domingo, 16 de marzo de 2014

Suddenly

El domingo iba bien. Uno de esos domingos aburridos de la muerte, con los amigos desaparecidos y sin plan, para variar. Bicheando en internet, jugando a un total war, leyendo algo. Escuchando música.
De repente me he acordado de la última guardia, la del jueves pasado. La peor hasta ahora. En la que ingresé a seis o siete personas, me peleé con los psiquiatras, llamé al oftalmólogo localizado por un desprendimiento de retina, me peleé con los hematólogos, y tuve que dejar caer a una señora amabilísima y a su hija que había que seguir estudiando la masita que le habíamos visto en el páncreas. Previa pelea con el radiólogo para que le hiciera la eco de urgencia, claro. Volví a llamar a los psiquiatras para que ingresaran a un esquizofrénico descontroladillo, y me peleé con el administrativo que me metía prisas con un abuelo que llevaba allí desde la mañana y al que finalmente dejé en observación.

Esto no viene a cuento de nada. Viene a cuento de que nos llevamos los pacientes a casa bastante a menudo. Me pregunto cuándo la vida va a decir algo del tipo de "vamos a recompensar a este chico, no va a llevarse sólo malos ratos".

Y tal.

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