas. En otras salen culos, y en otras los nacionales son el terror. En casi todas los republicanos buenos y guapos, pero ¿a quién le importa? 
En América todo es distinto, tienen multitud de frases motivadoras y películas que cantan glorias a los esfuerzos de jóvenes y mayores, deportistas, maestros o policías, soldados, amas de casa o putas de casino.
Da igual.
Sin embargo, en España, no hay películas así, no se ve al joven o mayor protagonista pasándolas putas en la universidad, en el curro de camarero, o en las dos cosas. 
No.
Aquí el joven folla, eso sí. Folla, tontea, se independiza o no, folla, trabaja o es parado pero folla. Casi siempre folla.
La banda sonora en USA es épica y una loa al esfuerzo, al sacrificio. Aquí es una copla que redunda en el fornicio. Y qué malos son allí, por Dios, tan conservadores y con tantas multinacionales.
Como sabéis, los Bardem, esa saga tan guay y tan de izquierdas, viven en Cuba y visten con harapos. Oh, wait.
Iba a hablar del esfuerzo y me está saliendo un post de cine. ¿O no?
En cualquier caso, es muy cansino. No estoy escribiendo esto para que me comentéis animando, de verdad. De hecho, no quiero que lo hagáis. Estoy un poco hasta la polla de todo: de las frases motivadoras del MIR, de los simulacros hijos de puta del MIR, de los ánimos entre compañeros. Sí, hoy amanece otro día duro.
Tampoco escribo esto para que quien me lea vea el esfuerzo que hay tras una carrera como Medicina, no dudo que también lo hay cada mañana tras la barra de un bar, o a los mandos de un tren, o qué sé yo. Detrás de cada despertador a las siete de la mañana hay esfuerzo, inadvertido casi siempre.
Ni siquiera lo escribo para que veáis que la mayoría de los médicos lo son por vocación, porque no hay -y no lo hay- sueldo que justifique siete años estudiando mientras la mayoría de universitarios coetáneos se tocan las bolas. Ni siquiera para que veáis que el esfuerzo actual se perpetúa, puesto que tenemos -debemos- seguir formándonos en el futuro, en una sociedad cada vez -aunque no lo parezca- más y más científica y con nuevos conocimientos y descubrimientos casi a diario.
Ni para que comprendáis lo injusto de que tras todo este esfuerzo te lleguen listos tirando de wikipedia y google.
No.
Escribo esto porque me canso. Mucho. De muchas cosas. Me quejo, normalmente por escrito, y sigo adelante. No hay más. 
Y en España lo que veo es envidia, sexo y poca cultura de esfuerzo. Como en el cine español, que dicen que nadie quiere ver porque somos tontitos que preferimos cine americano.
Mirad, yo qué sé. Yo sólo ser que estoy cansado, harto, deseoso de que llegue el día dos de febrero y mandar los apuntes al carajo.
No sé si el post es de cine, crítica social o denuncia o nada. A veces pasan cosas así en la vida. Como quien no quiere enamorarse y va y se enamora y al final le dan por el orto.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Lo que yo quiero

es fumar y beber botellines uno tras otro.
Escribir, leer, ir a la playa y que me dé el levante o el poniente en la cara.
Ver la playa chica, acercarme a la Isla.
Jugar a la Xbox, discutir con mis padres.

-hacerte un recuerdo pequeñito que no duela demasiado-

ponerme el fonendo,
darle de comer al gato,
dormirme con la tele encendida
viendo una serie
y atisbar
tener una vida, tranquila con una sombra
de serenidad-felicidad.

martes, 13 de noviembre de 2012

Mira tú qué cosas

Supongo que estáis al tanto de la actualidad, con las muertes terribles debidas a las deudas, la presión del banco, el parte del juzgado, el policia que llama a la puerta.
Tengo otra pequeña historia aburrida que contar.
Veréis, un hombre mayor, todo lo mayor que pueden resultar unos 55 o 56 años, vivía en régimen de alquiler en una casa. Era una casa grande, algo estropeada, pero muy grande, de unos ciento veinte metros cuadrados. Tenía cuatro dormitorios de distinto tamaño, y dos cuartos de baño. Hasta un aseo pequeño. El suelo era una mierda, sí, cierto, pero a cambio tenía dos terrazas, una grande que daba a un lado, a la plazoleta, y otra pequeña que cerraron, que daba a la playa. Tenía la suerte de pagar poco por ella, era uno de esos alquileres baratos.
Este hombre tenía, cosa muy natural, dos hijos. La chica era ya mayor y aunque no estaba fija se buscaba la vida. El pequeño había empezado una carrera de tres años.
Todo eso cambió el día que llegó la primera carta.
En ella, se le informaba de que debía abandonar la casa en un plazo de tiempo determinado. El hombre se quedó de piedra. ¿Dónde iba a buscar una casa? ¿Qué iba a hacer para pagar eso y la carrera del chico? ¿Cuánto tiempo tenía? 
Se organizó, habló con abogados, echó los papeles de rigor, esos papeles que todos echamos en algún momento, fotocopia compulsada de tal o cual, fotocopia del DNI, fotocopia de la fotocopia de la madre que parió a la fotocopia. Pero el tiempo pasaba, como siempre, inexorable.
Los abogados hablaban de recursos, de ganar tiempo, de que no iban a echarlo de su casa. Él pensaba que ojalá, pero no estaba seguro, y empezó a mirar casas, pisos, apartamentos. Qué precios, Dios mío. Habló con bancos. Tenía una edad algo problemática, decían. Si le daban bastante dinero tendría que pagarlo en poco tiempo. Si le daban tiempo para pagar, le prestarían poco dinero. Es lo que tiene ser un cincuentón, que no le importas a nadie, y al banco mucho menos.
En esas, entre carta, notificación y pausa terrible, pasó un año. El abuelo, enfermo de cáncer y ya por último con la cabeza ida, falleció. El chico empezó su segundo año y, cosas de la vida, perdió la beca.
Y el tiempo trajo otra notificación, y más presiones, y los abogados seguían hablando de recursos. Y de aguantar. Pero lo que no aguantaba era la salud mental del cincuentón, que era todo números, todo hipótesis, que tenía una familia a su cargo.
Hasta que un día encontró un pequeño piso, no muy lejos, bastante más pequeño. Tendrían que tirar muebles. Y trastos de cuando los chicos eran niños. Pero al menos, pensó, estaremos bajo techo, y tranquilos, sin que nadie venga a echarnos a la calle. La hipoteca, ya se vería. Al menos no era muy gorda, ya que el piso era más o menos baratito. Asequible, más bien.

No hubo notas de prensa. Nadie salió en los periódicos. Por suerte, no hubo ninguna muerte, al menos, si no contamos la del abuelo.

Ese hombre era mi padre. Vivíamos en pisos militares y según un decreto que sacó el (des)gobierno de turno, los militares en reserva (algo así como prejubilados) transitoria tenían que abandonar las casas que tenían alquiladas. Algo que, por supuesto, dijeron a posteriori.
Esa casa era la mía. En MI casa, porque la sigo considerando MI casa, murieron mis abuelos, en momentos diferentes, en cuartos diferentes. En esa plazoleta crecí desde pequeño, atropellaron a mi abuelo, me dejé dos medias paletas, me deshollé las rodillas, jugué al futbol, corrí, creci, fui feliz.
Mi padre no se había  metido en problemas económicos. Pagábamos un alquiler barato, es cierto, pero sin ir más lejos, en el Cuartel de al lado, los guardiaciviles no pagaban o pagaban menos. Ya no me acuerdo bien. Tampoco importa mucho.
Apenas salió una noticia o dos en la prensa. Los desalojos de viviendas militares no importan demasiado a la opinión pública. Tampoco las pequeñas manifestaciones.
Claro que fue injusto. Tanto más cuando algunas familias decidieron quedarse, asumir el riesgo, ser inconscientes, no cumplir la ley, llamadlo como queráis. Pero claro que fue injusto.
Y nos sentimos solos. Y nadie vino a ayudarnos. Y mi casa se quedó vacía unos cuantos años, y después la llenó gente extraña.
Y no hubo programas especiales. Nadie se emocionó con nuestra historia.

Y ahora, la gente clama que impidan los desahucios. A mí me parece bien, me parece de puta madre, pero nadie clamó por nuestro caso. Claro que éramos unos miles de familias nada más, no es como ahora, que son tantas criaturitas. Pero no nos habíamos metido en casas lujosas ni teles de plasma, vivíamos alquilados. No habíamos hecho absolutamente nada. Y nos echaron, y a nadie le importó, y nadie se enteró o, lo que es más probable, se enteraron pero a nadie le importó.
¿Cuánta gente tiene que sufrir una injusticia para que la masa reaccione?
¿Qué hace que una injusticia sea más conmovedora que otra?
¿Quién se lamenta cuando el daño no es una muerte, ni una vida en la calle, sino estrés, ansiedad, depresión, injusticia, pero se sale adelante con tesón y trabajo?
¿Quién nos devuelve el tiempo perdido, las lágrimas tragadas, los dientes rechinados?
¿Quién, a excepción de nosotros mismos, va a recordarnos?

martes, 6 de noviembre de 2012

Haciendo tiempo

De un tiempo a esta parte... espera. No sé dónde lei que no se empieza una frase o un texto con una preposición. Así que...
De un tiempo a esta parte escribo algo más. No sé muy bien por qué, porque (guiño a los que tienen problemas por qué-porque) todo sigue igual. La vida es una mierda, hay mucho que estudiar, no hay tiempo, odio estudiar, odio estar rodeado de gente que lo lleva bien, y super-odio a los que disfrutan estudiando y actúan como si día tras día el desayuno de la mañana fuera un prozac y una rayita.
De un tiempo a esta parte escribo más, leo más, oigo -si cabe- más música.
Creo que todo es desahogo. Qué va a ser, si no (guiño a los que tienen problema si no-sino) (quién sabe si me estarás leyendo).
Frente a un mundo que me gusta cada vez menos, las letras son un cobijo importante, la música es como ese cemento invisible que lo cohesiona todo. Las letras son otro mundo, otras vidas, el aparcamiento del presente.
Por supuesto, esta pesadilla del MIR pasará, claro.
Y el mundo seguirá sin gustarme. Pero escuchar a Chet Baker de fondo lo diluye todo un poco. O leer a Stephen King. O leer a secas, con un güiski en la mano si puede ser. 
De un tiempo a esta parte todo viene siendo lo mismo, pero más cansado, más aburrido, más feo. Los colores brillan menos, la lluvia que cae finamente es bonita pero no tanto, los animales me alegran pero la alegría es más pobre, más débil, más -si cabe- fútil.
Pero mientras suena Radiohead, o mientras canto canciones de LOL todo se diluye. Cada vez que me encuentro sentado cuatro horas en la biblio me animo a que me espera un trocito de lectura esa noche, un trocito -de momento- de Stephen King.

Supongo que cosas como esta me ayudan a mantener la cordura. Quién sabe. Yo cada vez sé menos. Es lo único que -de momento- tengo claro.

Sin embargo, tampoco me gusta lo que escribo. Con los poemas me pasa de todo, algunos sí y otros no, algunos sí algunos días y no otros días, y algunos no me gustan y giro la cabeza, metafóricamente hablando o no.

Pero esta cosa de admitir la debilidad de uno, o admitir que de momento todo es una puta mierda tampoco me ayuda especialmente. Por supuesto no voy a cambiar de discurso. Sobre todo porque todo me parece una puta mierda, y si hay que estudiar unas ciento y pico hojas al día mucho más.
Y esta cosa, la debilidad, o la admisión de la propia decadencia, está muy vista.
De hecho, casi todo está muy visto. Ah, qué hastío más grande.

Me conformo, mira por dónde, con no volver a hacer alusiones al (des)amor. Aunque sea lo único que importe. Lo único que no pasa de moda. Dicen. Y sobre todo, mucho más importante, con no volver a hacerme ilusiones.
Y algún día, cada vez (aunque parece mentira) más cercano, ejercer la Medicina, diagnosticar, poner y cambiar tratamientos, dar altas, llegar a casa, acariciar al gato, ponerle la comida, ver cómo pasa de mí y encender el ordenador y la tele y que Chet lo inunde todo de melancolía.
Ducharme, cenar, dejar la habitación con la penumbra del televisor, y (por fin) (mal)vivir.

sábado, 27 de octubre de 2012

El timo dentro del timo

La estafa. No el órgano. Somos una generación (me voy a presentar como portavoz, así por la cara, de mi generación, como pasa todo en este país) timada. Pero no sólo timada. Timada dos veces. Me explico.
El primero de los timazos es de sobra conocido. Cuántos cafés, cuántas tertulias, cuántas cervecitas ha supuesto y animado. Claro, quién no ha hablado nunca del timazo de "estudia y tendrás un futuro".
Dejando a un lado que el futuro per sé -qué me gusta un latinajo, qué bonito queda, oiga, por no hablar de la cursiva- no se puede poseer, no tanto porque sea intangible como por que por definición no ha ocurrido y no va a ocurrir, puesto que dejaría de ser futuro y sería presente, permitidme que me ría:
ja
ja
ja.

Todo está en los libros, menos el dinero.
Claro, cómo iban a saber nuestros padres, emigrantes furtivos de la clase baja y recién instaurados en una incómoda clase media -otro tema apasionante, el timo de la generación precedente- que el estudio no iba sino a suponer más que un remedio una enfermedad en sí, fuente de frustraciones y demás mierdas.
Porque claro, el que triunfó (entendiéndose como triunfo el que la mayoría de la gente entiende, esto es, suceso, posesiones, dinerillo, tren de vida) fue precisamente el que no estudió y se lanzó al trabajo, al oficio, a la construcción, a la fontanería... a lo que fuera menos a los libros.
Tuvimos que lidiar con las bromas de cargar con libros e ir a patita mientras los curritos (ojo, con su dinero bien currado, líbrenme Dios, Marx y el Capital) nos lanzaban miradas de superioridad desde el A3. Tuvimos que bajar la cabeza cuando nuestras madres nos contaban que el hijo de fulanito tenía una casa y seis años menos, un perro, un coche y nosotros apenas teníamos internet (yo ni siquiera eso, mi caso es otro caso, una epopeya casi). Tuvimos que empezar a soñar con un trabajo, el que fuera, mal remunerado casi siempre, y dando gracias. Tuvimos que aprender algo más, a posponer, cosa que los otros (guiño a Lost gratuito) nunca hicieron, porque -hicieron bien- vivieron lo que a nosotros nos fue negado, que es lo único que de momento podemos vivir: el presente.
Nelson, todo un visionario
 Pero el destino, cruel, inabarcable, irónico, insondable y demás tal y tal nos tenía preparada otra sorpresa: el timo dentro del timo.
 
Y es que no contentos con, por ejemplo, perder una década de mal curro en mal curro, emigrar, ser timados -de nuevo- con los másteres -no del universo, los otros, los caros e inservibles-, el mileurismo, la precariedad, etcétera... tenemos que pagar el pato.
 
Hemos vivido por encima de nuestras posiblidades, dicen. No sé los demás, pero yo no. Mi generación lo dudo, al menos los que estudiamos. Nosotros no nos hemos hipotecado, porque no teníamos ni para vivir, cómo íbamos a soñar con una casa. Nosotros no nos compramos un A3, ni un Golf, ni un León. Nosotros no hemos pedido hipotecas imposibles, no hemos amueblado nada, no nos hemos ido de restaurantes caros. Nosotros sólo hemos apostado a caballo perdedor.
No sólo eso, hemos tenido que sufrir innumerables programas de pseudotertulias en los que se nos tildaba de acomodados, de no querer abandonar la comodidad del hogar. No dudo que hubiera casos, pero no es a ellos a los que me refiero. Me refiero a los que queríamos irnos porque sabíamos que nuestros padres ya nos habían dado más que suficiente, porque queríamos ganarnos la vida, porque tocaba y porque necesitábamos comenzar a vivir.
 
Sin embargo, ahora que la crisis -que para nosotros siempre existió, o casi siempre- abarca a todo tipo de gente, TODOS tenemos que pagar el pato. Porque la gente se ha hipotecado por encima de sus posibilidades, los bancos y los políticos han robado por encima de sus posibilidades, los canis han vivido por encima de sus posibilidades.
 
Nadie se acuerda de los que siempre hemos vivido por debajo de nuestras aptitudes, por debajo de nuestra formación, por debajo de nuestras posibilidades.
Sólo a la hora de recortar sueldos, congelar extras, contratar -más si cabe- precariamente.
 
Obviamente, no descubro América. Sólo espero que si hay que esforzarse por los demás entiendan que si algunos pasamos del tema o gruñimos un poco es con toda la razón del mundo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Vamos a jugar

Vamos a jugar a que soy / somos como vosotros
a que no me duele nada,
a que esta soledad
que da bocados y me / nos muerde el alma
no me afecta,
a que no tengo palabras,
a que soy mediocre, no listo ni tonto
sino mediocre
de esos que no se plantean nada de su vida
ni de sentimientos.

Vamos a jugar a que no ansiamos
a que no esperamos llamadas ni atardeceres,
a que no coleccionamos sonrisas
ni claro
decepciones.

Juguemos a la puta mierda de vida que lleváis
juguemos a morir y poner cara de sorpresa,
a perder
momentos increíbles sin darnos cuenta apenas
juguemos a que tenemos enquistados los tequieros.
juguemos a cómo ha podido pasarme esto
juguemos a que nada es previsible,
a quiero beber y no pensar en nada.

Vamos a jugar a perder la vida y el tiempo
a no priorizar, a
dilapidar sentimientos y emociones.

Vamos a jugar a que estamos vivos todos,
con esa cara de zombie que se te ha puesto últimamente, darling
en estos últimos (ponga aquí su edad) años.

Vamos a jugar a que somos todos iguales,
a que nada pesa, a que nada pasa,
a que exageramos, a que
tengo cicatrices como aquellos que cuentan batallitas,
ignoremos que las cicatrices de verdad callan la boca,
te amordazan y nadie lo sabe nunca,
las masticamos lentamente y
de repente, son cosa de nosotros
o peor aún de esos
que nos miran desde el espejo.

Es verdad, no somos iguales.
Vas a tener que jugar con otro, si acaso
el último asno que conozcas,
la última putita de turno
o por ejemplo
tu puta madre en adobo con tus muertos.

lunes, 23 de enero de 2012

Va por ti, chico

A veces, cuando escucho alguna canción, supongo que como nos pasa a todos, me transporto a una época exacta de mi vida. Y escuchando esta tarde-noche a Beck en Beautiful Way me he retrotraído, esa expresión, a una época en la que era un chaval que apenas tenía sueños además de enamorarse, que apenas se dignaba a aspirar a hacer otras cosas, a salir de espirales. Un chaval que quería hacer cosas, inquietísimo, al que le gustaba la pintura, la música, la fotografía, la filosofía, el arte, las letras, escribir, leer, la astronomía... y que apenas tenía acceso a nada de ello. Con una leve sospecha de "y por qué no voy a a ser genial?" y con la losa de creerse mediocre o poca cosa... víctima de un inmovilismo que lo condenaba a no hacer nunca nada. O dicho de otra forma, siempre hacía lo mismo.
Es duro tener al enemigo cerca. Demasiado cerca. O no saber quién es el enemigo. O sospecharlo. O temerlo. Y saberlo a la vez. En fin.
Ese chico que era un enfermero que saludaba a todos sus pacientes. Que hacía los avisos a domicilio a pie (con su discman y su mochila), en invierno acabando como una sopa y en verano sudando como un cerdo. Ese chico buena gente pese a tener una angustiosa sensación de locus de control externo sobre su vida. Ese que cedía una hora y media más o menos cada turno para asegurarse de que una sonda era permeable (a veces el pipí no sale ipso facto pese a estar en vejiga, sobre todo en algunos vejetes), para hacer curas a horas que venían mejor a familiares-cuidadores, o para hacer el gilipollas, para intentar tener contento a todo el mundo. Ese chaval que no sabía aún que las sonrisas cotizan a la baja, y que muy poca gente valora al que las derrocha noche y día.
Ese chaval que era, carajo, un buen chaval, un tio buena gente. Aquel chico tímido que salía feo en todas las fotos. Un tio que ahora contemplo y ante el que tengo que decir: cojones, eres complicado de cojones, pero eres un buen tipo. O al menos intentaste serlo siempre.

Así que te voy a dar las gracias, y voy a hacer públicamente lo que nunca he hecho, decirte que vales mucho, que te quiero, que no gruñas tanto, que sigas amando tan intensamente y no dejes nunca que te cambien, que sigas haciendo como haces, cogiendo lo bueno de los buenos y aprendiendo qué no hacer de los malotes. Que sigas sin callarte, que no te calles una, que seas espontáneo, que desarmes a todo el mundo con tus cosas, que sigas siendo ocurrente y polémico... bueno, intenta ser menos polémico. Y no estés tan enfadado. Aunque tengas esa sensación de timado de la vida (xD). Estás viendo que de vez en cuando los sueños se cumplen. Vas a ser médico. Vas a hacer lo que querías: no vas a cuidar, vas a curar, te vas a ganar la vida ayudando a los demás, y sin pisar cabezas. Sigue así, tio, no dejes que te cambien. No lo han conseguido en 34 añazos. Que no lo consigan en otros 34 al menos. Mantente con vida. Disfruta, disfruta sin pensar en nada ni en nadie, dedícate a ti mismo aunque te enamores como un perro. O gato... no, tú eres muy perro. Hay cosas que no pueden cambiarse. Sé buena persona. Intenta follar más. Sigue abrazando tantísimo. Sigue siendo el mismo. Cada vez te acercas más al tio que te propusiste ser. Lento, pero seguro. Sigue inexorable, sigue. No dejes que te cansen. Aguanta, que no todo son obstáculos. Descansa y sigue con la lucha. Y por qué no, quizá cambies el mundo. Por lo menos la parcelita que te ha tocado.

Y no te enfades tanto con la vida. Ya hiciste las paces, pero tienes que limar asperezas. Los dos sabemos que si te hubieran dejado habrías escogido el modo "difícil" pese a saber que lo más inteligente era escoger el de "fácil". No preguntes por qué. No llego a tanto. Te quiero. Intentaré cuidarte mejor.